Un vecino de Cádiz arregla por su cuenta un socavón en la Plaza de Candelaria Breve historia de un socavón

  • A Fernando García casi lo multan por tomarse el mantenimiento urbano por su mano, por arreglar un boquete en la calle que no reparaba nadie

  •  “Se habían caído varias personas mayores; volvería a hacerlo”, dice este comerciante de la plaza de Candelaria

Fernando García, a la puerta de su establecimiento en la plaza de Candelaria. Fernando García, a la puerta de su establecimiento en la plaza de Candelaria.

Fernando García, a la puerta de su establecimiento en la plaza de Candelaria. / Jesús Marín

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Dice el topicazo malintencionado que en Cádiz pocos saben lo que es un palaustre y menos una espiocha, por mucho que esta última herramienta forme parte de ese himno oficioso que son Los duros antiguos. Radicalmente falso. Si no, que se lo pregunten a Fernando García Luna.

A este comerciante de la plaza de Candelaria ha estado a punto de multarle el Ayuntamiento, podríamos decir que por tomarse el mantenimiento urbano por su mano. La culpa la tiene un socavón, un socavón gaditano de esos que aparecen de repente en el casco antiguo sin que uno sepa nunca quién ni cómo ha podido hundir e incluso hacer saltar los adoquines. Un socavón gaditano es como una mella en la boca de la ciudad. Y una oportunidad única para procurarse un esguince, como poco.

Detectó el pequeño pero peligroso cráter días antes de la Semana Santa

Fernando detectó el pequeño cráter justo a la entrada de su negocio bastantes días antes de la Semana Santa. Y comprobó cómo varias personas mayores se tropezaban y hasta se caían. Como es lógico, inmediatamente dio parte de la incidencia al Ayuntamiento, a Urbanismo y hasta a la Policía Local. Pero como pasaron doce días y por allí no aparecía nadie para tapar el boquete, se agenció un palaustre y un cubo de mezcla y repuso los adoquines con coraje gaditano.

El coraje gaditano lleva dos tercios de indignación y uno de impetuosa decisión. Así que, con la ayuda de un amigo, grabó la faena y la colgó en las redes sociales. Al poco se presentaba por allí por fin alguien de Mantenimiento Urbano. Pero no para arreglar el dichoso socavón, sino para advertirle de que no podía intervernir por su cuenta en la vía pública, ni siquiera ante el riesgo de accidente que suponía el boquete, ni siquiera en un espontáneo acto ciudadano en favor de la comunidad, que por eso podía ser sancionado.

El alcalde supervisó el arreglo del boquete y le sugirió que, en adelante, le llamase a él

A los pocos días, corrió como la pólvora por las redes sociales el vídeo en el que se veía a Fernando asumiendo las labores del Ayuntamiento. Según relata, la grabación llegó hasta el alcalde, quien se desplazó en persona a supervisar el socavón y, de paso, el grado de indignación con el Gobierno municipal de su espontáneo reparador.

El regidor comprobó el alcance del boquete y que el arreglo no había quedado mal y le sugirió al autor que, en adelante, le comunicase a él en persona cualquier incidencia, no sin antes prometerle que en un año estaría reparada toda la plaza. De hecho, una contrata estuvo arreglando baches en Candelaria después de la espontánea faena.

Sin rastro de arrepentimiento, Fernando confesó su intención de reincidir en favor de la comunidad: “Volvería a hacerlo, porque era un verdadero peligro, sobre todo para las personas mayores, y nadie venía a arreglarlo”.

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