Cádiz

Un susto que no pasó a mayores

  • Los comerciantes de la calle José Cubiles, en La Viña, se volvieron a llevar la peor parte

  • No hubo que lamentar excesivos daños materiales

Los comerciantes suelen ser previsores. Colocan en días de lluvia parapetos en las puertas. Aún así, cuando llueve de forma torrencial y continuada como en la noche del domingo, el agua no tiene freno. Los daños materiales no tuvieron la incidencia de anteriores temporales, pero el susto está siempre ahí. Todos los consultados ayer habían salido pitando hacia sus negocios cuando la lluvia se recrudeció y por los teléfonos móviles, vía guasap en forma de videos y fotos, supieron de los puntos conflictivos de las inundaciones. Pudo ser peor "de haber estado la marea llena", apuntaba Manolo Gutiérrez en La Mercería de la calle San Francisco. Esta zona, llegando ya a la calle Nueva, suele ser conflictiva cuando la lluvia cae con violencia. En la tienda de souvenirs que fuera Casa Durán, uno de sus empleados, David Cornejo indicaba que "mi jefe recibió una foto por guasap de cómo estaba la esquina con la cale Nueva y salimos corriendo para la tienda. Fue más problema de una poceta interior que del agua que entró. Nos vinimos a las doce y estuvimos quitando agua hasta la una y media. Se han estropeado algunos bajos de los muebles y objetos de madera". Al lado, en la tienda de patatas fritas al estilo holandés Frityes, su propietario, Jonathan Noto seguía recogiendo agua a las once de la mañana. También había rebosado una arqueta del interior "con pura agua fecal". "Veré qué daños hay cuando se seque el suelo de madera", añadió. En otra tienda de esta zona, una de sus empleadas que, afortunadamente vive sobre el negocio, pudo bajar al almacén y colocar en alto la mercancía en cuanto la lluvia dijo 'aquí estoy yo'. En San Francisco, los comerciantes coincidían en que los husillos estaban obstruidos con papeles y hojas de árboles. Eso, precisamente, no ayuda a desagüar.

Uno de los videos que se hizo viral el domingo mostraba una auténtica riada en la esquina de las calles Zaragoza y Benjumeda. En esa confluencia se haya el gimnasio Millenium. También allí se había desbordado una arqueta interior. Rosa Fernández, la encargada, comentaba que "afortunadamente sólo se desbordó un poco". A pesar de la espectacularidad de las imágenes, los comercios colindantes no sufrieron percances.

En La Viña, sobre todo en José Cubiles, están ya acostunbrados a que se aneguen los establecimientos. Manuel Aragón, de Confecciones Manolito, volvió a salir corriendo para el negocio en la noche del domingo. En temporales anteriores perdió mucha mercancía. Aragón seguía limpiando el local en la mañana de ayer, después de haber estado allí hasta las dos de la madrugada. "El problema está en la esquina con Hermano Ignacio y Virgen de las Penas. Sigue habiendo algún defecto en las arquetas de las calles. Chupan el agua de lluvia, pero luego parece que hace un efecto rebote y sale a la superficie mezclada con aguas fecales", exponía. No tuvo que lamentar daños en el género porque desde pasadas inundaciones lo tiene colocado en alto, pero el agua volvió a entrar en la tienda y en el almacén que tiene enfrente, mojando bajos de muebles. "Los husillos estaban llenos de toallitas. La gente que las tira ahí no sabe el daño que hacen", apuntaba Mari, la esposa de Manolito.

Muy cerca, en el supermercado Supercerka, su encargado, Carlos, acudía raudo en la noche del domingo. "Cuando abrí las puertas el agua salía en cascada", relataba. El agua sólo ha dañado expositores de cartón, puesto que los productos se alinean en estanterías a cierta distancia del suelo. Casi enfrente, en la cafetería Riancho, cinco empleados estuvieron achicando agua desde las cuatro de la madrugada para poder abrir a las ocho de la mañana. "La mayoría del agua ha salido por el cuarto de baño. No ha sido como otros años, esta vez sólo había una cuarta de agua", explicaba Manuel Freire, el encargado.

Fue un susto mayúsculo, pero alejado del que sufrió la ciudad la madrugada del sábado 11 de octubre de 2008, cuando sufrió la peor inundación en 40 años de historia, alcanzándose 125 litros por metro cuadrado.

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