Enfoque de Domingo: Palomas urbanas Cómo las palomas se volvieron ratas con alas

  • ¿Saben quién fue el verdadero autor de la frase que hundió la reputación de estas aves?

‘Las palomas son ratas con alas’. La mayoría de los cinéfilos atribuye la frase a Woody Allen, que las llamaba así en ‘Memorias de un seductor’ (1980). Pero la idea no es suya. La tomó prestada del imaginario urbano en el que echó raíces la metáfora después de que Thomas Hoving, comisario de parques y jardines de Nueva York, las definiese de esta manera en 1966, un año antes de convertirse en director del Museo Metropolitano de Arte.

Hoving remataba así la campaña de descrédito a la que se sometió durante buena parte del siglo XX a este ave que fuera mascota de la diosa Afrodita, vigía del Arca de Noé, alegoría del Espíritu Santo y símbolo de la Paz de la mano de Picasso... además de precursora del Whatsapp.

El sociólogo Colin Jerolmack, del Centro de Estudios de Posgrado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y experto en la relación del ser urbano con los animales en los paisajes de hormigón, explicó en 2006 cómo y por qué sucedió.

Lo hizo en un interesante ensayo titulado How pigeons became rats: The cultural-spatial logic of problem animals, publicado en la revista ‘Problemas Sociales’ de la Universidad de Oxford. Después de analizar los artículos referidos a estos animales publicados en ‘The New York Times’, entre 1851 y 2006, y los de otros 51 periódicos entre 1980 y 2006, Jerolmack analiza el proceso por el cual la paloma como especie fue “problematizada”.

Sostiene que “las palomas representan la antítesis de la metrópolis ideal, que está ordenada y desinfectada, con la naturaleza sometida y compartimentada. Si bien se ha tipificado como un problema de salud, el principal ‘delito’ de la paloma es que ‘contamina’ los hábitats dedicados para uso humano”.

Jerolmack concluye que la frase ‘ratas con alas’ “resume a la perfección las evaluaciones y ansiedades de la sociedad acerca de esta ave [...] reflejando un encuadre de las palomas por parte de los generadores de quejas que las pone ’fuera de lugar’ en el paisaje urbano [...] en la geografía imaginativa”.

Curiosamente, las palomas no fueron siempre la malas de la película. Al menos en Estados Unidos. El ave más odiada en el último tercio del XIX era el simpático gorrión común, recién introducido entonces allí y rebautizado como gorrión inglés.

Jerolmack es también autor de The globlal pigeon (2013), en la que después de más de tres años de trabajo de campo en tres continentes, rastrea nuestra compleja y a menudo contradictoria relación con estos animales en espacios públicos como la Plaza de San Marco de Venecia y Trafalgar Square, de Londres, y en las comunidades de clase trabajadora y de inmigrantes criadoras de palomas en Nueva York y Berlín.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios