Cádiz

Un futuro que se cocina a fuego lento

  • Tres semanas después de que la Escuela de Hostelería Fernando Quiñones se haya quedado sin la posibilidad de realizar clases prácticas, cinco alumnos explican cómo están llevando este problema

Si alguien sabe cómo se puede estudiar para cocinero sin tener a mano una cocina que se ponga rápidamente en contacto con la Diputación Provincial. Que dé la razón en la plaza de España. Que busque al responsable de la Escuela de Hostelería Fernando Quiñones, un centro que acoge a casi 200 alumnos de toda la provincia ubicado en el olvidado Valcárcel y, de paso, que le pregunte cómo es posible que durante años se haya permitido su deterioro, su envejecimiento, su ruina, con la eterna promesa de un traslado a otro edificio más digno, una ilusión que se ha ido consumiendo en el caldo de lo imposible. Y si nadie es capaz de levantar la mano para resolver el enigma que los políticos se pongan manos a la obra para encontrar una solución. Eso es lo que exigen los 190 alumnos matriculados en este grado formativo, en esta tabla de salvación para personas jóvenes, y no tan jóvenes, que buscan en la hostelería, en el sector servicios, en la que dicen ser la única industria que le queda a Cádiz, una oportunidad para entrar en el mercado laboral. Todos ellos llevan desde el pasado martes 13 de noviembre sin poder entrar en sus cocinas, unas cocinas viejas situadas en el aún más viejo Valcárcel, un edificio carcomido, un monumento a la incapacidad de sacar un proyecto hotelero ambicioso adelante en esta ciudad vieja y por el que corretean cucarachas como ratas y ratas como gatos. Hartos de estar hartos, estos alumnos llevan una semana en huelga indefinida, aún sabiendo que esto les puede costar el curso, que pueden repetir, que tarde o temprano deberán examinarse. Pero la pregunta es ¿cómo te examinas de cocina sin cocina?

Este medio tuvo la oportunidad de hablar con cinco de ellos para conocer sus vidas, sólo cinco casos particulares, un manojo de historias que reflejan la frustración de una situación intolerable para la que aún nadie ha aportado una solución real. Porque trasladar la escuela fuera de la capital no lo es, es dar una patada lejos de Cortadura al problema. Mientras su futuro se cocina a fuego lento, continúan paseándose vestidos de cocineros y camareros por las calles de Cádiz en busca de calor humano. El otro, el que emana de los fogones, deberán seguir soñándolo.

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