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El castillo de San Sebastián vuelve a abrir sus puertas a un gran evento

  • El mayor fracaso del Bicentenario acogerá esta noche el primero de los Conciertos para la Libertad manteniendo la incógnita sobre su uso definitivo y sobre su rehabilitación completa

Un escenario improvisado en medio de un terreno de albero en el último rincón de la ciudad se convirtió en todo un éxito en el año 2008. Entonces, cuando artistas de la talla de Estrella Morente, Dulce Pontes, Caetano Veloso y Chambao pasaron por el Castillo de San Sebastián en la primera edición de los Conciertos Para la Libertad, se vislumbró todo un abanico de posibilidades culturales, de ocio e incluso hosteleras para la antigua fortaleza militar que tan desapercibida había pasado hasta entonces. El proyecto del castillo aparecía como uno de los más apetitosos de ese legado que el Bicentenario de la Constitución lograría para la ciudad. Pero como tantas otras cosas en Cádiz, San Sebastián se convirtió en posiblemente el mayor fracaso (al menos en el área de infraestructuras) del Doce. Una rehabilitación que apenas alcanzó un tercio del total del proyecto, un castillo sin actividad de ningún tipo durante el Bicentenario y apenas unas visitas y exposiciones que desde su reapertura hace unos meses lo mantienen en vida son la triste realidad de ese sueño que cobró fuerza en el verano de 2008.

Hoy, cinco años después, el Castillo de San Sebastián vuelve a abrir sus puertas a un gran evento. De nuevo, el ciclo de Conciertos Para la Libertad tendrá este privilegiado balcón de la ciudad como escenario. Para ello, en los últimos días se ha venido transformando el terreno hasta cobrar la impresión de un improvisado teatro de verano que esta noche acogerá a más de tres mil personas. Además de instalar el escenario de grandes dimensiones, se han habilitado las sillas donde se sentará el público, los aseos portátiles, las barras de consumiciones y se ha adaptado el 'backstage' (la parte trasera del espectáculo), los camerinos y otras instalaciones necesarias para desarrollar con normalidad este tipo de eventos.

En los tres conciertos que se desarrollarán estos días en San Sebastián, con capacidad para tres mil personas, se activarán 150 vatios de luces (para iluminar los terrenos y para el desarrollo propio de los espectáculos que se van a desarrollar) y otros 80.000 vatios de sonido. Eso necesitará, junto al servicio de barra y al backstage y camerinos, seis generadores de corriente. Además de la parte técnica, se habilitarán diez aseos químicos y otros dos para minusválidos.

Un aspecto fundamental ante la aglomeración de tres mil personas es la seguridad. Por ello, ayer mismo se celebró en el interior del castillo la última de las reuniones técnicas para coordinar todo el operativo entre las distintas delegaciones que de alguna manera están inmersas en esta actividad y entre los cuerpos de seguridad que esta noche estarán presentes en las instalaciones. La empresa organizadora de los conciertos (Producciones Guadalquivir) dispondrá de ocho vigilantes de seguridad y de 22 auxiliares de seguridad a lo largo y ancho de la segunda avanzada del castillo, donde tendrá lugar el concierto (y distribuidos en unos puntos concretos). Junto a ellos, habrá Policía Local, Nacional y Autonómica, Bomberos, Protección Civil y dos ambulancias (una UVI móvil y un soporte vital básico).

Con respecto a las instalaciones, su ubicación prácticamente repite la que tuvieron en el año 2008 cuando se celebraron allí los primeros conciertos. Esto es, el escenario se situará en la zona final del castillo, donde se localizan las casamatas y donde el viento incide de manera más leve sobre el terreno. Frente al escenario se ubicarán las barras de consumiciones. Y sí cambiará la zona vip, situada en 2008 también frente al escenario y en esta ocasión a la derecha de éste.

Todo este montaje, toda la transformación de San Sebastián en uno de los usos que hace cinco años se vieron como más provechosos para este equipamiento, volverá a ser efímera. Y cuando el 23 de agosto se ofrezca el tercero de los conciertos, volverán a desmontarse todas las instalaciones y volverá a aparecer la sombra de la duda sobre San Sebastián.

Por delante aún tiene el Ayuntamiento y el Ministerio de Medio Ambiente la necesidad de concretar qué uso, qué actividad se quiere habilitar allí en un futuro; y antes o después de eso está la necesidad de finalizar la rehabilitación de la fortaleza, para la que aún restan dos tercios y sobre la que la fórmula más adecuada parece ser la de dividir la actuación por fases, como propone el Ayuntamiento.

Para todo ello, lógicamente, son necesarias unas inversiones bastante cuantiosas que posiblemente las administraciones no se puedan permitir en estos tiempos y que supone el principal problema para mantener en pie este proyecto. O para no reducir la utilidad y aprovechamiento de este antiguo castillo militar a una trilogía de conciertos que se den en verano cada cierto tiempo.

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