Fútbol | Segunda División B

Cerocerismo en el San Fernando-UCAM

  • Los azulinos igualan contra un rival muy superior, por lo que el punto sabe a gloria.

Amelibia despeja el balón ante la atenta mirada de Higon y de su compañero Moisés García. Amelibia despeja el balón ante la atenta mirada de Higon y de su compañero Moisés García.

Amelibia despeja el balón ante la atenta mirada de Higon y de su compañero Moisés García. / ROMÁN RÍOS

Cuando no se puede ganar, lo mejor es no perder. Ese dicho le vino, al San Fernando, como anillo al dedo. Los isleños, ante un UCAM Murcia superior, no merecieron ganar el partido y, por lo tanto, se puede dar por bueno el empate ante un equipo murciano que contó con sus ocasiones de gol y que, por momentos, pareció tener el viento a favor para hincarle el diente a los de La Isla, que se defendieron como pudieron y sacaron la renta necesaria para continuar, una jornada más, entre los cuatro primeros clasificados, si me apuran, en segundo lugar de la tabla.

Y es que este domingo, si los isleños mostraron esa contundencia defensiva de la que ya viene haciendo gala desde que cayó derrotado en Córdoba, hace ya cuatro jornadas, lo que le permite llevar 443 minutos sin encajar un gol, también dio muestras de debilidad donde antes era imparable, es decir en la línea de ataque, esa que solventaba, en un visto y no visto, los partidos con rotundidad.

Así que la baja de Pedro Ríos, la cual se nota de manera sobresaliente, hizo que Tito García Sanjuán no diese con la tecla en sus hombres ofensivos, a pesar de que continuamente, permutaba los puestos de Perdomo, Hugo Rodríguez y Jorge García, a los que cambiaba continuamente de banda y de enganche por delante de Sandro Toscano y Raúl Palma.

Con esto, el cuadro murciano se hacía con las riendas del partidos prácticamente desde el pitido inicial y ya avisaba, a las primeras de cambio, de lo que buscaba y de lo que quería. Fueron 3 minutos lo que tardó Mayoral de sentenciar las intenciones, con un remate que se iba al limbo cuando lo fácil hubiese sido meter la bolita dentro del marco de Rubén Gálvez que, este domingo sí, tuvo trabajo extra.

Replicaban los isleños en el 7’ con un disparo de Roger Marcé, más extremo que lateral, que se fue alto y en el 14’ los isleños gozaron de su más clara oportunidad en una bonita jugada que terminó con un disparo de Sandro Toscano al que respondió Iricibar con una majestuosa intervención. Ahí se acabaron las intenciones isleñas porque quitando un remate de Francis Ferrón en el 38’, poco más en una primera mitad que, si carecía de metros finales en el remate, si parecía bonita de cara al espectador por los intentos de acometidas de ambos conjuntos, situación que desordenaba en muchos momentos el partido.

En la segunda se bajó el ritmo y, tanto desgaste y esfuerzo de la primera fueron pasando factura hasta tal punto de que los dos equipos terminaron extenuados. Pero la historia de esta segunda mitad tiene el nombre de UCAM Murcia, equipo que fue superior pero que, sin duda alguna, tiene la pólvora mojada.

Higón, en el 50 a la salida de un córner tuvo la primera clara. Y después lo intentaron desde lejos del área Chavero, Mayoral y Aketxe con el mismo resultado, el bloqueo de Rubén Gálvez.

Posiblemente el partido, pendiente de un hilo, podría haber cambiado la historia en el 75’ cuando Bruno Herrero mandó un balón interior a Hugo Rodríguez cuyo control se le fue demasiado largo para la reacción de Iricibar.

Pero no era el día de que ni unos, ni otros, marcaran. Posiblemente si este partido en vez de 180 minutos, hubiese durado 360, el resultado hubiese sido el mismo, empate a cero goles.

Los murcianos, a lo suyo, inquietaron con un balón a la base del poste de Mayoral en el 75’, mientras que ya se había reclamado el primero de los dos penalties que pudo haber en el área azulina, éste por un desplazamiento de Moisés García a Aketxe cuando se disponía a intentar el remate.

El partido continuaba rompiéndose con asiduidad, pero no se encontraba la manera de llegar con claridad a uno y otro marco, lo cual hacía presagiar lo que al final ocurría que el cerocerismo sería definitivo.

Y eso que Mayoral tuvo la enésima de la tarde-noche en un remate con márchamos de gol que, ver para creer, sacó con su cuerpo su propio compañero Aketxe. No era el día ni de unos, ni de otros.

El partido se terminaba con otra petición de penalti por un derribo dentro del área a Chavero que vio enmudecido todo el estadio menos el colegiado Patiño Álvarez y, tragando saliva, los isleños dieron por concluido un choque que, a los puntos en un combate de boxeo hubiesen perdido sí o sí, pero que en esto del fútbol te deja un punto que sabe a gloria. Y es que, cuando no se puede ganar, lo mejor es no perder y empatar.

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