sociedad | informe sobre el número de personas sin hogar

La foto de una realidad que está en la calle

  • La Mesa de Personas sin Hogar realiza el tercer censo de sintechos, en el que contabilizaron en la noche del jueves a 125 transeúntes

La realidad de la calle es muy diferente a la que cada uno puede tener en su imaginario. Aunque se tenga una idea de la magnitud del problema de las personas que no tienen hogar y lo duro que resulta vivir sin prácticamente nada, hay que pisar el terreno para conocer directamente su situación. Esta labor la cubren multitud de entidades sociales que dan apoyo a los transeúntes para cubrir algunas de sus necesidades más básicas y darles algo de calor humano. Porque además de saciar el hambre o conseguir algún abrigo, la conversación y la empatía también son vitales para sobrevivir día a día en la selva de la ciudad.

Realizar una foto fija de los sintechos en Cádiz es muy complicado, ya que se entremezclan un buen número de personas que tienen su hogar establecido en las calles gaditanas con otras que van de ciudad en ciudad, ya sea por el tipo de vida que han decidido tener como por la búsqueda de unas mejores condiciones climatológicas para poder soportar los meses de invierno.

En la noche del jueves, las organizaciones que forman parte de la Mesa de Personas sin Hogar, que pertenece al Consejo Municipal de Inclusión Social del Ayuntamiento de Cádiz, realizaron el tercer censo de personas sin hogar. Un recuento que sirve para tener una ligera idea del estado de estos transeúntes, ya que, por su movilidad, es muy complicado conseguir un dato concreto. Aun así, el estudio permite conocer cuál es la situación para poder dar una respuesta efectiva. En esta jornada localizaron a 125 personas que tuvieron que dormir al aire libre y en los albergues de la ciudad, frente a los 106 que se contabilizaron en octubre de 2013. A pesar de la volatilidad de la cifra, saca a la luz un problema que sigue vigente.

El punto de encuentro para coordinar la acción fue el Centro de Acogida Municipal, en la plaza José Macías Rete. Antes de la salida a las nueve de la noche, se dieron las directrices oportunas para que la encuesta resultara lo más efectiva posible. La ciudad quedó dividida en cinco zonas que fueron peinadas por Calor en la Noche, Caballeros Hospitalarios, Cáritas, Cruz Roja y el Comedor Virgen Poderosa.

El centro de Cádiz se lo repartieron entre Calor en la Noche y Caballeros Hospitalarios, que trazaron una línea imaginaria formada por la calle Sagasta, la plaza de San Francisco y la calle Isabel La Católica. Calor en la Noche, la entidad a la que acompañamos, se ocupó de toda la zona que abarca los barrios de La Viña, El Balón y el Mentidero.

Al frente del grupo de voluntarios estuvo Manuel Mení, presidente de la asociación radicada en La Salle-Viña, uno de los veteranos que ha forjado un canal de ayuda desde la nada. Para la realización del censo contó con una decena de voluntarios que se dividieron en varios grupos. Un pequeño papel señalaba a los participantes los principales puntos en los que se concentran los sintechos: la plaza de Capuchinos, el Balneario de la Palma, la playa de La Caleta, el árbol del Mora, el Campo de las Balas, el paseo de Santa Bárbara y la plaza Cañamaque. Una labor que parte de la experiencia de salir semanalmente a repartir comida, café, caldo, ropa o mantas.

La noche, a pesar de estar metidos en el mes de noviembre, es muy agradable. Mení peina la zona con José Luis Pedreño, tesorero de Calor en la Noche. Teléfono en mano, Mení coordina la acción de los novatos. Junto a Pedreño van a buscar a los conocidos que viven en la calle. Su campo de acción era la playa de La Caleta, el árbol del Mora y el Campo de las Balas.

A las nueve de la noche marchan por la calle Pericón de Cádiz hacia la puerta de La Caleta. En ella, esperan encontrar a Rafael. Sin embargo, el temporal del pasado fin de semana se llevó por delante la escultura de arena que había creado. Y con él, esta persona decidió buscar otro lugar donde resguardarse. "Rafael es muy buena gente. Él lleva mucho tiempo viviendo en Cádiz. Lo conocí en San Rafael. Conseguimos que entrara en una comunidad terapéutica en Badajoz y quiso volverse a Cádiz", explica Mení. La búsqueda se vuelve infructuosa mientras Manuel da instrucciones al grupo que está en el entorno de Capuchinos.

Por la experiencia, reconoce Mení que en la actualidad habitan muchas menos personas la playa de La Caleta y el Balneario de la Palma. El motivo, las peleas que se formaban en los bajos de este edificio. Muchos indigentes han buscado la tranquilidad en el entorno de la plaza de las Tortugas.

En el camino se cruzan Manuel y José Luis con el grupo de voluntarios que se encarga de realizar el cuestionario en el Balneario de la Palma. Al frente está Pablo Sáenz, un voluntario de 21 años que lleva ya tres años trabajando con Calor en la Noche. A su lado están María Marín y Marta Fernández, dos estudiantes de 19 años del segundo curso del grado de Enfermería en Salus Infirmorum. Es la primera experiencia de ambas en una entidad de ayuda a sintechos, aunque anteriormente han participado en grupos de voluntariado. "Nunca he trabajado con personas sin hogar. En Jaén he estado con niños discapacitados en los hospitales. La experiencia ha sido buena y quería probar", explica María. Por su parte, Marta cuenta que "en verano estuve de voluntaria con niños con dificultades económicas y en centros de acogida. En Salus nos dijeron que si queríamos participar en el censo y me interesó".

Pablo recuerda perfectamente los nombres, las historias y las peticiones de las personas que atiende en Calor en la Noche. Marta y María, fruto de su inexperiencia, se sorprenden con cada relato. Porque no es rellenar un simple cuestionario, sino charlar y empatizar con ellos. Con una linterna, Pablo baja para buscar a los transeúntes para realizar el formulario. El primero que sube es un eslovaco que está de paso por Cádiz, con el que hablan en inglés. Su estilo de vida es la calle y marcha de ciudad en ciudad conociendo mundo. Su principal petición es conseguir una tarjeta de vuelo para ir a Canarias. "Me he llevado la primera en la frente. Quería seguir en la calle. ¿Quién no quiere un colchón y una cama? Es algo sorprendente", dice Marta con cierta incredulidad.

En otra bajada, Pablo contabiliza a seis varones que no quieren participar. La segunda persona que sube, que es conocida por Pablo, quiere mantener en la intimidad una historia complicada.

La tercera que habla con este grupo es un marroquí que lleva una semana en la calle al no tener trabajo. Tras 13 años en España, ha tenido muchos empleos temporales en aplicación de pintura industrial. Ha estado viviendo entre Cádiz y los pueblos del entorno, aunque los últimos dos años los ha pasado en la capital. Su petición es poder tener una casa propia. La conversación sirve para que Pablo le informe de los recursos y de lo que le ofrecen desde Calor en la Noche en las salidas que realizan los viernes.

Avanzada la noche, se incorpora Fran Treviño, que lleva tres años como voluntario en Calor en la Noche. Él presencia la última de las historias, la de un argelino. Su respuesta a la pregunta de por qué está en la calle deja atónita a María especialmente cuando esta persona hace referencia a su padre y se marcha. La lección de la noche le marca: "Ves la suerte que tienes".

Antes de dar por finalizada la noche, Pablo y Fran conversan con Antonio, otra persona que vive en la calle. "Voy a montar mis aposentos", les dice. Al filo de la madrugada regresan al Centro de Acogida Municipal para dar fe de la realidad de la calle.

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