Sociedad | La atención a las personas en exclusión social

Entregados a la necesidad más básica

  • Los comedores sociales realizan un enorme esfuerzo para atender a las personas más desfavorecidas

  • La financiación es su principal problema para mantener su actividad

Una voluntaria de Amigas al Sur entrega el menú del día a una usuaria. Una voluntaria de Amigas al Sur entrega el menú del día a una usuaria.

Una voluntaria de Amigas al Sur entrega el menú del día a una usuaria. / Lourdes de Vicente

Muchas personas se ven obligadas a ir a diario de entidad en entidad social para poder cubrir sus necesidades más básicas. Las organizaciones que trabajan con las personas más desfavorecidas sirven de colchón para poder paliar su situación. Una labor encomiable que supone un gran esfuerzo y que se realiza en la gran mayoría de las ocasiones a duras penas por los problemas de financiación, ya que dependen de las subvenciones públicas y de los donativos particulares.

Las personas que se encuentran en el escalón más bajo de la sociedad, aquellas que sufren una extrema exclusión social, deben acudir a los comedores sociales para cubrir su necesidad más básica. Esto es posible gracias a la red de colectivos que se encargan de proporcionarles a diario el desayuno, el almuerzo y la cena. En estos centros no se nota la salida de la crisis, tal y como se confirma desde las propias entidades, ya que el número de atenciones se mantiene inalterable al convertirse casi en crónicas las situaciones que viven estas personas.

Cinco organizaciones trabajan en la ciudad prestando este servicio. La gran mayoría se concentra en el casco antiguo, con la excepción de Amigas al Sur, que trabaja en el Cerro del Moro.

El día empieza en el local que Calor en la Noche tiene en la calle Regimiento de Infantería de Cádiz, en donde se ofrece el desayuno. Éste es el comedor más reciente, ya que se puso en marcha hace dos años. A diario pasan por estas instalaciones más de 80 personas. De ellas, según apunta el presidente de este colectivo, Manuel Mení, entre el 70% y el 80% de los usuarios acuden regularmente al centro, mientras que el resto suelen ser personas que están de paso en Cádiz. Sobre su experiencia cuenta que “nunca habíamos imaginado que esto fuese como ha ido, sobre todo por el trato tan personal y el ambiente de hogar que se respira aquí. Ellos se sienten como en su propia casa”.

Una de las principales patas que permite a esta entidad poder mantener su actividad es contar con un número importante de socios que la mantienen pagando sus cuotas. En la actualidad, esta entidad cuenta con más de 100 socios. “No tenemos problemas económicos porque hemos hecho un colchón de socios, que eso es fundamental, aparte de las subvenciones y la buena gente que colabora con nosotros económicamente y con alimentos”, resalta. Todo no se queda en proporcionar un simple desayuno, ya que Calor en la Noche también cuenta con un punto de información para atender las necesidades personales en cuestiones como las prestaciones económicas, la entrega de ropa, un servicio de peluquería o la atención médica.

El almuerzo está cubierto de lunes a domingo por el comedor Virgen Poderosa, de las Hijas de la Caridad. Diariamente, entre 85 y 90 personas almuerzan en este centro de la calle María Arteaga, en donde también se ofrece ayuda con alimentos para familias con menores y atención social en diferentes cuestiones. Además, cuenta con una ropería. Con todo, según expone Lucía Reinado, trabajadora social del comedor, cerca de 2.000 personas pasan anualmente por este lugar para recibir algún tipo de atención.

Sobre el funcionamiento del comedor, resalta Reinado que tras 29 años de vida “intentamos que el servicio sea mantenido en el tiempo”, contando especialmente con “el respaldo de la comunidad de las Hijas de la Caridad”, aunque “también necesitamos de la ayuda de los particulares”.

Aunque es complicado trazar un perfil del tipo de personas que acuden diariamente al comedor, sí explica Reinado que “sobre todo atendemos a hombres, con una edad de entre 45 y 65 años. Hay personas que están solas y que están en una situación de desempleo de larga duración que han terminado de recibir las ayudas sociales. También tenemos a muchas personas que están percibiendo pensiones no contributivas o ayudas de 450 euros y familias con todos sus miembros en paro desde hace mucho tiempo”.

En un momento en el que se habla del avance económico y la salida de la crisis, Reinado reconoce que “nosotros aquí no lo estamos notando”, ya que “se sigue manteniendo el número de atenciones a familias tras el repunte de los años más duros de la crisis”. De hecho, argumenta que “las personas que llevan tiempo en desempleo van cumpliendo una edad y con 45 años es cada vez más complicado acceder a un puesto de trabajo. Las posibilidades se van reduciendo y las prestaciones se van agotando”.

