Cádiz

La difícil protección etnológica

El nuevo PGOU vigente desde hace un año en la ciudad incluye por primera vez la "protección etnológica". Es éste un catálogo complicado como el propio objetivo del mismo: "Se trata de identificar y salvaguardar modos de vida cotidianos u oficios o formas de ejercerlos sometidos a los procesos evolutivos de toda cultura, la pervivencia de los cuales puede estar amenazada por cambios culturales que pueden ser percibidos como beneficiosos por la sociedad".

El mismo documento reconoce que este inventariado resulta complejo, sobre todo cuando una parte del mismo "corresponde a costumbres o celebraciones inmateriales que, sin embargo, pueden llevarse a cabo en espacios materiales y que, en casos como los rituales religiosos procesionales, se desarrollan sobre amplias zonas de la ciudad".

Una parte importante de los elementos incluidos ya no existen o han cambiado de ubicación. En este sentido, desde el Ayuntamiento se destaca que "lo que se protege es el nombre, la marca", no la construcción en sí. Ello ha permitido que, por ejemplo, el histórico puesto de churros de La Guapa se haya demolido dentro de la remodelación del mercado central y se haya sustituido por un local de nueva planta, donde sí se ha mantenido el nombre. Y ello permitirá en su día que se derriben las viviendas del barrio de San Severiano, a pesar de su protección etnológica, si se pretende mejorar la habitabilidad en esta zona, y se recuerde su importancia arquitectónica e histórico con algún monolito.

Lo cierto es que hay elementos etnológicos que ya no existen físicamente, como el Cementerio de los Ingleses, la Cueva del Pájaro Azul, el cine Municipal, la Relojería Alemana o Dubois.

También están protegidos los lugares relacionados con la explosión de 1947, las peñas carnavalescas del barrio de La Viña, el Campo del Sur, La Caleta, las salinas y marismas, la erizada o la ostionada.

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