Cádiz

Entre la afición y la profesión

  • Cuatro autores ofrecen sus valoraciones sobre la situación laboral y fiscal de los grupos y demuestran la singularidad de cada caso

  • Coinciden en preservar el Carnaval de la calle

El coro 'Los Chimenea' cantando en la calle en la semana del Carnaval 2018. El coro 'Los Chimenea' cantando en la calle en la semana del Carnaval 2018.

El coro 'Los Chimenea' cantando en la calle en la semana del Carnaval 2018. / julio gonzález

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La singularidad de la fiesta y de cada una de sus agrupaciones en lo fiscal y en lo laboral. Ahí está la madre del cordero para conseguir la regularización de los conjuntos. Todo empezó con el 'boom' del Carnaval. Los últimos años han sido prolíficos en actuaciones por toda España, publicitadas a mansalva en las redes sociales y seguidas por un número de aficionados que ha superado todas las expectativas. Todo esto propició que la Inspección de Trabajo girase la cabeza hacia las agrupaciones punteras. 14 inspecciones, aunque no todas corresponden a grupos con un gran volumen de actuaciones, hicieron tambalear a la fiesta en el mes de mayo. Surgieron las dudas, las quejas, los políticos... Hasta el punto de que la Subdelegación del Gobierno citara a los protagonistas escenificando poderío en la reunión del lunes. El propio subdelegado, José Pacheco, señaló que si bien que algunos conjuntos se profesionalicen es algo beneficioso para lo que se quiere convertir en una industria, "las cosas hay que hacerlas bien". Y durante muchos años, las cosas se hicieron mal o no se hicieron. De aquellos polvos vinieron estos lodos. En los últimos tiempos, las agrupaciones que más trabajan, a fuerza de alguna que otra inspección anterior a las de este año, le vieron las orejas al lobo y se pusieron al día. En el otro extremo, el Carnaval amateur, el mayoritario, el que cuelga el tipo el Domingo de Piñata y hasta el próximo año. El de los que salen por afición. Al que más puede afectar esta situación. Dos Carnavales en uno. Dos maneras de entender la fiesta.

Cada agrupación es un mundo. Por eso hablamos con cuatro autores que lideran grupos de distinta naturaleza u organización interna. Y de diferentes pretensiones. La chirigota de El Selu es un ejemplo claro de profesionalización. El mismo autor lo reconoce. "Mi oficio hoy en día es el de chirigotero y me gusta dormir tranquilo por las noches con todo en regla". Convertirse en Sociedad Limitada fue "la mejor opción" que les dio su asesor fiscal ante el volumen de trabajo que estaban alcanzando cada año. Dicho esto, Selu empatiza con el otro Carnaval. "Entiendo a las agrupaciones que no tienen esas pretensiones laborales. El que busca lucro debe retratarse, es lo lógico. Lo que no veo lógico es que las agrupaciones que hacen Carnaval sin más pretensión de disfrutar se vean sujetas a esa legalidad", afirma. Según el chirigotero la semana de Carnaval "no está hecha para el lucro y no se puede perder. Luego, lo que viene después con contratos todos los fines de semana, que se haga con todas las de la Ley como se le exige a cualquier trabajador". El autor hace un apunte. "Lo normal es que todas las que solemos trabajar durante todo el año estemos en la misma situación de legalidad, para que no exista una competencia desleal a la hora de conseguir actuaciones. Porque a mayores gastos de tributación y de seguros sociales y altas, más sube el caché", advierte.

