Rehabilitación en Cádiz Cuando Santa María volvió a nacer

  • Tres de cada cuatro viviendas del barrio eran infraviviendas a principios de las década de los 90

  • Lo que era una utopía se transformó en una realidad

Cuando Santa María volvió a nacer Cuando  Santa María volvió a nacer

Cuando Santa María volvió a nacer / Lourdes de Vicente

“Cada vez que había fuertes lluvias no podíamos dormir”. José Rodríguez, presidente de la Asociación de Vecinos Santa María Tres Torres, echa la mirada atrás casi tres décadas y sale una fotografía en blanco y negro, con fincas prácticamente en ruinas con mucha gente dentro, infraviviendas donde las condiciones dignas de habitabilidad eran una utopía, como lo era también pensar en que ese barrio se iba a transformar en lo que es hoy en día.

Santo Tomás necesitó meter el dedo en la llaga para creer y algo de inspiración divina tuvo que haber cuando los vecinos de San Juan Bautista de la Salle número 12 se reunieron con los miembros de la asociación para explicarles las condiciones en las que vivían. José Rodríguez recuerda que en la finca había al menos un centenar de puntales. Utilizaron uno de los motores del barrio, el Nazareno de Santa María, de manera que cuando el Regidor Perpetuo salió el Jueves Santo se pusieron delante del paso a modo de reivindicación. El entonces alcalde, Carlos Díaz, que iba en la Presidencia, preguntó qué pasaba y le contestaron que eran los vecinos de una finca en muy mal estado y que nadie les hacía caso. Carlos Díaz se comprometió a visitar al lunes siguiente el edificio con el propio Pepe Rodríguez y Manuel Gené

“Si no veo en sus manos las llagas de los clavos, y no pongo el dedo en la llaga de los clavos y mi mano en el costado, no lo creeré”. Cuando el ex alcalde vio lo que vio, cuando pudo meter el dedo en la llaga, se quedó tan impresionado que se comprometió a realojar las familias en los pisos que se estaban acabando en Cortadura y rehabilitar esta finca dentro del programa de rehabilitación e la Junta, junto a la de San Juan de Dios número 8.

¿Pero dónde está el origen? Esta tuvo su inicio cuando a principios de los años 90 cuando se crean las escuelas talleres en el barrio y desde la propia asociación empiezan a moverse con los técnicos para que las prácticas del alumnado se hicieran en las viviendas más necesitadas del barrio. La decisión política obtuvo la luz verde necesaria y el germen de la rehabilitación comenzó, tal y como relata José Rodríguez, con la construcción de cuartos de baños y cocinas en las viviendas.

Pero había que ir mucho más allá. Quedarse en eso sería nadar en la superficie, por lo que a los representantes vecinales se les ocurrió hacer un informe detallado del estado de todo el barrio, finca por finca, casa por casa. Para hacer esta ardua labor acudieron al Ejército, que enviaron a cuatro objetores de conciencia para hacer un inventario a fondo. Era hacer un diagnóstico para establecer acciones posteriormente.

Una de las primeras fincas rehabilitadas en el barrio de Santa María Una de las primeras fincas rehabilitadas en el barrio de Santa María

Una de las primeras fincas rehabilitadas en el barrio de Santa María / Lourdes de Vicente

En todo esto, en la Navidad de 1992 aparece por la asociación José Luis Rocha, que dice ser descendiente de gaditanos pero que vivía en Madrid. Al entonces presidente de Santa María Tres Torres, Juan Landi, le dijo que su intención era rehabilitar tres fincas que su familia tenía en el barrio y vendérsela a los inquilinos, idea que desde el primer momento le pareció interesante a los líderes vecinales.

En este caso, la asociación tenía que convertirse en una correa de transmisión entre el propietario de las fincas (Botica 22, Mirador 10 y Suárez de Salazar 14) y los vecinos, el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía para poder acceder a las ayudas que podían permitir que las viviendas le salieran más baratas a los inquilinos. Después de muchas reuniones, la primera rehabilitación de muchas que vendrían después, se inició en el barrio de Santa María.

