laboral Efectos del retraso de la apertura del geriátrico del Obispado

Entre la excedencia o la nómina

  • Tres trabajadoras de San Juan de Dios relatan los problemas que conlleva su incorporación a los nuevos puestos de trabajo en Sevilla o Tenerife ofrecidos por Gerón hasta que se concierten las plazas de Cádiz

Lo tenían todo preparado para retomar su actividad en su lugar de siempre, su hospital de San Juan de Dios. Habían aguantado conflictos, dudas y obstáculos durante los años que ha durado la obra y el período de reconversión de hospital a geriátrico. Durante semanas se habían formado para adaptar su trabajo a los protocolos y requisitos específicos que requiere la actividad geriátrica... Y de pronto, cuando el túnel estaba prácticamente salvado, llegó el varapalo. La Fundación Gerón no podía aguantar más tiempo en un equipamiento como San Juan de Dios cerrado y sin plazas concertadas.

La plantilla de 47 trabajadores de San Juan de Dios afronta ahora un nuevo cambio en el rumbo de su futuro laboral. Si quieren seguir cobrando una nómina, 22 de ellos tienen que trasladarse el próximo lunes a Sevilla o a Tenerife. O eso o una excedencia (sin cobrar nada, claro). El resto está a la espera de conocer sus destinos. Y en medio de todo esto se esconden historias que no hacen nada fácil la decisión de hacer las maletas y marcharse de Cádiz.

Josefa González tiene 63 años y era cocinera en el hospital. La Fundación Gerón le ha ofrecido un puesto de trabajo en la residencia que gestiona en Tenerife. Pero ella no se quiere ir. "Soy diabética, tengo problemas cardíacos y, la verdad, no tengo edad de irme para allá". Josefa vive sola, tiene dos hijos que están en el paro y acumula varios episodios de depresiones. En estos meses le ha costado mucho hacerse con el nuevo sistema de cocina, porque "el protocolo es muy fuerte y hay que tener mucha cabeza". Y ahora se debate entre dejar el trabajo o marcharse a Tenerife sola y con sus 63 años. "He pedido la prejubilación, pero nada. Y si no me voy no tengo paro ni ayuda ninguna. Te cambia totalmente la vida. Nos están humillando al máximo. Y yo tengo ya una edad, pero otros compañeros que son más jóvenes...", comentaba ayer Josefa en presencia del resto de compañeros.

María Jesús Ferrari es otra trabajadora del antiguo hospital de San Juan de Dios. Tiene 41 años y es gerocultora, y al igual que Josefa su futuro laboral, seguir cobrando una nómina, depende de un traslado a Tenerife. En el caso de María Jesús, responsable de una familia monoparental, un pequeño de ocho años y unos padres "muy mayores" como para hacerse cargo de él son los principales problemas a la hora de tomar una decisión. "Cuando esté de turno de tarde y de noche en Tenerife, ¿qué hago con el niño, a quién conozco yo en Tenerife para dejarlo a su cuidado?", se pregunta reflexionando en voz alta sobre la propuesta de Gerón. Además, los siete empleados que se incorporarán en la isla canaria podrán alojarse en la propia residencia, lo que resta las posibilidades de trasladarse con su hijo. Así las cosas, María Jesús ha optado por solicitar una excedencia de un mes, confiando en que en ese período la Junta concierte las plazas y San Juan de Dios abra al fin sus puertas. "O que alguna compañera me cambie el destino, porque a fin de cuentas Sevilla es un mal menor", apunta. "Es una tortura psicológica", añade esta gerocultora, que recuerda que lo ocurrido con San Juan de Dios "fue de un día para otro". "Un día pensábamos que abriría a mediados de mes y al día siguiente llegó el varapalo".

Varapalo también es el que ha sufrido Carmela, otra auxiliar de enfermería de 50 años que han trasladado a Sevilla. Ella es viuda desde los 29 años y tiene tres hijos. Dos de ellos están parados y sin ayuda ninguna. Y la tercera está en un programa de drogodependencia en Holanda, habiendo dejado aquí un niño de 6 años que es hiperactivo. El padre del menor está en prisión y ella es la tutora legal, "su madre".

Con 278 euros de pensión de viudedad, el sueldo de Carmela es el único que entra en la casa. Ella mantiene a toda la familia y ahora se ve obligada a irse a Sevilla y dejar al pequeño bajo la tutela de sus abuelos paternos. "No puedo pedir una excedencia. No tengo otra opción que la de irme. O te vas o no cobras. Si pudiera cuidar a alguien, o cobrar el paro... pero nada", explica Carmela, que en todo este asunto "no le echo la culpa a nadie, pero no se dan cuenta de lo que uno aguanta". "Tenemos un puesto de trabajo, y simplemente con una firma se solucionaría todo", comenta entre lágrimas Carmela, que se ha propuesto ser fuerte, "pero no puedo".

Lágrimas también hubo por doquier ayer en unos trabajadores que al mismo tiempo son padres de familia, el sustento económico de una casa que ahora se ven obligados a dejar para poder seguir cobrando una nómina. Por eso, seguirán demandando a la Junta que firme el concierto de plazas de San Juan de Dios que les permita cumplir con sus trabajos y al mismo tiempo con sus obligaciones familiares en Cádiz.

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