Cádiz CF

De más a menos, la línea común de los dos cursos

  • El equipo amarillo se atascó en las últimas 12 jornadas después de haber llegado a los 50 puntos

Los jugadores del Cádiz hacen piña tras perder en Granada. Los jugadores del Cádiz hacen piña tras perder en Granada.

Los jugadores del Cádiz hacen piña tras perder en Granada. / álex cámara

El itinerario que ejecutó el Cádiz en las dos temporadas completas con Álvaro Cervera como inquilino del banquillo fue calcado en dos tramos que resultaron determinantes. Uno provechoso, el de la recta final de la primera vuelta, y otro de un claro tono grisáceo, el del sprint definitivo de la segunda. Las dos veces igual: explosión de puntos del equipo mediada la campaña -en el epílogo de la primera vuelta- para ubicarse en las alturas de la tabla y vivir de las rentas, y decaimiento en los últimos encuentros una vez amarrado de manera matemática el objetivo prioritario de la permanencia en LaLiga 1|2|3.

El frenazo en la producción que sufrió el conjunto amarillo en las últimas doce jornadas del curso recién finalizado, con la continuidad en Segunda A en el bolsilllo, se tradujo en sólo 13 puntos capturados de los 36 disputados -un tercio-. Hasta 23 se dejó en la cuneta y por mucho que aguantase en los puestos altos aunque caminase con pasos cortos acabó por ser engullido por los rivales directos que no fallaron a la hora de la verdad. El balance fue de sólo dos victorias -en el campo de la Cultural Leonesa y en el estadio Carranza frente al Real Zaragoza-, siete empates -contra el Huesca, Rayo Vallecano, Almería, Sporting de Gijón, Real Valladolid, Albacete y Tenerife- y tres derrotas -ante Reus, Barcelona B y Granada-. Al final, tanto empate que a priori podría parecer útil no le sirvió para meter la cabeza en la fase de ascenso a Primera División. Faltó algún triunfo más en el momento decisivo.

Llama la atención que en la docena de capítulos finales del ejercicio 2016/17, el Cádiz firmase un recorrido casi exacto. El saldo entonces fue de un par de triunfos, ocho igualadas y dos derrotas. En total, 14 puntos -de 36-, uno más que en el torneo que acaba de terminar, y 22 que se fueron al limbo.

La diferencia entre la anterior campaña y ésta es que, pese a las dificultades para sumar, entonces le valieron los 64 puntos para acceder al play-off -como quinto clasificado- mientras los 64 de esta temporada no le dejaron ir más de la novena posición después de habitar en los puestos altos toda la segunda vuelta. La exigencia fue mucho mayor y el equipo no tuvo capacidad para superarla pese a que dependió de sí mismo hasta la última jornada y a que en la penúltima tenía agarrado el pasaporte hasta el fatídico gol del Tenerife en el minuto 92, el que a la postre resultó definitivo. Pasó de estar dentro a quedarse fuera -tras caer en Granada- para desencanto general.

Hay una coincidencia más además de la puntuación final y el errático recorrido de los últimos 12 envites. El Cádiz empezó a reducir su cosecha desde que llegó a la cifra redonda de los 50 puntos, los considerados necesarios para cumplir el objetivo primordial de la salvación. Alcanzó el medio centenar con aquel valioso triunfo en el terreno del Girona y este año con la victoria sobre el Sevilla Atlético. Los dos en la misma jornada, la trigésima. Pero en ambos casos después llegaron los problemas para seguir progresando en el campeonato. El equipo se volvió frágil, envuelto en su particular atasco, sobre todo en el último.

El retroceso coincidente de los amarillos es toda una incógnita. ¿Sucumbió a la presión externa? ¿Sufrió un bajón físico después de tanto esfuerzo? ¿Hubo conformismo? ¿Cayó en la relajación inconsciente una vez realizada la tarea encomendada por el club? Sea cual sea la razón -seguro que hay más de una-, una de las asignaturas pendientes del Cádiz de cara a la temporada venidera es llegar con la máxima fortaleza a las citas finales, cuando esté en juego la resolución de la Liga. De poco vale el trabajo desarrollado en dos tercios del torneo si en el último, cuando hay que apretar más que nunca, se viene abajo.

La pérdida de fuelle en el último tramo se convierte en el punto débil del equipo Álvaro Cervera, al que sin embargo nadie puede discutir el papel fundamental que desempeñó en el ascenso -aterrizó a tiempo en los coletazos finales del curso 2015/16 para sacar al equipo de Segunda División B- y en los dos ejercicios en la zona noble ya en la categoría de plata, con el mérito que ello conlleva.

El Tenerife sufrió un mal parecido en el curso 2013/15 de la mano del actual preparador cadista. El conjunto chicharrero se presentó a las últimas siete jornadas en una situación inmejorable -en la cuarta posición, a cuatro puntos del ascenso directo- para sacar el billete para el play-off pero se hundió con una racha pésima, perdió todos los partidos y se quedó fuera de la pelea por subir a la élite -acabó undécimo-.

La carencia que ha sufrido el Cádiz no es nueva para un entrenador que afronta el reto de dotar a su equipo de los argumentos adecuados para llegar al desenlace con la frescura suficiente para no dejarse tantos puntos por el camino. Si lo consigue, redondearía el círculo de la regularidad, que al final es de lo que se trata en un torneo tan largo.

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