Era el principio de una transformación integral que en sus inicios tuvo también como aliados políticos al entonces concejal de Urbanismo con Carlos Díaz, Pablo Lorenzo, y el delegado de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía, Alfonso López Almagro.

Después se encontraron con el caso de Merced 2 y 4, que por motivos de impago tenía un embargo por parte del Ayuntamiento. Ahí la asociación fue algo más que una correa transmisora ya que implicó a la empresa constructora Larcovi, que ya había actuado en el primer bloque de rehabilitaciones, para que se hiciera cargo también de estas dos fincas que también se encontraban en un deplorable estado. La constructora estaba dispuesta a colaborar pero con la condición de que los vecinos tenían que comprar la finca. Aquí se da la circunstancia de que quedaban tres pisos vacíos, por lo que hubo tres compradores del barrio, una de ellas la hija del propio José Rodríguez. El problema ahí era pagar al Ayuntamiento para levantar el embargo y Rodríguez incluso llegó a avalar lo que adelantaba la constructora, que después iría recuperando el dinero gracias a los créditos que pedirían los vecinos para ejecutar su compra.

Y es que si algo ha tenido la rehabilitación del barrio de Santa María es “la lucha constante de las juntas directivas de la asociación que desde su fundación nos pusimos este objetivo”. Como apunta el propio José Rodríguez, unas veces por dejadez de los propietarios y otras de los propios vecinos pero la realidad era que “se llegó un momento en el que era insoportable vivir”.

Es una época en la que este dirigente vecinal recuerda que “cada vez que había lluvias fuertes no podíamos ni dormir porque sabíamos que podía pasar algo en cualquier finca del barrio”.En el año 1994 se acabó el estudio de diagnóstico sobre el barrio y salía un dato aterrador: el 75% de las casas eran infraviviendas ya que en la mayoría de los casos había sólo un servicio por planta.Este estudio se le entregó tanto al alcalde Carlos Díaz como al nuevo delegado de Vivienda de la Junta de Andalucía, José de Mier.

1995 trajo el cambio de gobierno en la ciudad y llegó a San Juan de Dios, Teófila Martínez. Tras unos inicios complicados, la relación fue engrasándose y Guillermo Boto, concejal de Urbanismo de entonces, se entendió muy bien con la asociación. La infraestructura y los protocolos que hay hoy en día no tenían nada que ver con los que había entonces. Los realojos los buscaban la propia asociación de vecinos. Es cuando se empiezan a expropiar fincas y lo que se hacía era sacar primero a los vecinos y buscarle un piso alternativo y, posteriormente, se procedía a la expropiación.

El camino ya empezaba a estar en marcha. De hecho, en abril de 1997 la Consejería de Obras Públicas de la Junta y el Ayuntamiento firmaron un convenio en materia de vivienda para los años 1996-99 por el que ambas administraciones se comprometían a realizar actuaciones en varios barrios, entre ellos el de Santa María, para conseguir la mejora de 400 viviendas.

Pero no todo fue tan fácil. Se proyectó en primer lugar rehabilitar once fincas, de las que cinco eran en Santa María. De la actuación global sólo se hicieron cinco en todo el casco histórico, por lo que la asociación de vecinos se puso en pie de guerra y viendo las razones por las que se producían los retrasos, instaron al delegado a que se creara una Oficina de Rehabilitación del Casco Histórico, viéndose que la mejor persona para liderarla era el ex concejal Pablo Lorenzo. Esta petición la cursaron ante el consejero Francisco Vallejo y con Gaspar Zarrías también como participante en la reunión.

Ya a partir de ahí fue un motor que nunca paró hasta que llegó la época de las crisis, que empezó a ralentizarlo todo. En la actualidad hay 15 fincas que se encuentran cerradas en el barrio. Dos pertenecen a la Junta de Andalucía, cinco al Ayuntamiento y ocho que son privadas. Ya ellas hay que sumarles otras siete que están en obras. “Con la rehabilitación que se ha hecho en el barrio, casa que se construye, casa que tiene salida en el mercado”. 

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