La Historia de Cádiz

La dejación pública pone en riesgo el patrimonio histórico en Cádiz

Jóvenes estudiantes visitando el pasado octubre el Teatro Romano Jóvenes estudiantes visitando el pasado octubre el Teatro Romano

Jóvenes estudiantes visitando el pasado octubre el Teatro Romano / Julio González

En 1978 el casco antiguo de Cádiz fue declarado Conjunto Histórico Artístico. La peculiaridad de esta ciudad hizo que el entonces Ayuntamiento (todavía predemocrático) mostrase su rechazo a esta calificación al considerar que afectaba a su desarrollo urbanístico.

Dos décadas más tarde comienza a moverse entre distintos colectivos ciudadanos la promoción de Cádiz como Patrimonio de la Humanidad. Los tiempos, afortunadamente, habían cambiado y el Ayuntamiento sí apoyó entonces esta iniciativa.

Algo más de dos décadas después, aquí estamos. Con nuestro flamante título de Conjunto Histórico Artístico inservible y sin visos de ser Patrimonio de la Humanidad. Ni la ciudad, ni su Carnaval, ni su relación con la historia constitucional.

En este tiempo, la ciudad sí ha sido capaz de gastarse 70 millones de euros en construir un nuevo estadio de fútbol, por ejemplo.

Es cierto que no estamos en los años cincuenta del pasado siglo, cuando ya se alertaba del estado ruinoso del arco de los Blanco, cuya capilla aún se mantenía en parte en pie, y en lugar de actuar se dejó caer; o cuando se construía a pie de la muralla, Monumento Nacional entonces, una guardería infantil... aunque tal vez sea eso era mejor que haber convertido este foso en un espacio reservado para los perros.

Pero también es cierto que la protección del patrimonio histórico, su recuperación y su utilización como motor económico, social, cultual y turístico de la ciudad apenas ha avanzado en estas últimas décadas, siempre con actuaciones esporádicas, la gran mayoría sin una planificación de futuro, cuando el Ayuntamiento del PSOE rehabilitó el paseo superior de la Puerta de Tierra y lo cerró a la semana de su apertura al no contar con medios para su protección, otro ejemplo.

Hay ejemplos especialmente dolorosos, especialmente vergonzosos, por los que la ciudad ha dejado de ingresar una alta cantidad de dinero procedente de un turismo desaprovechado. Es el Teatro Romano, localizado hace cuatro décadas bajo el suelo del Pópulo. La inoperancia de la administración ha impedido que las excavaciones se hayan completado. Que todavía no se cuente con un Centro de Interpretación adecuado y que Cádiz no sea referente en el relato de la presencia del Imperio Romano en Hispania. El listado de promesas realizadas desde la administración regional respecto a esta joya de la ciudad es demasiado largo para ser recordada.

O el desprecio hacia nuestras murallas, hacia nuestras fortificaciones. Cierto es que en su día el Ayuntamiento recuperó Santa Catalina y Candelaria, pero nunca se les ha sabido exprimir su potencial de la forma más adecuada, por muchas cifras de visitantes que se den.

En todo caso, nada que ver con el castillo de San Sebastián. Decían que iba a ser el Guggenheim gaditano, el gran polo de atracción de la ciudad, el referente del constitucionalismo. Ahí está: cerrado desde hace años, incrementando mes a mes su deterioro y, con ello, el coste de su recuperación que se cuantifica en varios millones de euros, una cantidad que no está dispuesta a soltar el Estado, como propietario que es, ni puede asumir el Ayuntamiento, que es quien quiere abrirlo cuando antes.

Claro que el Ayuntamiento tampoco se gasta ni un céntimo en mantener el frente de la Puerta de Tierra, desgastado ya tras la última intervención que se hizo en la muralla hace cerca de dos décadas.Frente a esta dejación de todas las administraciones públicas a la hora de cumplir con su obligación de mantener el patrimonio histórico de la ciudad , esta semana se conoció a través de este diario la localización de restos fenicios con un gran valor histórico.

El puerto y restos del canal Bahía-Caleta en una imagen única dentro de un complejo con restos también de la época medieval. El plan del empresarios es poner en valor este conjunto, unido al uso hostelero primitivo del local. Habrá que estar atento. Ver cómo lo hace y el apoyo que pueda tener de las administraciones. Podía ser un ejemplo de cómo tratar el patrimonio de la ciudad.

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