Política municipal

El continuo dedo en el ojo de Ganar Cádiz

  • Desde las barbacoas a las medallas del Nazareno y la Patrona, los servicios sociales y las ayudas a las cofradías entre otras han sido criticadas por la formación de Martín Vila sin respuesta hasta ahora

El equipo de Gobierno que tomó posesión en junio de 2019.

El equipo de Gobierno que tomó posesión en junio de 2019. / Joaquín Hernández Kiki

Los desencuentros entre la parte que representaba antes a Podemos y ahora a los anticapitalistas y Ganar Cádiz vienen casi desde el mismo momento en el que accedieron al Gobierno de la ciudad. Incluso se puede fechar antes cuando los dos grupos no llegaron a un acuerdo para ir en una lista conjunta a las elecciones como sí ocurrió cuatro años después.

El primer gobierno estaba formado por ocho ediles de Por Cádiz sí se Puede y dos de Ganar Cádiz pero el botín que consiguieron estos en el reparto de competencias fue importante. La primera tenencia de Alcaldía y concejalías como las de Urbanismo y Vivienda entre otras. Sin embargo, no consiguieron la joya de la corona, Servicios Sociales, hasta este segundo mandato.

Lo de lavar los trapos sucios en casa nunca ha sido el fuerte de Ganar Cádiz, que siempre ha sido proclive a criticar a sus socios de Gobierno a la mínima oportunidad. Eso sólo ha ido en una dirección, ya que desde la parte que lidera Kichi se adoptaba una actitud estoica en público. Así, el alcalde siempre ha tratado de dar normalidad e incluso se venía a decir que era algo de la nueva política. Lo máximo fue un “lamentable” que salió de la boca de Ana Fernández a unas críticas que hubo por la gestión en Servicios Sociales.

Sin embargo, con el despido de las dos empleadas de Servicios Sociales la situación ha cambiado de manera radical, ya que es la primera vez que ha habido una andanada de la facción del alcalde a la otra parte.

Que Ganar Cádiz haga públicas sus desavenencias en la forma de gestión del equipo de Gobierno del que ellos mismos forman parte tiene su explicación en la propia manera de ser de esta formación. Ganar Cádiz responde a la suma de colectivos y personas que vienen desde muchos ámbitos con la suma de Izquierda Unida, de donde venía Martín Vila. Es un movimiento asambleario donde el programa político sí tiene una importancia vital. Todo lo que sea desviarse del mismo y romper con sus idearios, supone un problema. Mientras que en la parte de Kichi y compañía se ha roto con unos círculos que desaparecieron a los pocos meses de llegar al poder, en Ganar Cádiz se sigue respondiendo ante su asamblea.

Las primeras críticas llegaron muy poco tiempo después de que tomaran posesión en el ayuntamiento. La gestión de las barbacoas y que no se erradicaran de golpe y, sobre todo, que el alcalde recibiera la medalla del Nazareno de Santa María en un acto tradicional que se hacía con todos los concejales de la Corporación, abrieron el fuego.

El tema religioso ha sido una constante en todos estos años y también se escenificó la diferencia en este ámbito cuando el Pleno del Ayuntamiento de Cádiz aprobó la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad a la Virgen del Rosario, Patrona de Cádiz. En aquel entonces lo que hicieron los dos concejales de Ganar Cádiz fue votar en contra, mientras que los de Por Cádiz sí se Puede tomaron la postura contraria.

El último desencuentro en este terreno ha tenido lugar hace escasamente un mes, cuando el equipo de Gobierno decidió que se siguieran dando las ayudas a las cofradías pese a que este año no se habían llevado a cabo desfiles procesionales por la pandemia.

Hubo otra sorprendente cuando salió a la palestra de que se pudiera crear la figura del dios del Carnaval, a imagen y semejanza de lo que se hizo muchos años en versión femenina.

En Servicios Sociales también ha habido dos tirones de oreja. Uno de ellos fue cuando la Asociación Pro Derechos Humanos, algunos de cuyos miembros han participado en Ganar Cádiz, hicieron críticas por la gestión que se estaba haciendo en este área. El siguiente paso que hizo la formación liderada por Martín Vila fue recoger estas quejas y presentarse como intermediarios ante el alcalde, algo que tampoco hizo mucha gracia. La eliminación de las zonas de transformación social, la culpa por los retrasos en los presupuestos y ahora el despido de las dos trabajadoras. Una larga lista de agravios que ahora ha tenido una respuesta firme.

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