Cádiz

En primera línea de playa

  • El sol y la arena se convierten en Cádiz en una industria de creación de empleo, ya que durante los meses de verano hay cerca de 500 personas que encuentran un puesto de trabajo en diferentes sectores

Llega el mes de julio y con él, las vacaciones. Los que han tenido la suerte de trabajar durante todo el invierno ahora tendrán unos días en los que relajarse y recargar las pilas para otros 11 meses de trabajo. Sin embargo, no todo el mundo puede permitirse el lujo de tomarse el verano para el descanso.

Durante la temporada estival, el principal destino turístico es el sol y la playa. El atractivo que supone la costa hace que muchas personas vivan de estos cuatro meses en una ciudad tan ligada al mar y a la arena.

Por un lado, están los trabajadores que dependen casi exclusivamente del dinero que les reporta su empleo durante esta época del año. Por el otro, están los que buscan unos ingresos extra, ya sea como un segundo trabajo o estudiantes que se sacan unos euros para sus gastos personales.

En esta estación, según estimaciones municipales, se crean cerca de 500 empleos en torno a las playas de la capital gaditana. Limpieza y mantenimiento de la arena, limpieza de los módulos de playa, salvamento y socorrismo, personal sanitario, chiringuitos a pie de playa, hamacas, guarderías o venta ambulante son los puestos que existen sobre la arena.

Un sacrificio al que muchos se han tenido que adaptar a cuenta de la crisis. Una reconversión obligada para sobrevivir.

Miguel Armario, vendedor ambulantes: "Esto es una trabajo de sol a sol, como en el campo"

Uniforme blanco impoluto, gorra para protegerse del sol, un silbato para anunciar su paso en la mano derecha y un bidón lleno de bebidas en la izquierda para recorrerse La Caleta.

Miguel Armario cumple este año su segundo verano como vendedor ambulante. Su moreno delata que trabaja expuesto al sol. Llegó a este trabajo por culpa de la crisis. Albañil de profesión, el estallido de la burbuja inmobiliaria le obligó a dejar el mono de faena y a echarse a la playa. "Yo siempre he trabajado en la construcción como albañil, pero la crisis me ha obligado a meterme en esto", afirma el vendedor.

Desde el 1 de junio al 30 septiembre, con unas nueve horas diarias y sin días de descanso, Miguel reconoce que trabajar en verano "es muy duro ya que hace mucha calor en la playa durante todo el día, pero hay que darle de comer a dos niños chicos. Esto es un trabajo de sol a sol, como en el campo".

Miguel no vive sólo del dinero que le da la playa, ya que durante el año también tiene licencia como vendedor ambulante durante el Carnaval y la Semana Santa. "Con el verano sólo no me da para tirar todo el año, pero junto al Carnaval y la Semana Santa sí. Después de todo lo que se trabaja, si no diera para todo el año sería para salir corriendo", asegura Miguel.

Uno de los problemas que tiene un trabajo como éste es que, al ser autónomo, no goza de prestaciones ni ayudas el tiempo en el que está parado. "No te puedes ir de la mano en los gastos, porque Hacienda se lleva un dinero y también tengo que pagar el alquiler de un local para guardar las neveras", comenta Miguel.

Sobre su lugar de trabajo, la playa de la Caleta, Miguel cuenta que "es una playa muy familiar, de gente muy humilde que te ayuda mucho. Aquí nos conocemos todos y sabemos de qué pie cojeamos".

De su primera experiencia en la playa, el pasado verano, Miguel dice agradecido que "la gente de la Caleta me ayudó mucho y me levantaron, por lo que lo califico como muy bueno". Aunque sólo lleva un mes de trabajo en esta temporada, y recién llegada la temporada alta, el vendedor explica que "este año hemos empezado mucho mejor, por lo que no me puedo quejar. De todas formas, a partir de las vacaciones de los niños, esto empezará a tirar para arriba. Esperamos que sea mejor que el año pasado. Además, todo lo que vendo no cuesta más de un euro y son primeras marcas, ya sea el agua, los refrescos o la cerveza".

Con el ambiente típico de la playa viñera, Miguel recuerda muchas anécdotas. "Una vez me dijeron en broma que si yo llenaba las botellas en mi casa. Otras veces digo que tengo agua de pozo y de piscina. En otra ocasión, una mujer catalana se quejó porque le dije que una botella de agua pequeña Lanjarón valía 70 céntimos, y eso que se la estaba vendiendo en plena playa. Yo me río con estas cosas".

A pesar de todo esto, Miguel reconoce que preferiría "poder seguir trabajando en la construcción durante el invierno para poder estar tirado en la playa en verano con mis hijos".

Mª del Mar Navarro, limpiadora: "Prefiero trabajar de limpiadora durante el verano"

Una caseta de madera junto a la puerta de la Caleta es el lugar de trabajo de María del Mar Navarro, limpiadora en este módulo de servicios higiénicos. Lleva 11 años ocupando este puesto de trabajo tras pasar por multitud de empresas de limpieza.

