VII Congreso Ciudades que Caminan En Pontevedra la gente no le teme a los coches sino a los patinetes y a las bicicletas

  • El alcalde pontevedrés, Miguel Anxo, advierte que su Ayuntamiento ha tenido que forzar una ordenanza de velocidad 10 para que "nadie corra"

De izquierda a derecha, Miguel Anxo, José María González y Francisco Piniella De izquierda a derecha, Miguel Anxo, José María González y Francisco Piniella

De izquierda a derecha, Miguel Anxo, José María González y Francisco Piniella / Lourdes de Vicente (Cádiz)

En Pontevedra, “las viejecitas que me paran por la calle no protestan por los coches. Allí los coches no molestan, están domesticados, van a la velocidad de la gente, no pitan y, si pitan, les miramos extrañados pensando que seguramente son de Vigo o Coruña”.

Así lo contaba ayer el alcalde pontevedrés, el nacionalista Miguel Anxo. Allí, en la localidad gallega, la ciudadanía le tiene miedo a los patinetes y a las bicicletas más que a los coches, según Anxo. “Acabamos de aprobar una ordenanza de velocidad 10, que incluso se puede quedar en 6 km/h”.

La oposición municipal critica al primer edil pontevedrés porque dicen que “a esa velocidad se calan los coches. ¿La alternativa cuál es? ¿Matar a unos cuantos peatones”. Él defiende a capa y espada que aquel que quiera circular con su coche por el casco histórico de la ciudad tendrá que hacerlo a esa velocidad: “El concepto fundamental es que la ciudad es un espacio público para la convivencia. No se puede correr ni en coche, ni en bici ni en patinete ni en bus. Para correr están las carreteras”, según esgrime Miguel Anxo que lleva ocupando la alcaldía de la localidad gallega desde 1999.

“Las calles son para convivir, sales de tu domicilio y tienes que encontrar algo parecido a la continuidad de tu propia casa”, sentencia Miguel Anxo.

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