Coronavirus en Cádiz

Los proveedores: otro daño colateral de la crisis hostelera

  • Los detallistas del Mercado Central que surten a bares y restaurantes destacan grandes pérdidas económicas desde el final del verano

Un hostelero comprando este martes en el puesto Manolito del Mercado Central.

Un hostelero comprando este martes en el puesto Manolito del Mercado Central. / Lourdes de Vicente

Los daños colaterales que provoca la delicada situación de la hostelería tiene varias ramificaciones. Una de ellas es la de los proveedores de restaurantes y bares. Las restricciones horarias impuestas tras el verano, acentuadas en estas dos semanas hasta el 23 de noviembre, hacen que los establecimientos reduzcan sus compras de materia prima. Usando un término coloquial futbolístico, tienen un planteamiento 'amarrategui' por lo que pueda pasar. Riesgo cero para no acumular género que después haya que tirar.

Este panorama está afectando a varios puestos del Mercado Central, donde se surten muchos hosteleros. Detallistas de la Plaza coinciden en que el verano ha sido fructífero, pero fue acabar el periodo estival y descender las ventas a bares y restaurantes. “Desde entonces hemos ido bajando y ahora con las restricciones, todavía más. Vendo un 50 por ciento menos y en estas dos semanas será peor”, destaca el pescadero Fernando Coucheiro. Precisamente en ese momento está comprándole un hostelero. Éste lamenta que abre su negocio “solo para gente del entorno, pues gente de fuera no puede venir, y dando solo el almuerzo porque no podemos abrir de noche. Son dos limitaciones grandes, por eso estoy comprando con mucha precaución porque no sé qué me voy a encontrar estas dos semanas”. Un problema similar tiene Coucheiro con los clientes que tiene en la Bahía y que no podrán acercarse a comprarle en el Mercado Central. El pescadero ha perdido clientela en la hostelería y pone como ejemplo un restaurante de San Sebastián, al que vendía atún, “que ha cerrado y no sé si para siempre, siendo uno de los mejores del País Vasco”.

Faly Verdugo, del puesto Faly El Chicla, asegura no proveer a muchos bares, pero con uno de ellos expone un más que significativo ejemplo: “Me compraba 30 kilos de chocos a la semana y ahora viene el dueño a comprarme dos kilos al día, y si los vende, viene al día siguiente por dos más”. Y es que “no se quieren arriesgar a comprar mucho género”. Juan Manuel Cano, que regenta la pescadería Manolito, sirve a varios bares. “Uno de ellos me compraba por valor de 600 euros a al semana y ahora lo hace por 150”, asegura mientras despacha al propietario de un bar, quien a su vez reconoce que está comprando “alrededor de un 60 por ciento menos”. Todos pierden. Pues como dice Cano, “esto es una cadena”.

Isaías Acal, de la carnicería Curro, afirma que desde el final del verano hasta la fecha sus ventas a bares y restaurantes han descendido en un 70 por ciento. “Y estas dos semanas que vienen no lo quiero ni pensar”, apunta. Su situación se agrava por la imposibilidad de que vengan al Mercado Central de Cádiz clientes de otras poblaciones. “Ni los del Puerta Tierra pueden venir porque no pueden aparcar en el centro”, dice entre bromas.

“Uno de los bares que me compraban ha dejado de hacerlo y desde el verano hasta ahora vendo un 40 por ciento menos”, declara Antonio Loaiza, del puesto de frutas Antonio y Luisa, todo un histórico en la Plaza. A juicio del frutero “a los hosteleros deben dejarles abrir de noche, hay muchas familias que dependen de esos negocios”. En la misma zona del Mercado vende sus productos Enrique Santi, de La boutique de la carne. “Me ha afectado muchísimo lo que ocurre con la hostelería y puedo decir que después del verano estoy vendiendo la mitad a los bares con los que trabajo”, destaca. Enrique afirma haber planteado incluso “que los detallistas del Mercado Central vayamos a la manifestación del jueves”, en apoyo al sector hostelero. Junto a este puesto se encuentra la recova de Esme Remesal, que de los tres bares con los que trabajaba “uno ha cerrado para siempre y otro hasta nueva orden”.

En la Plaza, muchos detallistas no solo tienen que preocuparse de mantener, que no es poco, su clientela del día a día. Ahora, la crisis de la hostelería mengua también sus bolsillos. Como para no soñar con la dichosa vacuna anti Covid.

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