Quintana no entiende que a grupos aficionados les pidan CIF y facturas en el Concurso del FallaDurante muchos años las cosas se hicieron mal, y de aquellos polvos vinieron estos lodos

La chirigota de Manolo Santander estuvo 11 años sin llegar a la final. Precisamente tras su regreso a la misma, en 2017 con 'Los de Cádiz Norte', llegaron la inspecciones. El grupo ha presentado recurso a Trabajo. "Nos han metido en el bloque de las profesionales siendo amateur. Las que cantan todo el año es lógico que tengan las obligaciones de cualquier empresa, pero hay otras muchas que siguen siendo asociaciones sin ánimo de lucro que cantan tan poco que lo que obtienen es para su supervivencia. El problema está en meter a todas las agrupaciones en el mismo saco, cuando cada una es un mundo", explica. El chirigotero de La Viña pone un ejemplo sobre lo que podría ocurrir en el Carnaval de la calle. Asegura que "si hubiese que darse de alta para los tablaos del Circuito de Agrupaciones habría que hacer una simulación de contrato, y eso no es legal. Porque lo que paga el Ayuntamiento no llegaría ni para pagar las altas y las bajas. Añade el 21 por ciento de IVA a Hacienda, y entonces no tiene sentido, todo es absurdo. El que no gana dinero no es que no quiera darse de alta, es que no puede". Santander estuvo en la reunión del lunes. No sacó nada en claro. "Aquello fue más un acto político que un encuentro para ofrecer soluciones", destaca.

Si hay una modalidad que hace el Carnaval en la calle y sale por afición, esa es la de coros. Paco Martínez Mora es un veterano en el tango y lo tiene claro. "Tenemos que darnos una panzada de cantar durante toda la semana para recuperar lo invertido y poco más", dice. Las cuentas de un coro están claras: "Lo que ganamos lo usamos para pagar lo que debemos de ese año, una cena para los componentes y sus familiares y el resto para empezar con algo de dinero el año siguiente". En relación a los carruseles, por los que los coros perciben dinero municipal, el coro de Paco Mora declara, como es normal, el IVA, "pero lo que se gana habría que repartirlo entre 50 personas, una cantidad mísera para cada uno de nosotros. No es, por tanto, una actividad económica". En el caso de que exigieran a los coros darse de alta dice que "con tanta gente, puede ser más alto el gasto en darnos de alta que lo que cobramos. Y encima cada uno tiene que pagarse el tipo, unos 300 euros. El Carnaval nos cuesta ya dinero".

Comparsas que cantan todo el año se cuentan con los dedos de una mano. El resto, la mayoría, hace un gran esfuerzo porque al menos salir no les resulte gravoso. Fran Díaz Quintana es un autor emergente en la modalidad. "No nos han inspeccionado ni nos han convocado a la reunión, no puedo hablar de las medidas que se van a tomar", advierte. Pero su condición de, antes que nada, aficionado y coplero le habilita para tener una opinión sobre tan peliagudo asunto. Habla de "dos velocidades económicas" en el Carnaval. "Por un lado me parece fantástico que algunas agrupaciones se hayan profesionalizado y que, por tanto, se acojan a la legalidad. Y que ganen dinero", reconoce. Mas añade que entiende la fiesta "como actividad amateur y ese Carnaval de afición es el que debería estar más cuidado por las administraciones, porque representa a la mayoría de las agrupaciones. Se debe blindar antes que nada una fiesta popular, una manifestación artística e histórica. Al fin y al cabo, el número de grupos inspeccionados ha sido 14 solamente". Como a tantos carnavaleros, a Fran Quintana le preocupa la incidencia de este control de las administraciones en el Concurso. Y a pesar de que desde Subdelegación se lance un mensaje de tranquilidad en lo que respecta al COAC, este coplero no las tiene todas consigo. "Por un lado me dicen que no va a pasar nada porque no buscamos en el mismo un actividad económica, pero por otro, al menos hasta el último año, nos obligan a inscribirnos con un CIF y a facturar para cobrar los derechos de televisión. O sea, no puedo inscribirme en el COAC si no tengo CIF ni capacidad de facturar. Tampoco me permiten inscribirme y renunciar a esos derechos. Las agrupaciones como la nuestra estamos en una situación muy rara".

Como lo están otras tantas. Ahora depende de las administraciones reconducir la situación y darle a todas, las amateur y las punteras, el marco legal que posibilite la pervivencia del Carnaval, que siempre debe estar por encima de todo.

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