Cádiz

A prisión el presunto homicida de la anciana de Guillén Moreno

  • El juez le acusa de asesinato y robo con violencia en casa habitada, por lo que le envió a Puerto II

María Soto se defendió antes de morir. A sus 92 años tuvo arrestos para dejar huellas de su lucha en el cuerpo de Lucy, vestigios que resultaron claves para que la Policía Científica la incriminara a las pocas horas de descubrir su cadáver en su vivienda de Guillén Moreno. Esa lucha, ese probable sufrimiento que padeció la víctima, hizo ayer que el juez enviara a Puerto II a Lucy acusada de asesinato y robo con violencia. La Policía ve indicios más que probados de que Lucy, como es conocida en el barrio por sentirse mujer en un cuerpo de hombre, o Emilio F.G., como figura en su carnet de identidad, entró en la vivienda de María gracias a las llaves que su hermana tenía de la casa de la víctima. A estas les unía cierta amistad, y la especial vulnerabilidad de la anciana, que cuidaba a una hermana enferma de Alzheimer, le hacía centro de más atención por parte de sus vecinas. Sin embargo esto acabó por costarle la vida. Porque la Policía piensa que cuando Lucy entró en casa de María, pertrechada con una bolsa de plástico de Supersol en la que pensaba llevarse su botín y que acabó sirviéndole para, presuntamente, asfixiar a su víctima, tenía decidido dar el golpe de su vida, el que le daría más desahogo económico, sin darse cuenta que cuando metió las llaves sustraídas a su hermana y abrió esa puerta lo único que encontró fue muerte y ruina. Su arrepentimiento posterior, su confesión al verse acorralada por una Policía que había encontrado cabellos, huellas, piel, en el piso de la tragedia, retrata a una persona hundida ante el infame hecho cometido.

Cuando se entregó, cansada de huir, aplastada por el remordimiento y aconsejada por algunas amigas a las que confesó lo que había hecho, llevaba el dinero que se llevó de casa de María y unas pocas joyas de la anciana, más recuerdos que tesoros de una larga vida que no merecía un desenlace tan cruel. Lucy sabía que María y su hermana cobraban sendas pensiones y que, por su edad, tenían esa vieja costumbre de sacar el dinero íntegro del banco y guardarlo en casa, una idea tan anticuada como peligrosa. Así que Lucy se llevó los fajos de billetes de 50 y 20 euros que rondaban los 20.000, la calderilla, la cadena de oro, un par de anillos y la vida de María. Todo lo acabó entregando en Comisaría la madrugada siguiente entre balbuceos, consciente de que con su botín y su confesión entregaba su vida entera, la que se le escapó de las manos cuando tuvo la mala idea de tirarse al monte, pero lo que ya no podía devolver era el aire a los pulmones de la anciana.

Lucy tiene antecedentes penales de finales de la década de los 70 y principio de los 80. Por robo con violencia e intimidación y por escándalo público, exhibicionismo y provocación sexual, todos estos delitos cometidos en Barcelona, donde por entonces tenía fijada su residencia.

Lucy pasó ayer su primera noche en el Puerto II, una prisión para hombres que será su infierno para mucho tiempo. Cuentan que su estado anímico es muy malo. En el barrio dudan de que pueda superar la ruina que se buscó por mor del vil metal, capaz de hacerla cometer presuntamente actos terribles, como luchar con una anciana hasta colocarle una bolsa de plástico en la cabeza. El juez acusó ayer a Lucy de haber asesinado a María Soto de 92 años para robarle. Ella perdió su vida de mala manera. Su presunta asesina durmió ayer en Puerto II. Posiblemente durmió poco.

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