Cadiz CF

Mágico, cuando le da la gana

  • Tras muchos intentos en vano, el corazón le dio un vuelco al Mago para regresar a Cádiz y su Carranza

Malabarismos con el balón, vestido de torero en la Plaza de El Puerto. Malabarismos con el balón, vestido de torero en la Plaza de El Puerto.

Malabarismos con el balón, vestido de torero en la Plaza de El Puerto. / Fito Carreto

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Después de tantos suspiros al aire, Mágico regresó a Cádiz y al Carranza cuando le dio la gana. Al estadio llegó justo antes de la presentación de las nuevas camisetas, el jueves. Tras santiguarse ya vestido de corto, lo primero que hizo fue pellizcar el césped y murmurar: "Para mí esto es algo sagrado". Tanto, que cuando su hijo se dispuso a participar en una pachanga previa al amistoso del viernes, el Mago le advirtió: "Ni se te ocurra saltar sin las medias, será muy moderno o lo que sea, pero aquí se juega con las medias".

Apenas tocó balón veinte minutos porque le esperaba la prensa. Otras veces anteriores el club y patrocinadores varios intentaron su vuelta. Pero esta vez fue su corazón el que dio un vuelco y le pidió a su abogado que moviera los hilos con el club para volver. El presidente Vizcaíno la cazó al vuelo y viajó a El Salvador para cerrar el acuerdo. Lo llamaron 60 años de Magia, pero la unión será eterna. Jorge ha dejado su apacible vida, en San Salvador, rodeado de su mujer y cuatro de sus nueve hijos, para recordar los episodios más grandes y divertidos de su trayectoria vital en compañía de decenas de amigos a los que el fútbol ha unido para siempre. "No sé Mágico, pero nosotros volveremos más veces, ahora entendemos por qué le gustaba tanto Cádiz: el mar y el estadio tan cerquita, la gente tan cariñosa...", comentaba un amigo del salvadoreño en la Parrilla Argentina, junto al paseo marítimo, este viernes. Es difícil saber si Mágico se decidió porque la sangre tira -se volvió a ver con el hijo que vive en Chiclana- o porque necesitaba respirar el viento de levante. Lo cierto es que cumplió el sueño de miles de cadistas, que lo recibieron como al Mesías. Y conste que el domingo pasado, apenas unas horas antes de partir, llamó a su gran amigo Hugo Vaca porque le surgieron algunas dudas y por momentos flaquearon los ánimos.

Todos se quedaron fríos como el mármol tras oír su mensaje con la voz grave: "No puedo". Pero la duda es lógica para un gran tímido, máxime si tenemos presente que entre otros muchos amigos se reencontraría con su propia familia. Los genios como él, por natural, además son así. Tres días antes lo veía todo correcto, al punto de preguntarle a Vaca qué indumentaria le iría mejor para cada acto. Finalmente, entre todos le convencieron. Pero antes, un último detalle: como hizo en su anterior visita, tenía claro que visitaría a Irigoyen y Rovira en el cementerio. Pero como él mismo reflexionaba en voz alta, lo lógico era visitar primero la tumba de sus padres. A la postre no lo hizo, porque supo que su hermana se había acercado a verlos. Para Mágico, tan espiritual, tan creyente, era suficiente. Y embarcó, en el tiempo casi de descuento, pero lo hizo. Solo así se explica que el club no anunciara el partido que jugó con los veteranos, este viernes, hasta pocas horas antes del encuentro, lo que no impidió que una legión de miles de fieles siguiera sus andanzas en Carranza. "Yo solo quiero verlo tirar una falta", confesaba un aficionado. El saludo inicial con sus antiguos compañeros, entre besos, abrazos y fotos, duró casi tanto como el deseado encuentro con Dieguito, Linares, Jose González... El viaje relámpago lo trajo a Cádiz pasada la medianoches del miércoles. Y ya el jueves estaba extenuado tras asistir a distintos actos en los que despachó carisma a raudales, tan sencillo, tan callado. Desde el alcalde hasta el último gaditano que le pidió una foto, todos recibieron su sonrisa mientras confesaba estar alucinando. ¿Mago, te acuerdas de...? ¡Y vaya si se acuerda! Así, entre autógrafos y recuerdos en amarillo, se apagó la primera jornada.

Mágico juega con el tiempo como con el balón y lo detiene cuando mejor le parece: hasta las cuatro de la tarde del viernes no despertó de un largo sueño. Quedó rendido en el hotel como acostumbra, con la cabeza envuelta en una toalla hasta que el sueño le vence. Antaño, había que tirar la puerta abajo para despertarle en más de una ocasión. Hugo Vaca fue el primero en recibir señales del astro cuando le envió un guasap: "El que inicia su día en oración termina su día en bendición; qué gozo saber que Jesucristo está presente". Así dio los buenos días a todos, para a continuación disculparse ante Vizcaíno por haber dormido toda la mañana. Ya dejando entrar la luz en su habitación lanzó un pronóstico a sus amigos sobre la final del Mundial: "1-1, gana Francia 3-1 en la prórroga". El presidente del Cádiz lo recogería dos horas antes del amistoso. Pitaba el hijo de Vaca, todo quedaba en casa, el homenaje soñado estaba servido.

Mágico, tras el partido, acudió a cenar como aquellos años gloriosos, en el Baluarte de los Mártires, entre amigos, tomando una copa. El tiempo detenido ante el brillo de alguien irrepetible, que siempre jugaba igual, pero que nunca jugaba igual. El resto del fin de semana no tenía agenda y pertenece a su intimidad, aunque la leyenda, que le persigue desde que aprendió a masticar, seguirá ensanchándose por los siglos de los siglos. "Mágico, quédate, niño, ¿adónde vas a estar mejor?", le espetó una señora apoyada sobre la parada del autobús. Pero Mágico es Mágico, y ni él sabe dónde estará mañana. Si hubiese sigo alguien previsible, formal, ya saben, lo que se dice un tipo normal, no sería Mágico, capaz de hacer feliz a toda una ciudad con un balón imposible flotando en el ambiente.

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