Cádiz

Los horarios de apertura de la Catedral, adaptados a los turistas

  • El Cabildo facilita que el primer templo de la diócesis sea utilizado como casa de oración y también conocer el patrimonio artístico que conserva en su interior

La Catedral ha adaptado su horario a las visitas turísticas, por lo que el primer templo diocesano abrirá sus puertas de forma ininterrumpida de diez de la mañana a siete de la tarde de lunes a sábado, y los domingos también después de la celebración eucarística de las doce del mediodía.

El precio de la entrada es de 5 euros, reducido a 3 para mayores de 65 años, grupos mínimos de 20 personas, estudiantes y niños.

El Cabildo, consciente de que el primer templo diocesano es la Iglesia Madre de la diócesis, el lugar donde ubica la sede episcopal, pretende que sea utilizada como casa de oración por creyentes y no creyentes, y también dar a conocer su patrimonio artístico, como imágenes, cuadros, altares y enseres para su uso en las celebraciones litúrgicas.

Actualmente funciona también el reloj, ubicado en la Torre de Levante, restaurado por el relojero mayor de Algeciras y Tarifa José Luis Pavón, y el maestro ajustador José Martí, e igualmente se le ha dotado de nuevas manillas.

El edificio religioso empezó a construir en 1739, de acuerdo con el proyecto del arquitecto Acero, que asumió luego Gaspar Cayón y después su sobrino Torcuato Cayón, y no se terminó hasta 1838, siendo obispo fray Domingo de Silos Moreno.

Durante casi un siglo permaneció sin techo por falta de medios económicos y luego 18 años cerrada por el peligro de desprendimiento de piedras, lo que se solucionó gracias a unas redes de protección colocadas bajo el techo.

En su interior, divido en tres naves, destaca la sillería del coro, tallada por Pedro Duque Cornejo, y una imagen de San Bruno, obra de Martínez Montañés.

También resalta la custodia de plata de Antonio Suárez, que se conserva en la capilla de las reliquias.

Por otro lado, en la cripta reposan los restos de personajes gaditanos, como Manuel de Falla y José María Pemán.

El primer templo diocesano se considera el último eslabón de la cadena de las grandes catedrales españolas con las iglesias que se construyeron en la otra orilla atlántica.

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