Cádiz

La ciudad sin tiempo

  • Numerosos proyectos, que habrían impulsado a Cádiz, se eternizan en su desarrollo

  • Colectivos reclaman una mejor defensa de las inversiones

La ciudad sin tiempo La ciudad sin tiempo

La ciudad sin tiempo

El soterramiento de la vía del tren a su paso por Cádiz, reclamado por la entonces recién llegada a la Alcaldía Teófila Martínez, se diseñó y construyó en un plazo récord, por menos tiempo del previsto para las obras y con un coste inferior al presupuestado. Un sueño para cualquier gestor y para cualquier obra pública. Pero, a partir de ahí, el vacío.

No descubrimos nada sobre el creciente número de grandes proyectos urbanos que pueblan la historia más reciente de Cádiz. Las páginas de este periódico están llenas de informaciones sobre los mismos. De la ilusión creada por la mayoría y de la decepción provocado por el retraso a la hora de convertirse en realidad.

El listado es largo y conocido. Casi podríamos diseñar una nueva ciudad con todo lo anunciado e incumplido en Cádiz. Desde un gran hospital pasando por un numeroso número de hoteles. De un gran complejo judicial hasta un muelle integrado en la trama urbana. De barrios rehabilitados en apenas un decenio o de parques naturales desaprovechados. De tranvías metropolitanos a nuevos museos, centros de interpretación y teatros.

Los proyectos olvidados o ralentizados a la par que se ha ido produciendo el desarrollo de la ciudad, intenso desde el retorno de la democracia municipal en 1979, no han sido en todo caso los únicos de nuestra historia. Ésta es rica en promesas incumplidas o retrasos en sus grandes obras. Unos ejemplos: la ampliación del puerto de principios del siglo XX; la gran Zona Franca prevista en la década de los años cuarenta; la primera versión del puente sobre la Bahía, con carriles para bicis y peatones...

Viviendo como vivimos en un término urbano tan limitado, la pérdida de este tiempo ha sido vital para el ritmo de una economía que durante décadas aguantó gracias a las empresas públicas y que hoy intenta resistir con un sector cultural y hotelero también tocado por proyectos perdidos en el tiempo. Otra cosa sería para Cádiz, en términos de empleo, de economía global e incluso de población, el contar con todos estos equipamientos y servicios públicos en uso.

Por el contrario, aún hoy nos encontramos inmersos en debates sobre la integración del muelle y la ciudad de lo que estamos hablando desde hace dos décadas; estamos a la espera de la puesta del primer ladrillo de una reducida Ciudad de la Justicia, mientras que vemos con ilusión la reactivación de la reforma integral del Cerro del Moro... que debería de haber concluido en 2004.

Esta situación de parálisis casi permanente no va acompañada, como cabría, de una queja ciudadana, tal vez acostumbrados como estamos a tantos retrasos. Eso sí, no falta el debate público cuando se pone sobre la mesa un nuevo proyecto, fundamentalmente para criticarlos.

Instituciones públicas y privadas son conscientes de esta situación y del daño que se está produciendo a Cádiz como ciudad.

Desde la administración local se destaca que nuestra capital ha sufrido especialmente la crisis económica y su incidencia en la ejecución de la obra pública. "Con el fin de la liquidez económica comienza un camino en el desierto relacionado sobre todo con las mejoras urbanísticas, y Cádiz no se quedó al margen". Por si fuera poco, y aquí somos también líderes, también se lamenta de la "falta de coordinación entre administraciones de distintos colores políticos, que ha afectado a diversos proyectos. El caso del Oratorio, su reforma y uso posterior, es paradigmático y triste".

Pero más allá de disputas políticas y estados de la economía, se pone sobre la mesa, desde San Juan de Dios, las dificultades que implica atender toda la burocracia y cómo ésta puede tocar de lleno a determinados proyectos.

"Toda la hiperreglamentación lejos de hacer que los procesos administrativos sean más garantistas lo que hace es burocratizarlo. Así, en ocasiones proyectos interesantes van languideciendo porque los trámites que se deben pasar son demasiados largos". En todo caso, se culmina con una llamada a un cierto optimismo "porque aquí, poco a poco, las cosas se van acelerando", poniendo como ejemplo la reactivación de la Ciudad de la Justicia, aunque con un diseño sustancialmente más reducido, y más barato, al inicialmente planteado.

Del daño que provoca la burocracia en el desarrollo de la economía gaditana sabe mucho Javier Sánchez, presidente de la Confederación de Empresarios de Cádiz.

El pasado 8 de abril el propio Sánchez afirmaba, con la rotundidad habitual en él, que "hemos pasado de los asustaviejas a los ahuyenta inversores", al hablar de los problemas que tiene el proyecto de un hotel en la Ciudad del Mar.

