cádiz cf

Un Trofeo asimétrico

  • El torneo presenta la desproporción de un presentador de prestigio frente a un cartel discreto y un primer partido de Segunda como si fuese de Liga

Aficionados hacen cola ayer en las taquillas del estadio Carranza. Aficionados hacen cola ayer en las taquillas del estadio Carranza.

Aficionados hacen cola ayer en las taquillas del estadio Carranza. / joaquín hernández kiki

Llega la semana del Trofeo Carranza, la que en su día ejercía de palanca de ilusión cuando los equipos de relumbrón que aterrizaban en Cádiz acaparaban la atención mediática de todo el globo terráqueo, cuando este rincón del sur se convertía por unos días en la capital mundial del fútbol. Era una fiesta. A nadie escapa que esos tiempos ya pasaron. No hace falta explicar que los torneos veraniegos, los que se mantienen, viven con respiración asistida por los notorios movimientos producidos en el balompié en los últimos años a nivel mundial. La competición oficial invadió el periodo estival y además los grandes son atraídos por los millones de euros que ofrecen los organizadores de bolos en Estados Unidos, China…

El Trofeo Carranza de este año no da para mucho, en la línea de decaimiento que sufre desde hace ya algún tiempo. No alcanza el grado de ridiculez de 2013, con aquel cochambroso tres en uno despachado en una sola noche por Gaucci y compañía con el Sevilla, el Atlético de Tetuán y el anfitrión. Pero agarrarse a aquella edición de infausto recuerdo y otras de carteles discretos no sirve de justificación para aceptar la de 2018 como si nada. Ha quedado un Trofeo asimétrico, como el novedoso calendario de Liga. No hay proporcionalidad entre el prestigio del presentador y el diseño de un torneo parcheado a toda prisa. Demasiado presentador para tan poca cosa. A ver cómo se las arregla José María García, que nunca deja indiferente, para resaltar las supuestas bondades de un Trofeo que se alimenta de la nostalgia a la espera de que el club se apreste a acometer de verdad una necesaria remodelación. Hablar del Carranza como el Trofeo de los Trofeos es un guiño al glorioso pasado que no ajusta para nada a la realidad del presente. Es como una resistencia a aceptar que el Trofeo está en plena decadencia, y no sólo este año.

Los cambios que tengan que producirse deberán llegar por convencimiento del club, no arrastrado por circunstancias sobrevenidas. Si el Cádiz no se atreve a afrontarlo en soledad, incluso podría crear una comisión con representación de diversos sectores (Ayuntamiento, afición, medios de comunicación…) para hallar la fórmula que mejor se adapte a los tiempos que corren. Pasar a un solo partido podría saber a poco, pero quién sabe si es la solución. Adelantar la fecha es otra posibilidad para abrir el abanico y dar cabida a invitados inéditos. Clubes ingleses, por ejemplo. Buscar patrocinadores, firmar convenios con clubes...

De momento, el presidente, Manuel Vizcaíno, se ha visto desbordado este año y el resultado es un Trofeo que destila falta de previsión, que desprende un fuerte aroma de improvisación, con un formato amorfo y el comodín salvador de un equipo sevillano, en este caso el Betis. El Trofeo abre con el partido de presentación del Cádiz ante su afición como si fuese uno más de Liga. La única diferencia es que uno es de preparación y en el resto habrá puntos en juego. El único interés es ver al equipo amarillo en casa, no el partido en sí. No es desmerecer a Las Palmas ni a ningún otro. Simplemente no es una cita a la altura del Trofeo. Es como si el Cádiz participase en el Teresa Herrera -no hay edición en 2018- estando en Segunda.

Se le echó el tiempo encima al presidente, empecinado en traer un equipo de El Salvador sin venir a cuento, como si no hubiese sido del todo suficiente el reciente homenaje a Mágico González. Y fallaron otras opciones. Al final logró meter con calzador al Betis, al que otorga el privilegio de esperar sentado a que su adversario se desgaste un día antes. El día del Eurobetis, el único que tiene garantizado la participación en la final.

En fin, el Trofeo Carranza es el que es en 2018 y, pese a todo, ver al Cádiz el viernes es un motivo más que suficiente para acudir al estadio, aunque no sea el partido que más hubiese deseado la afición. Y a rezar para que ganen los amarillos, de lo contrario la cosa no quedará bien. El Trofeo es una moneda al aire.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios