El desarrollo de Cádiz

La crisis provocada por el coronavirus retrasa aún más los grandes proyectos urbanos pendientes en Cádiz

Solar para el Hospital Regional.

Solar para el Hospital Regional. / D.C.

Dentro de unos días se van a cumplir dieciocho años del hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas gallegas. Un accidente tan lejano a nosotros tuvo una incidencia directa en las inversiones que, por aquella época, tenía en cartera el Estado en la ciudad de Cádiz.

Una de ellas era la construcción de un nuevo complejo de oficinas en el solar del antiguo gobierno civil, la delegación de Obras Públicas y el viejo edificio de Radio Juventud. Ya se contaba con el proyecto, elaborado por los sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz, y la inversión a realizar, algo más de 30 millones de euros.

Cuando todo estaba listo para adjudicar las obras, el gobierno central desvió los fondos para hacer frente al millonario coste que había supuesto la limpieza de las costas coruñesas.

De eso hace ahora dieciocho años. El solar para el nuevo complejo de oficinas sigue abandonado, como entonces. El Gobierno anuncia un primer gasto de 600.000 euros. Si se cumple, la obra aún irá para largo.Conviene recordar esta historia porque ahora la ciudad se va a ver afectada en su desarrollo inmobiliario por otra tragedia, en este caso sustancialmente de mayor calado pues ha afectado a vida humanoa y ha torpedeado los pilares de nuestra economía.

Sacar adelante a España de los efectos del coronavirus supone gastar un cheque con muchos ceros para el que ni el Estado, ni el resto de las administraciones, tienen fondos. Y la inversión es tal (para evitar el colapso laboral y el sanitario), que unos y otros tendrán que desviar todos sus fondos para hacer frente a esta situación extraordinaria.

Así que Cádiz debe ir asumiendo que ese largo listado de obras pendientes, que periódicamente recordamos en estas páginas para que sus responsables no se olviden de ellas, difícilmente se va a ver reducido ni en breve ni en largo plazo, con lo que ello supone de retraso en la recuperación de la propia ciudad.

La cuestión es que estamos hablando de operaciones que, ejecutadas en tiempo y forma, tienen una relevancia más que destacada para nuestro desarrollo como ciudad moderna, bien equipada y capaz de hacer frente a retos relacionados con la educación, la cultura, el ocio y el propio sentido de capitalidad de la provincia. No son, ninguna, obras menores aunque el retraso que muchas de ellas acumulan, que se cuantifica ya por décadas, pudiera parecer lo contrario.

Ha pasado tanto tiempo en algunas, como la propia sede de la administración central en la plaza de la Constitución, que una valoración de sus costes se hace hoy complicado. Nada tienen que ver estos 30 millones de 2002 con los costes que el mismo edificio podría suponer ahora, y que según los PGE rondarían los 9 millones. E incluso ese mismo diseño sin duda será hoy diferente, una vez pasado la época del dispendio económico.

Sin embargo, una simple enumeración de los proyectos pendientes nos puede llevar a una cifra que, sin la más mínima exageración, puede rondar los 1.000 millones de euros. Una especie de Plan Marshall a la gaditana.

Asumiendo que todas las administraciones tienen la obligación de priorizar las inversiones destinadas a salir del foso en el que nos ha metido la pandemia, no se pueden dejar a un lado muchos de estos proyectos que en su día se consideraron vitales para el futuro inmediato para Cádiz.

La misma Junta de Andalucía ya ha lanzado varios vasos de agua fría a las aspiraciones de la ciudad. No hay perspectivas, por mucho que digan, de que el Hospital Regional va a salir adelante. Como mínimo habrá que esperar una década más, tiempo en el que seguirá vació el inmenso solar destinado a este equipamiento.

Dice la Junta que ahora están centrados en el coronavirus. Será en Cádiz donde no saben hacer dos cosas a la vez, porque en Málaga y Jaén ya se mueven para hacer realidad sus nuevos centros sanitarios. Recordemos que la inversión prevista era de 400 millones de euros.

Terreno donde iba a construirse la Ciudad de la Justicia. En primer plano el suelo del Portillo. Terreno donde iba a construirse la Ciudad de la Justicia. En primer plano el suelo del Portillo.

Terreno donde iba a construirse la Ciudad de la Justicia. En primer plano el suelo del Portillo. / D.C.

La misma administración regional tiene pendiente iniciar las obras de la Ciudad de la Justicia (que ha estado supeditada también al convenio con el Ayuntamiento). Iba a costar 80 millones, después bajo a 60, se quedó en 20 y ahora se habla de 40. El caso es que llevamos quince años de espera, incluyendo cambios de ubicación que, encima, ha dejado sin uso definido a otro inmenso solar de la ciudad, la antigua Institución Provincial en San Severiano.

Aquí la Junta reconoce que no tiene ni idea de lo que va a hacer. Algunas ideas: equipamientos de barrio tan necesitados en esta zona de la ciudad, el último centro de salud que el SAS, en tiempos del PSOE, dejó sin construir en este tramo de Puerta Tierra, espacios para los jóvenes y pequeños... O el proyecto de un gran complejo educativo público que los mismos socialistas vendieron cuando gobernaban Andalucía para olvidarse rápidamente de ello.

Lo cierto es que el cheque que se ahorra la Junta en Cádiz es cuantioso. Nada se sabe de lo que se va a hacer en el solar del chalé de San Luis (uno de nuestros grandes clásicos pues del mismo ya se hablaba en tiempos de la alcaldía de Carlos Díaz), de la antigua sede de Trabajo en Valdeíñigo (siempre olvidada en anuncios y convenios con el Ayuntamiento), o las obras pendientes en referentes que deberían de ser de la cultura en Andalucía como el Teatro Romano o el Museo de Cádiz (donde el Ministerio de Cultura comparte culpas con la administración regional).

Si todo ello duele, más pecado tiene, especialmente en esta ciudad, el abandono también histórico de proyectos relacionados con la promoción de la vivienda pública. Ahí está la dejación, desde hace cerca de diez años, de la rehabilitación del casco antiguo (todavía hay unas 400 infraviviendas habitadas). O el gran solar de Loreto donde se proyectaban más de un centenar de pisos; o la segunda fase de Matadero que, además de la década larga acumulada de retrasos, ahora lleva de dos esperando a que Sevilla dé el visto bueno a su ejecución; o el final de la rehabilitación del Cerro del Moro, iniciada hace cerca de 30 años.

Desde hace una década se espera la segunda fase de Matadero. Desde hace una década se espera la segunda fase de Matadero.

Desde hace una década se espera la segunda fase de Matadero. / D.C.

La Junta es propietaria también del edificio de la antigua Escuela de Náutica (cerrada hace doce años). Un referente arquitectónico que va camino de la ruina total y donde, como en todo la anterior, no ha perspectivas de proyecto alguno. Un edificio que podría formar parte del Campus de Cádiz. Aunque tal vez menor que no, pues recordemos el peligroso parón que acumula el retorno de la Facultad de Ciencias de la Educación, una vez que la administración regional sigue negándose a financiar la obra de rehabilitación del histórico Valcárcel.

No todo el olvido se concentra en la administración regional en un proceso que inició el PSOE con la excusa de la crisis económica de 2008. El Estado, tanto con el PP como con el PSOE-Podemos, también tiene la tendencia a dejar guardado en un cajón los proyectos que en su día vendieron para nuestra ciudad. Parece como si tras la obra del puente de la Constitución de 1812 considerasen que ya han cumplido (obviando que esta ciudad pagó de su bolsillo la construcción del puente Carranza o la reforma integral del Paseo Marítimo).

Si un complejo administrativo tiene su importancia, especialmente al mejorar la atención a los ciudadanos, más relevancia económica, social y cultural tiene la recuperación del castillo de San Sebastián.

No nos cansaremos de repetir que en cualquier otra ciudad, especialmente en el norte de Europa, esta fortificación sería un auténtico lujo y generaría empleo e ingresos a Cádiz. Mejor no recordar el proyecto fallido el Doce, pero lo que no se puede olvidar es que es un equipamiento propiedad del Estado que, tras la salida del poder del PP en San Juan de Dios, se olvidó del mismo. Y que sólo con la capacidad financiera de la administración central se puede afrontar su reforma y, después, su mantenimiento. Sin olvidar que antes habrá que pensar muy bien a que se quiere dedicar.

Adelantándonos en el tiempo, confiemos en que la administración central no se olvide de su compromiso de construir una nueva sede para la comisaría de la Policía Nacional. No nos debería de extrañar que al final se quede en el reformado y pequeño edificio de la Avenida y el solar de la avenida de Astilleros se convierta en un lastre para el Ayuntamiento.

Ayuntamiento que también debe de asumir su parte en este listado de penalidades para la ciudad. Desde el pabellón Portillo convertido en un eterno solar a pesar de las necesidades que hay de equipamientos deportivos, al parque del cementerio, pendiente desde el cierre del camposanto en 1992.

Afortunadamente, en el listado de los proyectos eternos de la ciudad han ido cayendo en los últimos años varios de los equipamientos más señeros. La Universidad, tras la fructífera etapa como rector de Eduardo González Mazo, recuperó el Colegio Mayor y el Centro del Olivillo. Son claros ejemplos del beneficio que obtiene Cádiz cuando estos inmuebles vuelven a tener un uso ciudadano. Por el contrario, pendiente de los fondos de la Junta está Valcárcel junto al incierto futuro, por aquello de la falta de financiación, de la antigua Escuela de Ingeniería.

La Junta también ha activado la conversión de Tiempo Libre, que cerró en 2007, en un hotel de cuatro estrellas. Será porque obtuvo importantes beneficios económicos con la venta de este inmueble, pero es la única operación que ha sido capaz de sacar adelante en estos años en Cádiz.

También la Autoridad Portuaria tiene adelantado la conversión de la Ciudad de Mar en el que podría ser el primer hotel de cinco estrellas de la ciudad.

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