"No sé si es una peculiaridad de la ciudad de Cádiz, pero esta reiteración de proyectos paralizados es llamativa, sobre todo por el número de temas por metros cuadrado", entrando de lleno en las dificultades administrativas "porque ahora no hay un funcionario que firme nada", temerosos por la acción judicial, "porque aún cuando desde el empresariado sólo pedimos que se cumplan las normas, no conseguimos que se firmen las correspondientes autorizaciones".

Constata el dirigente de la CEC que, por si fuera poco, en los últimos años "se ha producido una relajación de las administraciones, un retardo, porque la clase política también ha dejado de empujar". Todo ello está produciendo "un cansancio entre los inversores", porque unidos a los retrasos acumulados en la capital Sánchez también une operaciones congeladas en Las Aletas o Delphi.

Por si fuera poco, concluye Javier Sánchez que en Cádiz a esta paralización se le une una característica muy gaditana de intervenir cuando se plantea una actuación, como ha ocurrido recientemente con el hotel en la Ciudad del Mar. "Ahora aparecen expertos que saben qué hacer en este suelo, cuando lleva años abandonado".

Llevamos décadas hablando de la integración muelle-ciudad, de la reurbanización de la Punta de San Felipe, del desarrollo de la terminal de contenedores. Ejemplos claros de los retrasos en la ejecución de proyectos, y más con el calado que en este caso tienen para el futuro inmediato de la ciudad.

Esta operación están en manos de José Luis Blanco como presidente de la Autoridad de la Bahía de Cádiz. "Lo primero que hay que preguntarse es si realmente es más complicado sacar adelante un proyecto en Cádiz que en otra ciudad de España. Es posible que sí, pero también es posible que sea igual de complicado. A nivel administrativo, técnico, legal… no existen diferencias discriminatorias, al menos a simple vista o que hayamos identificado", afirma.

A la vez, Blanco considera que "quizá tenemos que averiguar si realmente hay más trabas de este tipo en Cádiz que en otro sitio porque en cualquier caso, encontraríamos una oportunidad de mejora. Desde el organismo que presido puedo asegurar que no es el caso. Somos un puerto ágil administrativamente hablando y competitivo económicamente y en prestación de servicios. En igualdad de condiciones, no existen diferencias respecto a otros. No somos peores, ni más caros, ni lo hacemos peor que otros", afirma con rotundidad José Luis Blanco.

En cuanto a la ciudad sí lanza un mensaje más crítico. Considera que "Cádiz no es peor que otras ciudades para invertir. Este sí es un problema. No nos lo creemos. No somos capaces de transmitir esta realidad a quienes buscan un espacio para su negocio. Es más, tenemos que ser capaces de transmitir que somos la mejor opción posible. Quizá lo primero que tengamos que hacer es asumir que no somos menos que nadie, es más, en muchos aspectos somos más. Hay que convertir las debilidades en oportunidades. Hay que dejar de perder fuerza y energía lamentándonos y trabajar para hallar soluciones. Hay que definir claramente cuál es la meta y cuál el camino para cogerlos todos juntos. Y cuando digo todos me refiero a administraciones e instituciones públicas y privadas, a medios de comunicación, a líderes de opinión, a ciudadanos, a todos".

"Y partiendo de este planteamiento, me niego a asumir que en Cádiz sea más complicado establecerse que en cualquier otro sitio de España, más allá del hándicap que supone la situación sociolaboral de la ciudad y su entorno, que es un hecho objetivo que no contribuye a que determinadas iniciativas salgan adelante", concluye el dirigente portuario.

La falta de concreción de hoteles, equipamientos educativos, espacios culturales o infraestructuras también toca de lleno a la salud del comercio y la hostelería de la ciudad. La muerte del sector industrial fue parejo al inicio de la masiva pérdida de población en Cádiz. Comercios, bares y restaurantes perdieron entonces un porcentaje muy importante de su clientela, que sólo ahora se está recuperando a la par que la ciudad se está afianzando como un nuevo referente turístico.

"Una ciudad que no se mueve, es una ciudad muerta. Tienen que existir ideas que puedan salir adelante porque de lo contrario se muere". La reflexión es de Antonio de María Ceballos, veterano hostelero y presidente de Horeca.

Sueña De María: "¡Si todo estuviera en marcha! Habría movimiento económico en toda la ciudad, mientras que ahora detectamos que en materia de servicios estamos bajo mínimo respecto a otras capitales".

De María también habla sobre la burocracia, y no para bien. Lamenta la inexistencia, desde siempre, en el Ayuntamiento de "una estructura de atención a los inversores. Falta un tutor que sepa atender a quienes quieren abrir negocios en Cádiz. Es un fallo garrafal las vueltas que hay que dar. Con lo fácil que sería coger al inversor que llega a la ciudad y facilitarle todo el trabajo. Y no, aquí es todo lo contrario".