Respecto a cómo se lleva el mantenimiento del comedor, comenta Reinado que el principal problema es la demora de las administraciones para el pago de las subvenciones, a lo que une que “cada vez acceden más entidades, aunque no se aumentan las partidas económicas, por lo que cada vez tocamos a menos dinero”. Por ello, remarca que “siempre tenemos que tirar de la aportación de las Hijas de la Caridad, aunque cada vez son menos”. Con todo, señala que “se intenta dar un servicio de calidad, pero siempre desde la austeridad”.

De la cena se encarga la Fundación Virgen de Valvanuz. Por este comedor, en la calle Santiago, pasan entre 70 y 80 personas de lunes a viernes. Además, cuenta con un despacho social para atender a personas con pocos recursos y se entregan bolsas de alimentos dos días a la semana. Sobre la actividad de esta entidad, su responsable, Mila Aragón, relata que “desde 1983 han pasado muchas cosas. Empezamos atendiendo a 30 personas en el patio de la fundación. Fuimos creciendo y tuvimos que adaptar unas habitaciones que teníamos al lado de la cocina para hacer un comedor y empezar a funcionar como comedor social”, superando con creces en la actualidad el número de atenciones.

Sobre el cambio que se ha producido en los últimos años a cuenta de la crisis económica, señala Aragón que “hace cuatro años aumentó muchísimo el número de familias que atendíamos. Ahora, la situación se está normalizando, ya que hace cuatro años atendíamos entre 500 y 600 familias y ahora atendemos a unas 300”. Este cambio se debe, según su opinión, a que “se están dando más recursos, ya que hay muchas asociaciones que ayudan y las familias se van dispersando”.

Respecto al funcionamiento de la entidad, Aragón reconoce que pasa “por una situación económica bastante mala”. Esto se debe a que “la subvención de la Junta no se ha ingresado y la del Ayuntamiento, ídem de lo mismo”, a lo que une los problemas para contar con las cuotas de los socios por diversos motivos. Sin embargo, en el apartado solidario, sí asegura que “no nos podemos quejar cuando solicitamos algo y hacemos un llamamiento porque necesitamos mantas y ropa de abrigo o interior para las personas del comedor. La gente es muy solidaria y comparte mucho con nosotros”.

Fuera de estos tres comedores, también realiza una labor similar la Asociación Provincial de Jubilados y Pensionistas de Cádiz (UDP), que en su sede de la calle Rosa cuenta con un comedor social para atender a personas mayores del barrio de La Viña. Esta entidad cuenta hasta final de año con la subvención del 0,7% del IRPF destinado a fines sociales. En este caso, el funcionamiento es diferente, ya que los 53 usuarios que acuden al centro realizan una pequeña aportación económica en función de sus ingresos. El presidente de la entidad, Juan Fernández, reconoce que “ya está normalizada la cosa” tras admitir la Administración autonómica el recurso que interpuso esta organización tras denegarle la subvención en primera instancia.

Del funcionamiento del comedor, Fernández destaca que “estamos cubriendo una necesidad de las personas mayores. Las asociaciones llegamos a donde no llegan las administraciones. Aquí, el voluntariado hace un papel muy importante, ya que le llevamos la comida a personas con problemas de movilidad”.

Fernández admite que el funcionamiento del comedor está condicionado a las aportaciones públicas y de los usuarios, por lo que dependen de que las subvenciones lleguen a tiempo. “La Administración es muy lenta”, asevera el presidente de la UDP, a lo que une que “a las asociaciones más modestas nos daña que las subvenciones son por concurrencia competitiva”.

Por último, el único servicio de comida en extramuros lo proporciona Amigas al Sur, ubicada en el Cerro del Moro. En 2014, esta asociación se constituyó legalmente para regularizar su actividad. En la actualidad, atiende a 136 personas al darles el almuerzo para que se lo lleven a sus casas, además de entregar los viernes el desayuno para los niños para toda la semana. Por otra parte, también ofrece talleres de pilates y atención personalizada a mujeres con diferentes necesidades. De fondo, el objetivo de esta entidad es poder montar una empresa de catering para dar trabajo a las personas de este barrio.

La responsable de Amigas al Sur, Pepa Fernández, cuenta que desde que se formalizaron como asociación “ahora es cuando nos están viniendo las subvenciones”, lo que ha supuesto un importante avance para el colectivo. “Antes, abríamos la despensa y no teníamos nada. Ahora, tenemos a donde acudir. Antes, todos los días teníamos que pensar el menú que íbamos a poner y, ahora, en el fin de semana ya tenemos concretado el menú para la semana siguiente. Es un descanso mental”.

Sobre su funcionamiento, reconoce que depende de cuando llegan las subvenciones, aunque “si no las tenemos, tiramos como podemos. Mercadona ahora nos está ayudando trayéndonos los productos que van a caducar para aprovecharlos. Además, tenemos a particulares y colectivos que siempre están pendientes de nosotros”.

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