Cádiz

La crisis derborda los servicios sociales municipales

  • A los demandantes de ayuda habituales se han unido muchas familias que han perdido su estabilidad económica

A mediados de este año se acabó el presupuesto de la Delegación de Servicios Sociales, que se ha visto obligada a pedir un crédito para finalizar el año “y no dejar a tanta gente en la calle”. Para el año que viene espera la Delegación un aumento de sus partidas en los presupuestos municipales. La crisis está haciendo estragos, va para largo y, como apunta Pilar Tubío,

coordinadora general de los Servicios Sociales municipales, “lo peor está por venir, sobre todo cuando a muchos se les acabe la prestación por desempleo”. Parejas que llegan a un despacho, cuentan sus problemas y a medida que transcurre el relato se echan a llorar. Es un caso cada vez más usual. Lo mismo que el de matrimonios con hipotecas que no pueden pagar, ponen la casa en venta y se van a vivir de nuevo a casa de sus respectivos padres. Pasan los meses y el piso no lo venden, por lo que no logran resolver sus dificultades económicas.

Carmina Moncada, jefa del SIVO (Servicio de Información, Valoración y Orientación), la puerta de entrada de la petición de ayudas, destaca que después de 20 años de trabajo no ha visto “una situación tan angustiosa como la actual. No damos abasto. Los días de atención y los trabajadores siguen siendo los mismos”, apunta Moncada. Al respecto, Mercedes Colombo, teniente de alcaldesa delegada del Área de Familia, apunta que “no nos transfieren competencias ni las financian, pero las asumimos. Para becas en comedores de colegios públicos no damos ayudas, pero sí nos pide la Junta los informes sociales que les sirven para ellos adjudicar las becas. Para hacer los informes, nuestros trabajadores pierden un tiempo precioso que podrían ocupar en otros temas. No queremos dinero, pero sí personal para elaborar los informes”.

Si en 2007 el SIVO atendió a 6.244 personas, Servicios Sociales estima que a finales de año se contabilizarán en torno a 7.500 peticiones de ayudas. Son solicitudes individuales a las que hay que añadir en la mayoría de los casos personas a su cargo. Las ayudas tramitadas a viviendas como pago de alquileres e hipotecas en prevención de desahucios o embargos casi se han duplicado en un año, pasando de 789 a 1.230.

El SIVO ha percibido que muchos de los demandantes de ayudas son desempleados de los sectores de la construcción y el comercio, así como empleados de inmobiliarias y empleadas del hogar que han perdido su puesto de trabajo porque en las casas donde trabajaban se han quedado en paro alguno de los cónyuges, que ha prescindido de sus servicios para realizarlos ellos mismos.

Del verano hacia acá se ha recrudecido especialmente la situación. Habitualmente al SIVO acudían personas con dificultades para entrar en el mercado laboral, con escasa formación y dependientes de la economía sumergida. Igualmente, con problemas de pago de vivienda. Ahora, muchas personas acuden por primera vez, con una mayor formación, con sueldos o en situación de desempleo, con cargas familiares y dificultades para pagar recibos. Han perdido la estabilidad laboral y demandan ayudas para el alquiler o las hipotecas en prevención de embargos o desahucios.

“No podemos desatender a los demandantes ‘crónicos’, los que siempre están ahí sin habilidades personales ni formación para encontrar un empleo. Ocurre que a ellos se unen los demandantes de nuevo perfil y estamos desbordados”, indica Colombo.

Unidades familiares que han vivido de forma desahogada con dos sueldos en la casa más que decentes han visto cómo los dos progenitores se han quedado en el paro. Igualmente se contabiliza un aumento de separaciones en matrimonios jóvenes que se han encontrado con dificultades económicas por desempleo después de haber adquirido una vivienda.

La crisis económica conlleva otra crisis psicológica y social. “Percibimos la desesperación en quienes no están acostumbrados a acudir en demanda de ayudas sociales. Para ellos es una situación de desesperación que transmiten a los profesionales de los servicios sociales”, dice por último Carmina Moncada.

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