Perfiles. Gaspar Santos Pereira, patrón de pesca

Un filósofo de la vida, sencillo y trabajador incansable

  • Con su mirada interrogante y su presencia estoica, nos anima para que, cuando estemos fatigados, descansemos conversando

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CON sus conversaciones salpicadas de agudas ironías, con sus actitudes amistosas y acogedoras, y con sus comportamientos calculadamente espontáneos, Gaspar ilustra aquel dicho popular según el cual "un gaditano puede nacer donde le dé la gana", pero, si es posible, es preferible que lo haga en Galicia. Como es sabido, allí vieron por primera vez la luz los regentes de nuestros típicos freidores y también de allí proceden muchos de nuestros patrones de pesca más "gaditanos" y más acreditados. Cuando apenas había cumplido los 16 años, vino a nuestra ciudad trayéndose un trozo de su pueblo, Bueu, situado en la Ría de Pontevedra, y, en sus duras faenas por los mares de Marruecos, Sahara, Mauritania, Senegal, Gambia, Guinea Bissau y Guinea Conacry, en el puente de un bou -barco de pesca de arrastre-, mientras, ansioso, buscaba los bancos de merluza negra, de langosta, de cachucho o de breca, componía e hilvanaba unas teorías que, ilustradas con jugosas anécdotas, le servían para mantener la serenidad y el buen humor, a pesar de la lejanía de su pueblo "gallego-gaditano" y de sus gentes queridas.

Hombre sencillo y trabajador incansable, Gaspar es una especie de filósofo de la vida. Desde la perspectiva que le proporcionaba la privilegiada atalaya de puente de mando, contemplaba y analizaba esas otras actividades que, a pesar de que se desarrollaban en la tierra firme, eran, a veces, tan complejas y tan peligrosas como las inseguras faenas que él ejecutaba en aquellos fortuitos mares. Ahora, cuando ya disfruta de su ansiada jubilación, pasea diariamente por la avenida de Andalucía, acompañado de sus paisanos Vicente y Antonio, rememorando cada una de las peripecias pesqueras. Una y otra vez cuenta cómo, a los 16 años, se embarcó desde Cádiz en una baca para pescar gambas en la costa de Marruecos, y cómo logró hacer la mili en el Instituto Hidrográfico de la Marina con el fin de estar cerquita de su novia, o cómo, ahorrando unas perrillas y estudiando día y noche, fue alcanzando, sucesivamente, los títulos de patrón de litoral, de patrón de costa, de patrón de altura y de patrón de pesca.

Gaspar es un ciudadano que, consciente de las repercusiones de sus complejas tareas, anda, piensa y actúa despaciosamente, sin vacilaciones y sin impaciencias, tanto cuando transita por los senderos de los trabajos profesionales como cuando se entrega a las labores familiares. "Para navegar por la vida -le hemos escuchado decir- prefiero andar con pasos lentos y asegurarme en el suelo de la realidad sin perder el rumbo marcado por las convicciones que me inculcaron en la niñez". Por eso le resulta fácil evitar sucumbir a las corrientes de los vientos de las modas o a los destellos de las luces de la publicidad. Es un conciudadano nuestro que, apoyado en el rigor, alentado por la autoexigencia y estimulado por cierto sentido romántico, asume la vida como un relato en el que busca siempre el equilibrio entre las palabras y los hechos.

Me recuerda al Séneca, a aquel personaje televisivo que, inventado por José María Pemán, encarnó Antonio Martelo. Fíjense, no sólo en la claridad con la que habla, sino también en el sentido común con el que formula sus afirmaciones ponderadas y expresa sus sensatos juicios sobre los asuntos cotidianos: sobre el trabajo, sobre la familia, sobre la diversión, sobre el amor o sobre el paso del tiempo. Este gaditano nacido en Galicia es uno de esos seres normales que, a base de privaciones, de trabajo y de sueños, se ha construido como persona y como personaje. Y es que, a mi juicio, ha desarrollado la difícil habilidad de extraer todo el jugo a los episodios de la vida de cada día por muy insignificantes que, a primera vista, aparenten ser. Gaspar es un ser humano, cercano y discreto que, con su mirada interrogante y con su presencia estoica, nos anima para que, cuando estemos fatigados de trabajar, descansemos conversando.

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