Cádiz

La ilusión de comenzar una nueva vida

  • Los inmigrantes acogidos en el polideportivo La Mirandilla esperan encontrar aquí el futuro que no tienen en sus países

Mariam Doumbia estaba ayer feliz e ilusionada, decía tener muchas esperanzas de futuro ahora que ha logrado llegar a Europa. Ella es una de los cien inmigrantes que desde la noche del lunes están acogidos de forma temporal en el polideportivo La Mirandilla, atendidos por técnicos y voluntarios de Cruz Roja. Un número de personas que a última hora de ayer se incrementó hasta 150.

Todos cruzaron el Estrecho de Gibraltar en patera la última semana. La mayoría son jóvenes y entre ellos se encuentra algún menor. Unos quieren quedarse en España e ir a ciudades como Madrid y Barcelona, otros se han marcado como objetivo llegar a otros países de la Unión Europea.

Ayer llegaron más subsaharianos al pabellón, que alberga ya a 150 personas

Es el caso de Mariam. Ella quiere ir a Francia porque familiares que han estado en aquel país le han dicho que "allí es más fácil todo". Esta joven tiene 21 años y es de Costa de Marfil. Contaba ayer que viajó en coche hasta Marruecos y allí se embarcó en una patera "con mucha gente". Para ella, el viaje "no ha sido muy malo". Espera poder encontrarse pronto con su marido, que está actualmente en Marruecos, a la espera de poder cruzar también el Estrecho.

Mariam comentaba que ella, como los demás, era consciente del riesgo que corría durante la travesía, pero "tenía que dejar mi país y venir aquí para tener alguna oportunidad en la vida". Ella quiere "estudiar, aprender, trabajar, formar una familia". Decía que su padre y algún otro miembro de su familia también están en España, pero no sabe donde.

La principal preocupación que tenía ayer esta joven era poder contactar con alguien de su familia, pero tenía dificultades porque con el teléfono que le facilitó Cruz Roja sólo podía hablar unos pocos minutos, y no contaba con conexión a internet. Decía que no sabía el tiempo que permanecería en Cádiz: "Depende de cuándo contacte con mi familia".

Ismaila Diokou, senegalés de 22 años, tampoco podía comunicarse con sus familiares. Él disponía de móvil propio, pero tenía problemas de conexión. Dos gaditanos se ofrecieron a ayudarle y fueron junto con otro inmigrante senegalés en busca de una red wifi para intentar conectarse a internet. El segundo joven lo consiguió en la plaza de la Catedral, pero Ismaila no pudo y recorrió junto a sus improvisados guías varias calles de la ciudad hasta que localizaron una tienda de su compañía telefónica con la esperanza de que allí le solucionaran el problema. Al no conseguirlo, lo intentaron en un establecimiento de reparaciones de móviles. Tampoco fue posible.

Ismaila contaba que él tiene una familia grande, con muchos hermanos, y necesitan dinero, pero en África no hay mucho trabajo. Ha atravesado el Estrecho para buscarse la vida aquí, pero no se ha marcado ningún destino ni objetivo concreto: "Si encuentro trabajo en Cádiz, me quedo aquí", decía.

Elhadji Mamadou conversaba con Ismaila. Este guineano de 25 años relataba que llevaba cuatro días en España y reconocía que el viaje había sido "nada fácil", "muy duro" y lo había pasado mal; pero quería venir a Europa porque en su país tenía muchos problemas. A él le gustaría quedarse en España y aprender nuestro idioma.

Otro joven de 18 años, también de Guinea Conakry, contaba que él todavía no sabía qué iba a hacer. De momento, ha cumplido su primer objetivo, que era abandonar su país porque "allí estaba mal. Allí no hay ninguna esperanza de futuro y aquí hay más opciones". Decía que en su país, jugaba en un equipo de fútbol profesional en el centro del campo, y tiene la ilusión incorporarse a algún equipo español.

Estos jóvenes, como el resto de personas que se encuentran estos días en La Mirandilla, anhelan que su estancia en Cádiz sea el punto de partida de una nueva vida.

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