Cádiz CF

Agonía en la recta final

  • Sólo en cinco de los 29 encuentros disputados por el conjunto amarillo en lo que va de temporada, el resultado parecía decidido antes de entrar en el último cuarto de hora

Machís pugna con Juan Muñoz, verdugo en la victoria del Alcorcón en Carranza, durante el partido disputado en Santo Domingo, en donde el venezolano marcó en los últimos minutos. Machís pugna con Juan Muñoz, verdugo en la victoria del Alcorcón en Carranza, durante el partido disputado en Santo Domingo, en donde el venezolano marcó en los últimos minutos.

Machís pugna con Juan Muñoz, verdugo en la victoria del Alcorcón en Carranza, durante el partido disputado en Santo Domingo, en donde el venezolano marcó en los últimos minutos.

El equilibrio de fuerzas en la Segunda División del fútbol español parece el denominador común desde que el Cádiz regresó de la mano de Álvaro Cervera hace tres temporadas. Hasta tal punto esta afirmación se antoja incontestable que en la presente campaña el equipo amarillo ha protagonizado un último cuarto de hora de infarto en 24 de los 29 partidos que ha disputado, más del 82% del total.

En efecto, la competición viene marcada por la igualdad. El transcurrir de las jornadas confirma que ningún conjunto es claro favorito y desde luego bajo ningún concepto existe enemigo pequeño. Los excesos de confianza terminan pagándose a un alto precio. En este sentido, los gaditanos han conocido este curso las dos caras de la moneda.

Para bien o para mal, sólo en cinco ocasiones la contienda alcanzó la recta final con el marcador bastante decidido. De manera negativa para los intereses del titular de la Tacita de Plata, en el duelo con el Alcorcón en la primera vuelta, en el Ramón de Carranza, cuando los madrileños solventaron la papeleta con dos tantos de Juan Muñoz antes del descanso. Aquel 0-2 no pareció peligrar en ningún momento, por lo que los últimos minutos más bien sobraron.

En cambio, en otras cuatro oportunidades el Cádiz pudo celebrar la victoria con cierta holgura, con la tranquilidad de tener los tres puntos prácticamente atados antes de entrar en ese último cuarto de hora. Así, contra el Elche en casa la recordada remontada que dio paso al 5-1 definitivo se cimentó justo a la vuelta del descanso. La espera hasta el pitido final se vivió más como una fiesta que otra cosa. En el siguiente compromiso, de nuevo como local, se despachó al Reus con relativa comodidad y al poco de arrancar el segundo tiempo todo parecía amarrado (2-0). Frente a Las Palmas, también en Carranza, el 2-0 del primer periodo se consolidó con una goleada (4-1) en la que nunca hubo que temer por el triunfo. Por último, en la visita más reciente del Tenerife, Jairo certificó el 2-0 poco antes de enfilar el tramo definitivo del choque, lo que permitió respirar en el campo y en la grada.

En cuanto a los 24 partidos en los que el resultado pendió de un hilo hasta la conclusión, nueve como local y 15 a domicilio, la suerte sonrió en nueve ocasiones, se quedó a medio camino en otras ocho y dio completamente la espalda en siete.

De este modo, el cuadro amarillo saldó de manera satisfactoria sus enfrentamientos con el Almería (1-0) en el estreno liguero, gracias al tanto de Álex Fernández en el minuto 76; en el Ángel Carro de Lugo (1-2), con una remontada que selló el Jairo Izquierdo en el 86’; en el Nuevo Arcángel de Córdoba (1-3), con dianas de Marcos Mauro en el 90’ y de Ager Aketxe en el 92’; en La Romareda frente al Zaragoza (0-1), merced al acierto de Lekic en la primera mitad; en feudo propio ante el Rayo Majadahonda (1-0), por el celebrado gol de Dani Romera en el 76’; otra vez en casa ante el Deportivo (3-0), al que pese a golear no se noqueó hasta el final con goles de Manu en el 79’ y de Carrillo en el 94’; en el Santo Domingo de Alcorcón (1-2), levantando Mauro en el 84’ y Machís en el 91’ el 1-0 de los alfareros; en Tarragona frente al Nástic (2-3), con el que hubo de sufrir después del penalti transformado por Kanté en el 57’, y en la última cita en casa ante el Albacete (1-0), que hizo sudar de lo lindo hasta el pitido final.

En cuanto a los encuentros igualados que terminaron en tablas, ocho, sucedió ante el Numancia en Soria, en donde poco antes del descanso ya figuraba en el marcador el 1-1 definitivo; con el Oviedo en Carranza, en donde los asturianos empataron (1-1) por medio de Tejera en el 94’; en el Carlos Belmonte de Albacete (1-1), en donde Romera rescató un punto en el 92’; ante el Nástic en Cádiz, cuando en la primera parte ya marchaba el duelo 1-1; con el Sporting en la primera vuelta, con un 0-0 agónico hasta la conclusión que se repitió en la visita del Granada y en el Juegos del Mediterráneo de Almería, y en el compromiso de la segunda vuelta con el Mallorca, cuando Garrido estableció el 1-1 en el 84’ jugando el Cádiz con uno menos por expulsión de Jairo.

Finalmente, la angustia de la recta final no se convirtió en un sufrimiento con premio, esto es, se tradujo en una derrota, en otros siete encuentros: en Palma (1-0), en donde Álex López sentenció en el último minuto; en Santa Cruz (1-0), en donde el gol de Nano antes del descanso resultó decisivo; en Almendralejo (2-1), en donde el Extremadura remontó en el segundo tiempo; en Málaga (1-0), en donde los costasoleños cortaron, no sin polémica, una extraordinaria racha de siete victorias consecutivas; en El Sadar de Pamplona (2-1), en donde Osasuna levantó el tanto de Álex Fernández; en el Carlos Tartiere de Oviedo (2-1), con opciones aunque sin recompensa también hasta el final, y el pasado fin de semana en el Martínez Valero de Elche (1-0), en donde el conjunto de Cervera ni supo ni pudo aprovechar su superioridad numérica durante cerca de una hora.

En definitiva, no queda otra que estar más que preparados para pasarlo mal sea cual sea el objetivo que se persiga. En LaLiga 1|2|3 es la pauta. Como si se tratara de los últimos segundos del último cuarto en el baloncesto de alto nivel, simples detalles y, por supuesto, la concentración y la calidad individual pueden acabar siendo determinantes. Finales no aptos para cardíacos, pero sin sufrimiento no hay paraíso.

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