historia

Un camino de 75 años

  • Hoy se cumplen tres cuartos de siglo de que la actual imagen de la Patrona salió por primera vez en procesión

La Virgen del Rosario, dispuesta en su paso procesional para la salida de esta tarde. La Virgen del Rosario, dispuesta en su paso procesional para la salida de esta tarde.

La Virgen del Rosario, dispuesta en su paso procesional para la salida de esta tarde. / lourdes de vicente

El de hoy no es un 7 de octubre más. No es otro día de la Patrona en el que la ciudad se echa a la calle para encontrarse con la Virgen en su procesión de alabanzas. Esta fiesta del Rosario tiene tintes especiales, ya que hoy se cumplirán 75 años de la primera salida en procesión de la imagen que hoy se venera en Santo Domingo. La tercera Patrona de la ciudad, después de la original que se perdió en el incendio de mayo de 1931 y de la Rubia de Granda que no contentó a la ciudadanía.

La actual Virgen del Rosario, obra del escultor sevillano Fernández Andes, que precisamente era terciario dominico, fue bendecida el 25 de septiembre de 1943. La portada de Diario de Cádiz de ese día indicaba que la ceremonia se celebraría en Santo Domingo y que estaría apadrinada por el Ayuntamiento de Cádiz. "La imagen se hallará en su propio camarín, oculta hasta el momento de la bendición en que se correrá el velo", explicaba el Diario. Sería el vicario capitular Ángel Navarro quien bendijera la talla, finalizando el acto con el besamano a la Virgen. "El pueblo espera con ansiedad que llegue el momento de la bendición para presenciar aquella imagen que hace doce años desapareció de sus ojos. Cádiz volverá a postrarse con la misma veneración y confianza de los mejores tiempos ante su Augusta Patrona", reflejaba la noticia, que seguía explicando que al día siguiente de la bendición estaría Santo Domingo abierto durante todo el día para que los fieles pudieran acceder al camarín "y besar a su amada Patrona", celebrándose esa tarde un acto de desagravio "por la profanación del 12 de mayo de 1931"; y el día 27 sería trasladada al paso procesional de cara a la novena que comenzaría el día 28 de septiembre.

A la bendición de la Virgen, según reza en el periódico del 26 de septiembre, acudieron el gobernador civil, Julio Pérez; el alcalde de la ciudad, Alfonso Moreno Gallardo; el vicepresidente de la Diputación, Cayetano Súnico; el teniente de navío Roberto de Ávila en representación del comandante de Marina; y una representación de la autoridad militar de la plaza. El oficiante fue finalmente el canciller del Obispado, Francisco Serrano Cid, al "hallarse indispuesto" el vicario capitular que estaba anunciado. "Después se procedió al besamanos a la Patrona, desfilando por el camarín millares de fieles", indica la crónica que se acompañaba de una foto de Movellán.

Días después a esta ceremonia se celebró la festividad del Rosario, con la primera salida a las calles de esta imagen de Fernández Andes -autor del Cristo y la Virgen de los Gitanos y de Gracia y Esperanza de Sevilla; del Gran Poder y la Macarena de Madrid; de la reproducción de la Purísima de Salcillo de Hellín; o de la Dolorosa de Irún, según destaca el periódico de 1943-. La jornada se desarrolló con "inusitado esplendor", desde la misa de ocho de la mañana a la función de las once de la mañana (dedicada por la Asociación de Caballeros del Rosario y celebrada por el superior del convento, Manuel Crespo) y la procesión que saldría a la calle a las seis y media de la tarde.

El recorrido de la procesión, curiosamente, es prácticamente idéntico al que se hace en la actualidad: Compás de Santo Domingo, Plocia, San Juan de Dios, Nueva, Cristóbal Colón, Cobos, Pelota, San Juan de Dios y Sopranis. El amplio cortejo contaba con numerosas representaciones tanto delante del paso como detrás, donde figuraba la Corporación Municipal presidida por el alcalde. La Virgen procesionaba sobre "ricas andas de plata repujada" con "preciada candelería que sostenía abundantísimo alumbrado de cera y electricidad admirablemente dispuesto en combinación con valiosos jarrones y centros de plata que sostenían ramos de flores blancas".

Tres horas empleaba la procesión en cumplimentar el recorrido, regresando a Santo Domingo para que el predicador de la novena pronunciara "una sentida plática". El canto de la Salve y las coplas populares de Fray Diego a la Virgen del Rosario ponían fin a una jornada en la que por primera vez la ciudad contemplaba a la actual imagen de la Patrona en unas calles donde "no podía darse un paso" al estar "invadidas de público".

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