Toda esta situación provoca en la ciudadanía un estado depresivo. "Para los vecinos anímicamente es bueno que su ciudad evolucione, pero aquí se lanzan noticias buenas que, al final, acaban incumpliéndose y eso provoca la desesperación vecinal. Claro que aquí todos protestamos cuando no se hace nada y no tardamos en quejarnos y poner pegas cuando se pone sobre la mesa una nueva actuación", se lamenta el dirigente hostelero.

Junto al evidente poder de la hostelería gaditana en nuestra economía, el turismo está tomando posiciones. La falta de camas hoteleras es evidente, de ahí que cada vez que se habla de un nuevo equipamiento se vea con el mismo optimismo que se torna en decepción cuando se acumulan años para su desarrollo. También la ciudad no es capaz de sacar todo el partido a los restos arqueológicos que la pueblan y lo que se ha realizado en los últimos años, fundamentalmente de la mano del Ayuntamiento, resulta insuficiente y a veces mal planificado.

Frente a esta lentitud administrativa, sobresale la iniciativa privada, especialmente la Torre Tavira, precursora del aprovechamiento turístico y cultural de nuestro patrimonio y a cuyo frente está Belén González Dorao, "cuidadora desde 1994 de la Torre con un proyecto de accesibilidad que hasta la fecha todavía no ha visto la luz", como ella se presenta tras recordar la imposibilidad de instalación de un ascensor para facilitar el acceso a la azotea de su inmueble, por lo impedimentos que impone el Ayuntamiento.

"La lentitud de las administraciones en cuestiones turísticas nos afecta en el sentido de que nos debemos tomar nuestro tiempo y pensarnos las cosas. Nos hace reflexionar y, también, madurar".

"A veces el tener proyectos importantes para la ciudad parados hace que no se invierta en Cádiz y eso puede resultar muy peligroso para nuestra economía, porque desgraciadamente vivimos en un mundo que no espera, nos guste o no y los mercados avanzan, con o sin nosotros", comenta González Dorao.

Para la empresaria, esta situación obliga "a que saquemos proyectos bien reflexionados, consensuados entre la ciudadanía, el tejido empresarial y las administraciones públicas, con un criterio profesional y objetivo".

Si de algo nos sirve para aliviar nuestra conciencia, que se tarde tanto en sacar adelante proyectos de ciudad no es cosa de ahora. Desde que comenzó el desarrollo en materia de infraestructuras la capital acumula proyectos ralentizados en el tiempo, como ahora.

Alberto Ramos Santana, catedrático de Historia Contemporánea de la UCA, pone algunos ejemplos: la llegada del ferrocarril a Cádiz, en 1861, tras 31 años de retraso; el muelle, que consumió cerca de medio siglo hasta ser realidad; el depósito franco y la posterior Zona Franca. E incluso el puente sobre la Bahía, soñado por el alcalde Ramón de Carranza y construido cerca de 40 años más tarde por su hijo.

Es decir, que poco hemos cambiado aunque ahora, coincide Ramos Santana con otros participantes en este debate, todo se complica más con la existencia de varias administraciones con diferentes colores políticos. "Los proyectos son muy fáciles de pintar, pero difíciles de cumplir. Y si son planteados por las administraciones, acaban convirtiéndose en demagogia política". Une a esta situación casos en los que se lanzan diseños "sin tener en cuenta la situación urbanística y utilizando el chantaje para lograr sus objetivos".

Y como otros, el catedrático de Contemporánea de la UCA también se lamenta de la pasividad vecinal a pesar de los problemas de la ciudad y de la dificultad que tienen muchas iniciativas de salir adelante. Estudioso de la materia, considera que "hay un adormecimiento social en Cádiz quizá desde principios del siglo XX. Un letargo intelectual y social que se ha visto dificultado por la dependencia económica de las empresas públicas", que han acabado por difuminar el espíritu emprendedor del gaditano.

Una ciudad que ha perdido 40.000 habitantes en treinta años, que ve como envejece su sociedad y como pierde a la población más joven y dinámica; una ciudad que soporta una alta tasa de desempleo y que sólo la existencia, a su vez, de un elevado número de empleados públicos y de pensionistas evita el colapso de la familia. Una base social, por ello, débil que necesita del empujón de las administraciones públicas para relanzar su económica y de la confianza de una iniciativa privada aún por descubrir.

Como última esperanza, Cádiz comienza a ser descubierta por particulares con un nivel adquisitivo alto, que compran aquí su segunda residencia. Algo verán en Cádiz, más allá del sol y la luz. Pero más verían si todo lo soñado en estos años, en estas décadas, se hubiera convertido en realidad.

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