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Consecuencias del virus en Cádiz Separados por el coronavirus

  • Un matrimonio de enfermeros de Cádiz se ven forzados a vivir cada uno en una casa para evitar que el virus entre en su hogar

  • Ya hay servicios en Internet dedicados a la búsqueda de domicilios para sanitarios

Vero Candón, en la terraza de su casa, con su uniforme de enfermera como bandera. Vero Candón, en la terraza de su casa, con su uniforme de enfermera como bandera.

Vero Candón, en la terraza de su casa, con su uniforme de enfermera como bandera. / Lourdes de Vicente (Cádiz)

Vero y Francisco son dos de los héroes a los que van dirigidos muchos de los aplausos de las ocho. Llevan 15 años casados y nunca ni nada ni nadie les había obligado a separarse hasta que llegó el coronavirus.Fruto de esa relación están Curro, de 13 años, y Elena, de 11. Saben que sus padres se ha tenido que mudar a otra casa por culpa del virus. Saben que su madre, Vero, padece la enfermedad de Crohn y entienden, unos días mejor que otros, que su padre ha tenido que hacer las maletas hasta que vuelva la normalidad.

Los dos, Vero Candón y Francisco José Lavado, son enfermeros. Ella trabaja en la planta de Nefrología del Puerta del Mar y él, Francisco, en el centro de salud de La Laguna. La dolencia que padece Vero le obliga a tomar altas dosis de inmunosupresores ya que es una enfermedad autoinmune y esos fármacos le bajan las defensas para que su propio organismo no le ataque.

Vero ha tenido que darse de baja por prescripción médica porque si hay alguna mota de virus en el aire, ella tiene todas las papeletas de pillarlo. Y no sólo por ella sino también por Curro y Elena.

Ante esa situación han tenido que tomar la determinación de separarse durante un tiempo. "Por suerte, tenemos un apartamento en La Viña y mi marido se ha trasladado allí hasta que no cambie la cosa".

Pero cuenta Vero que la decisión no fue nada fácil. Cuenta que la maleta de Francisco ya llevaba hecha incluso desde antes de que se decretara el estado de alarma, "pero él no veía el momento de coger la maleta e irse". Pero la situación fue a peor y fueron las circunstancias las que les impulsaron a tomar esa difícil situación. "Aprovechó el domingo que él no trabajaba para mudarse al apartamento de la Viña".

Francisco vive ahora mismo solo pero han puesto el inmueble a disposición de cualquier otro sanitario que lo necesite. Y eso mismo han hecho con otro apartamento que tiene la madre de Vero. "Ya mismo lo va ocupar otro compañero de la UCI, pero le pasa igual que nos pasaba a nosotros: no ve el momento de coger la maleta".

"Es muy difícil tomar la decisión", cuenta Vero, "pero soy plenamente consciente de que tengo todas las papeletas de que si cojo la enfermedad me convierta pronto en carne de UCI. Y soy consciente de que si la situación se pone al mismo nivel que en Madrid y si mis compañeros se ven en la tesitura de elegir si un respirador va para mí o para otra persona que no tenga ninguna patología añadida, se lo ponen a esa otra persona. Y lo entiendo. Eso va con nuestra profesión. Yo haría los mismo".

Así que su marido entendió pronto que no podía jugársela y vive desde entonces entre el Puerta del Mar y La Viña. No mantienen contacto personal directo desde entonces. "Nos vemos por skype o por videoconferencia, o cuando me trae comida me la deja en la puerta y nos saludamos desde lejos".

"¿Y lo ve más como una prueba de amor o como producto del miedo?", le pregunta este Diario. "Es una prueba de amor porque lo único que le importa es protegerme a mí, aunque en la decisión también ha tenido mucho que ver el miedo". De todas formas confiesa que están pasando mucho miedo, "nos sólo nosotros sino todos los sanitarios estamos pasando un calvario".

Curro, "en su burbuja de la adolescencia, lo lleva como puede, pero la chica lo lleva peor y no pasa una noche que no me pregunte que cuándo va a poder volver a abrazar a su padre".

Ellos, sirva o no sirva de algo, salen a la terraza, en la que tienen colgado un uniforme de enfermera a modo de bandera, a aplaudir, cada día a las ocho de la tarde. "Salimos a dar los aplausos por papá y por los amigos porque tenemos muchos amigos sanitarios, pero los aplausos no bastan muchas veces", comenta Vero.

Aún así, Francisco sigue al frente y comenta su esposa que está disponible por si lo llaman para trasladarse al hospital o a donde sea, "a donde haga más falta su ayuda". Es una muestra más de que Vero y Francisco son dos de esos grandes héroes.

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