Un empleo de tres meses al que se aferra para mantener a tres hijos y un nieto, ya que su pareja está desempleada. "Ahora mismo, estoy tirando con esto y con la ayuda familiar para pagar todas las trampas, la luz o el agua. La verdad es que no se llega con esto. Tengo lo justo para ir tirando", asegura.

María del Mar llegó a la plantilla fija-discontinua de limpieza en playas ya que "hace 11 años que me quedé sin trabajo, por lo que me tuve que meter en esto y espero que, por lo menos, no me falte".

Sobre su empleo, la limpiadora cuenta que "se pasa mucha calor y cuando hay marea alta es agobiante porque tienes a la gente encima. De todas formas, en junio se puede soportar, mientras que en julio y agosto se intenta sobrellevar".

En cuanto a los turnos de trabajo, María del Mar prefiere "la mañana a la tarde. La mañana es mucho más tranquila, ya que lo que vienen son personas mayores y algunas madres con sus niños. La tarde es para las bingueras, las que juegan al parchís y mucha gente joven".

Un lugar como la playa de la Caleta es propicio, a pesar de estar trabajando, para estar entretenida con todo lo que hay alrededor. "Con las personas mayores te hartas de reír. Ellos vienen y te recitan poemas y te cuentan chistes. Además, tengo aquí al lado en la caseta de socorrismo a mi compi Juanito que tiene mucho arte y me alegra mucho este rinconcito de la playa", comenta.

A pesar de esto, María del Mar, que también ha trabajado en el módulo de la playa de la Victoria, asegura que "el trabajo es más cómodo en la Victoria, pero escojo La Caleta por mi niño, que le gusta mucho mariscar".

Aunque María del Mar tiene este trabajo fijo para todos los veranos, afirma que "sigo echando currículos porque en invierno también hay que comer".

Marcelo Scalabrini, hamaquero: "La construcción es más duro que las hamacas"

Una de las estampas más típicas del verano y la playa son las hamacas, las tumbonas y las sombrillas repartidas por toda la arena. Marcelo Scalabrini es un uruguayo afincado en Cádiz que lleva cuatro años trabajando como hamaquero en la playa de la Victoria.

Marcelo llegó a España hace seis años, cuando "conocí en Uruguay a unos españoles. Me dijeron que si quería venirme a España a trabajar en la construcción. Como tengo parientes italianos, todo está legal y eso te ayuda mucho a la hora de dar el salto. Además, siempre vine con trabajo a España".

Cuenta Marcelo que "cuando llegué a España comencé a trabajar en algunas obras en Chiclana, pero por asuntos familiares me tuve que volver a Uruguay y cuando volví ya había estallado la crisis" .

Sobre su trabajo, Marcelo afirma que "la construcción es más duro que las hamacas, pero un trabajo estable estaría mucho mejor para poder disfrutar de la playa durante las vacaciones".

Hasta el momento, el hamaquero asegura que "no ha habido mucho movimiento, salvo los fines de semana. Con las clases de los niños ya acabadas esto va a mejor".

En cuanto a la distancia con su familia, comenta Marcelo que "a veces puedo ir y volver para verlos. Tengo este trabajo y me lo puedo permitir. Si me surgiera un trabajo más estable, me quedaría aquí. De todas formas, este invierno visité a mi familia en Montevideo. A veces dejo un poco de dinero, pero gracias a Dios las cosas por allí están bien".

Mari Torralba, camarera: "Trabajar e un sitio agradeble se hace más llevadero"

Simpatía a raudales y atención a los clientes. Mari Torralba es camarera en el chiringuito Malibú, en la playa de la Victoria. Antes de trabajar a pie de playa, ha sido empleada en el bingo Cádiz CF y comercial de seguros.

Mari acabó como camarera ya que "el dueño del chiringuito es amigo mío y me llamó. Con la edad que tengo poca gente me contrataría".

Aunque reconoce que el trabajo en la hostelería es "duro", afirma que "trabajar en la playa es un sitio agradable con las vistas al mar que tenemos y los clientes que son muy agradecidos y estupendos se hace más llevadero".

Con una temporada que va desde Semana Santa hasta octubre si el tiempo acompaña, Mari asegura que "me compensa lo que gano en verano para seguir viviendo en el invierno. No me puedo quejar, ya que el dinero me sirve para pagar las trampas".

Uno de los aspectos que más valora la camarera de su trabajo es que "tengo un jefe muy generoso y eso nos lo transmite para que se lo traslademos al cliente. Además, no permite enfados y el ambiente es bueno".

De su chiringuito, Mari recomienda "el pescado frito y a la plancha y el arroz que hace Carmen, que es la cocinera y amiga mía. Aquí, lo único que hay malo soy yo".

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