Cádiz CF

¿Por dentro o por fuera?

  • Cervera demuestra que aprovechar la velocidad por el centro y las bandas son opciones compatibles

Cervera da instrucciones en el campo del Extremadura. Cervera da instrucciones en el campo del Extremadura.

Cervera da instrucciones en el campo del Extremadura.

El fútbol es un deporte de asociación, de oposición y de suma de factores, como con acertada capacidad analítica afirma Álvaro Cervera. Y es obvio que el entrenador trata de predicar con el ejemplo al incorporar a la ecuación el máximo de elementos en beneficio de su equipo. En este sentido, su pericia para darle una vuelta de tuerca esta temporada al Cádiz demuestra una capacidad camaleónica del técnico prácticamente desconocida durante los dos años y medio que lleva ocupando el banquillo del Ramón de Carranza.

Abrigado por el extraordinario y regular rendimiento que venían ofreciéndole en las últimas temporadas Álvaro García y Salvi Sánchez, lo que le permitía optar por un sistema en el que la velocidad por las bandas cimentaba gran parte del éxito ofensivo del conjunto amarillo, el traspaso al Rayo Vallecano del extremo zurdo utrerano este verano terminó condicionando sus esquemas más de lo que hubiese sido deseable. Por si fuera poco, el inicio de campaña del sanluqueño, demasiado gris hasta el pasado fin de semana, complicó más si cabe las cosas.

La capacidad de adaptación del técnico a las circunstancias se confirmó ante el Elche

Para colmo, la consistencia del centro del campo, la verdadera sala de máquinas del bloque, en donde la ocupación de espacios y el robo del balón al rival se antojan determinantes para armar las contras, se resquebrajó como un cristal roto. Posiblemente por la ausencia de Garrido, sin lugar a dudas un pilar fundamental en el dibujo cadista, el juego se resintió por más que Álex Fernández se haya desenvuelto a un altísimo nivel, el regreso de José Mari tras perderse casi toda la campaña anterior por una lesión grave supusiera el mejor fichaje posible y los refuerzos de Karim Azamoum y Edu Ramos conviertan la zona ancha en una de las mejores de la categoría.

Al comprobar semana tras semana, durante dos meses, que su tradicional apuesta no funcionaba, Cervera se vio obligado a buscar alternativas, no ya con cambio de nombres, que también, sino explorando diferentes opciones que posibilitaran a los gaditanos crear peligro y ser menos previsibles.Con Manu Vallejo en pleno crecimiento, el preparador lo mantuvo en la izquierda hasta que Jairo empezó a recuperar su mejor estado de forma, la chispa necesaria para pegarlo al costado y desplazar al canterano al centro para intentar así abrir las defensas contrarias.

Pero Cervera siguió experimentando. La siguiente prueba afectó a Álex Fernández y Ager Aketxe, al acercar a ambos a los costados para ganar con ello control y posesión en esa zona del terreno de juego, perdiendo una velocidad que, por el contrario, se incrementaba por el medio con la presencia de la dupla formada por Manu Vallejo y Jairo Izquierdo.

En un visto y no visto de apenas dos o tres partidos, el entrenador había transformado el ataque del Cádiz y los resultados empezaban a darle la razón. El triunfo copero en Zaragoza, el empate ante el Sporting de Gijón, la victoria en Lugo después de nueve jornadas sin ganar en Liga y el 2-1 al Espanyol en la ida de los dieciseisavos de final del torneo del KO rubricaban la mejoría y marcaban la línea a seguir.

Pero faltaba un partido como el del pasado domingo ante el Elche, una remontada que terminó en goleada, para confirmar la metamorfosis de este Cádiz, la capacidad del técnico para cambiar el sistema y pasar de uno a otro en el descanso. Un cuarto de hora le bastó para convencer a los suyos de que renunciando al manejo de Álex y Aketxe en pos del vértigo propuesto con Salvi y Jairo, las costuras del rival se abrirían y ahí, por dentro, Manu y su nuevo acompañante, Lekic, podrían aprovechar los huecos.

Sobre la pizarra el planteamiento era perfecto. Pero lo mejor fue que sobre el césped salió incluso mejor de lo imaginado. Sobresaliente, un impulso para la moral y convencimiento de que los dos sistemas, el ataque por fuera y por dentro, lejos de ser excluyentes parecen compatibles cuando la ocasión lo requiera.

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