Cádiz CF Eclosión total para pasar de jugar en Tercera a la agenda de los grandes

  • El atacante chiclanero del Cádiz no pierde su temple ni desordena su cabeza a pesar de la realidad brillante que está viviendo

Manu Vallejo, en un posado para 'Diario de Cádiz' en su Chiclana natal. Manu Vallejo, en un posado para 'Diario de Cádiz' en su Chiclana natal.

Manu Vallejo, en un posado para 'Diario de Cádiz' en su Chiclana natal. / Lourdes de Vicente

Manu Vallejo no es un jugador cualquiera. Lo demuestra con lo que se mueve a su alrededor. El atacante del Cádiz ha necesitado sólo media temporada para subir el peldaño hacia los profesionales. Lo ha hecho de la forma que resulta más llamativa. Su papel protagonista de amarillo es una delicia en la misma medida que un peligro para que vuele a cotas mayores que la que marca la visera del Ramón de Carranza. Los grandes no sólo le tienen en la agenda, sino que el descenso cual 'águila cazadora' sobre su figura se está produciendo.

El talento en Manu Vallejo se suponía como el valor en una guerra, si bien era inevitable que el verano pasado se suscitara la duda sobre su fragilidad en ese salto tan grande de Tercera a Segunda División A. Esa incógnita que ha desterrado en el Carranza y lejos del templo del cadismo con una fortaleza impropia de un canterano que acaba de abrir la puerta.

El chiclanero del Cádiz lleva galones importantes en el juego del equipo a base de ofrecerse siempre, bajar a buscar el nacimiento de la jugada, asociarse y trabajar como si fuera su última oportunidad. Cierta libertad en ataque dentro de lo preso que supone el ‘estilo Cervera’ para él y para cualquier otro compañero.

Los más de 2.000 minutos entre Liga y Copa del Rey, con casi la mitad de temporada todavía por disputar, es el envoltorio a un ‘caramelo’ fresco que cautiva más allá de la capital gaditana. Valencia, Betis y Sevilla ven en sus cualidades y en sus 21 años un reclamo que no aparece todos los días.

La cabeza de Manu no se ha desordenado ni tampoco lo permitirá Javi, su padre. Aquel delantero labrado a golpe de albero que sabe que el fútbol te eleva al cielo a la misma velocidad que te estrella contra el infierno. Ese temple es el primer mandamiento del sector futbolero de la familia Vallejo-Galván, ahora recitado más que nunca para que lo que tenga que pasar, suceda dentro de la normalidad.

Hace ocho meses recorría la Andalucía profunda del balompié para tratar de llevar al Cádiz B a un logro histórico; siempre con la cabeza baja y la honradez alta, como le han enseñado en su casa y en la Escuela del Sancti Petri, donde empezó a soñar con ser feliz a partir de los valores adquiridos desde la cuna.

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