Historia

Cuando se normalizó en la prensa de Cádiz la publicación de imágenes

  • 'Diario de Cádiz' fue el primero de la ciudad en montar su propio taller de fotograbado en 1926 y empezó a incluir dibujos y fotografías con inmediatez en sus páginas, acompañando los textos

Fragmento de un anuncio de 1926 en la prensa de Cádiz. Fragmento de un anuncio de 1926 en la prensa de Cádiz.

Fragmento de un anuncio de 1926 en la prensa de Cádiz.

Lo primero que debemos aclarar, respecto al título del artículo, es que no trataremos de los primeros fotograbados que se publicaron en la prensa local, ya que estos se habían elaborado en talleres profesionales de Madrid, a partir de 1894, o en ocasionales talleres artesanales de Cádiz, a partir de 1895 (de lo que dimos cuenta en otro artículo publicado en octubre de 2018).

Lo que aquí trataremos será de cuando un periódico gaditano, Diario de Cádiz, montó su propio taller de fotograbado y empezó a transformar, mediante un complejo proceso químico y mecánico, los dibujos y las fotografías en los clichés metálicos que podían pasar a ser entintados e impresos junto a las galeradas de texto del periódico. Un salto cualitativo en la prensa local que permitía que fotografías de personajes o acontecimientos ocurridos en la ciudad o en la provincia (tomados con las prácticas cámaras Kodak de fuelle plegable, que por aquellos días se publicitaban en la prensa con gran alarde tipográfico) con inmediatez pudieran acompañar los textos del Diario que sobre ellos trataban. Dándose casos que incluso la fotografía de un suceso de especial interés que había acontecido por la mañana, el mismo día ya apareciera como fotograbado en la edición de tarde del Diario.

Esta incorporación a la modernidad de la cultura de la imagen y el periodismo, acababa con la etapa anterior en que las noticias locales aparecían en los periódicos sin el acompañamiento de las imágenes correspondientes, mientras que, por otro lado, se insertaban imágenes impresas de hechos, ya sin actualidad, ocurridos en Madrid o en otras grandes ciudades, españolas o extranjeras. La diferencia era clara, mientras que para imprimir la fotografía de un asunto local había que mandar dicha fotografía a Madrid y esperar que la transformasen en cliché de impresión y lo remitieran a Cádiz (proceso lento y caro) los clichés de impresión con imágenes sobre "asuntos nacionales" las agencias de prensa los mandaban a Cádiz, aunque con cierto retraso, más barata y fácilmente.

Ejemplo de lo que acabamos de decir es que el 17 de julio de 1926 tanto El Noticiero Gaditano como el Diario de Cádiz, ofrecieron amplias y detalladas informaciones sobre la inauguración del moderno edificio del Balneario de Nuestra Señora de la Palma y del Real, que la Diputación Provincial había construido en la playa de la Caleta de Cádiz sustituyendo al de madera que allí mismo se montaban cada verano. Un extraordinario acontecimiento que reforzaba el modelo de "ciudad de veraneo", que pudo ser registrado por los particulares (pocos) que tenían una Kodak, pero edificio y acontecimiento de los que no se publicó ninguna imagen por carecer aún los periódicos de talleres de fotograbado.

Esta era la situación hasta que el 17 de diciembre de 1926 aparecieron impresos en la portada del Diario de Cádiz dos fotograbados, "con sus naturales imperfecciones" (que no eran pocas): un retrato fotográfico de perfil del músico gaditano Manuel de Falla y la fotografía, de José Reymundo, de la portada de un álbum de firmas, labrada en plata, que el Ayuntamiento le regaló al genial compositor con motivo de su nombramiento como Hijo Predilecto, que había realizado el orfebre gaditano Manuel Ruiz de los Ríos. Para lo que el músico vino a su ciudad y ofreció, en muestra de agradecimiento, dos históricos conciertos en el Gran Teatro.

Según manifestaba el director del Diario de Cádiz en ese mismo número, esas imágenes eran muestra de unas reformas importantes que venían haciéndose en la parte técnica del periódico desde hacía algunos meses, pero, estando el Diario muy próximo a cumplir 60 años y dado el júbilo popular de aquel homenaje a Falla, se había decidido publicar aquellas primeras muestras del nuevo taller de fotograbado. Informando que pronto se completaría dicha modernización con una rotaplana Duplex que por encargo se estaba fabricando en Suiza y que sería capaz de hacer la tirada ordinaria del periódico en una hora.

Pero aquellas primeras imágenes, con el taller completado y el nuevo personal técnico contratado, ya no dejo de funcionar: al día siguiente se publicó, mediante fotograbado, una interesante fotografía tomada por José Reymundo (al amanecer, sin la luz artificial del fogonazo de magnesio) de los escaparates iluminados del comercio de la calle San Francisco donde se mostraban al público modernos automóviles de la General Motor. Fotograbado al que le siguieron, hasta finalizar el año, el día 19 la fotografía del numeroso grupo de personas que integraban el Centro Obrero y una magnífica caricatura de Manuel de Falla realizada por su amigo el notable escultor gaditano José Luis Vassallo, el día 22 la reproducción de la carta manuscrita con que Falla agradecía públicamente el homenaje que se le brindaba, y el día 25 la fotografía de una jura de bandera que se había celebrado en el cuartel Fernando Primo de Rivera, de Jerez.

Mientras esto ocurría, en el otro periódico importante de la ciudad, El Noticiero Gaditano, sin la capacidad empresarial del Diario de Cádiz y entendiendo que debía ampliar el moderno atractivo de las imágenes, además de las fotografías que publicaba con los clichés metálicos que la agencia de noticias le mandaba desde Madrid, a partir del 13 de mayo de 1926 inició una sección de caricaturas, con el mismo procedimiento. Sección en la que pronto quisieron participar algunos dibujantes gaditanos: "Obran en nuestro poder varias caricaturas de espontáneos, algunos verdaderamente notables. Estas últimas y las que muestren más ingenio las iremos publicando, encareciendo a los que nos remitan sus dibujos que no se muestren impacientes, pues las tenemos que mandar a Madrid por carecer de talleres de fotograbado […] Nos permitimos aclararles que las caricaturas deben tener un tamaño poco menor del de un papel de carta comercial y el dibujo estar hecho con tinta china, pues cuanto más negros sean mejor resultan los clichés. Si no son así el que se ve negro es el fotograbador. También avisamos que no devolvemos los dibujos originales aunque no se publiquen".

Durante los meses siguientes de 1926 se siguieron publicando en El Noticiero Gaditano fotograbados elaborados en Madrid, siendo aproximadamente cuatro días el tiempo que tardaba el taller madrileño en remitir, para su impresión en el periódico, los clichés de las fotografías o las caricaturas que desde Cádiz se le mandaban.

Entre las caricaturas publicadas aquel primer año en El Noticiero Gaditano, encontramos las firmas de Bluff 26, Centellas, Luis Jiménez o Mel.

Por su parte, Diario de Cádiz, el 10 de marzo de 1927, insertó un anuncio en el que ofrecía su taller de fotograbado para hacer trabajos externos "a precios en competencia con los de las casas más acreditadas de Madrid y Sevilla" y, el 17 de abril, con motivo del 60 aniversario de su fundación, publicó un número especial acompañado de varias fotografías, dando cuenta del salto adelante que tecnológicamente había dado, añadiendo a las linotipias con las que desde hacía cinco años se hacía la composición, una rotativa plana, un taller de fotograbado y las instalaciones secundarias; lo que permitía, al ofrecer ediciones de mañana y tarde de mayor amplitud, dar también más espacio "a las informaciones gráficas que aportaban nuestros hábiles fotógrafos". Aunque el término "nuestros" no indicara vinculación por contrato laboral de todos ellos con la empresa, condición que creemos solo tuvo, en esta primera etapa del fotograbado, el fotógrafo Leonardo (Leonardo Sambonino Cano, 1889–1936, desde 1924 con estudio en Dr. Ramón y Cajal, nº 13, y reportero de La Unión Ilustrada de Málaga).

De todas formas, en el transcurso de 1927 encontramos en el Diario imágenes con las firmas de numerosos fotógrafos locales, unos ya "clásicos" y otros incorporados a la profesión desde hacía menos tiempo, que encontraron en las facilidades que ofrecían las nuevas cámaras y en el taller de fotograbado la posibilidad de obtener publicidad, prestigio y algún ingreso. Son los casos de Reymundo (José Reymundo González), Movellán (Enrique García de Movellán), Iglesias (Manuel Iglesias Antolínez), Fotolux (con estudio en San Pedro, nº 20) y El Trébol (Julio de la Torre, con estudio en San Francisco, nº 18). Siendo también de destacar las fotografías mandadas desde El Puerto de Santa María por Castroverde (Justino Castroverde García) y desde San Fernando por Quijano (Joaquín Quijano Párraga).

Finalmente, como ejemplo de esta moderna instantaneidad en la publicación de imágenes, tanto gráficas como fotográficas, que Diario de Cádiz consiguió con su taller de fotograbado, podemos citar el caso de la publicación, el primer día del carnaval de 1927, de la fotografía que Leonardo tomó del Pavo Real que, como gran escultura efímera, Antonio Accame acababa de levantar en la plaza de San Antonio. Publicándose al día siguiente una caricatura de Bellón sobre dicha obra y otros exornos del carnaval. Una inmediatez en la publicación de imágenes informativas, aunque de baja calidad, que naturalmente fue juzgada por todos como una meta alcanzada, y no como el comienzo del vértigo iconográfico, en calidad y cantidad, que hoy estamos viviendo.

Tags

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios