El desarrollo de la ciudad

¿Patrimonio?

  • El legado histórico de Cádiz apenas se cuida. La ciudad no aprovecha una oferta cultural única.

A mediados de la década de los 50 del pasado siglo Diario de Cádiz y La Información del Lunes publicaron una serie de artículos alertando sobre el precario estado del Arco de los Blanco. La que fuera la puerta de tierra de acceso al Cádiz medieval peligraba, tras producirse varios derrumbes que habían dejado a su estructura casi en un estado ruinoso. Uno de los cronistas llegaba a recordar como hacía pocos años había estado presente en la boda de un amigo, que se había celebrado en la capilla de los Blanco, ubicada sobre los arcos de la muralla, y de la que apenas quedaban unos lienzos en pie.

Tal vez por haber crecido en un espacio tan reducido, obligado a construir sobre las ruinas de su propia historia, o tal vez por la ausencia de colectivos lo suficientemente concienciados del valor de nuestra historia, Cádiz no ha sabido, podido o querido mantener una política de mantenimiento de su rico patrimonio ni ha sabido, podido o querido utilizar el mismo como un referente cultural y turístico que situase a la ciudad en un lugar preferente en España.

Los años de democracia, desde 1979, han permitido salvar e incluso iniciar la recuperación de una parte importante de este patrimonio. Pero la mayor parte de las operaciones emprendidas han sido escasamente ambiciosas, se han desarrollado adoleciendo de una planificación adecuada y, sobre todo, no han contado con el apoyo de las administraciones que, por el contrario, sí se han volcado con la conservación del patrimonio de otras ciudades españoles.

Con estos mimbres tan escasos, Cádiz está perdiendo enteros a la hora de posicionarse en el cada vez más importante mercado del turismo cultural, ante la dejación de las administraciones que han cerrado el grifo en actuaciones de recuperación del patrimonio que deberían de ser consideradas prioritaria por su valor histórico.

Ante este panorama, es la iniciativa ciudadana la que ha comenzado a moverse en los últimos años. Lo hace con fuerza a pesar de sus limitadas capacidades y logra con sus denuncias y con sus actuaciones al menor poner en evidencia a quienes deberían de afrontar estos proyectos. La nueva manifestación convocada para hoy por la Asociación para la Difusión e Investigación del Patrimonio Cultural, es un ejemplo de este trabajo, al que se le unen el esfuerzo de otros colectivos como el que ha asumido la recuperación del Monasterio de Santa María.

Estas voces críticas resultan sin embargo insuficientes si todas las administraciones no se implican de una vez por todas en la recuperación de nuestro patrimonio y si entidades privadas, propietarias de grandes inmuebles, no asumen su deber de conservación y puesta en valor.

Aquí juega un papel relevante la Iglesia. Un recorrido por el casco histórico nos hace toparnos con numerosos templos cerrados y que sólo abren para la celebración de la misa diaria; templos que adolecen de información para los visitantes aunque la gran mayoría hayan sido rehabilitados con fondos públicos. Un claro ejemplo de lo que sí hay que hacer y que debería de servir de lección a públicos y privados es el trabajo que el Cabildo está realizando en la recuperación de la Catedral, con más de 218.000 visitantes en 2015.

En manos de la Iglesia está, por ejemplo, el convento de Santa María, cerrado desde hace años y que cuenta con el último resto de la arquitectura urbana anterior al ataque inglés de 1596. Y no olvidemos las columnas de la portada original de la Catedral Vieja, abandonas en la vía pública.

Frente a ello, equipamientos históricos y culturales que deberían de ser referentes para nuestro desarrollo como ciudad acaban por avergonzarnos ante su abandono.

El recinto de la ciudad medieval acumula grandes despropósitos entre los que destaca el Teatro Romano. Una de las joyas del esplendor del Imperio Romano en la Península y que lleva años sin apenas inversiones por parte de la Junta. Su centro de interpretación se puso en marcha tras un importante recorte presupuestario y todo son dudas respecto a la continuidad de las excavaciones y la ampliación del equipamiento por la Posada del Mesón. La Junta se muestra especialmente tacaña a la hora de financiar uno de los grandes teatros romanos en España, tras desaprovechar la oportunidad que tuvo hace unos años de excavar en el solar de la Guardería Municipal, donde la ciudad podría haber recuperado los cimientos del Castillo de la Villa.

Conectado a éste, el Arco de los Blanco se rehabilitó hace unos años. Ya se había perdido la capilla sobre la vieja puerta. Entonces se habilitó la escalera para su visita, aunque nunca se llegó a abrir.

De la Junta depende también buen parte del patrimonio que no se aprovecha de forma adecuada. Ahí está el Museo de Cádiz, cuya tercera fase de ampliación lleva esperando un cuarto de siglo y que choca también con la dejación del Ministerio de Cultura; ahí está el propio Teatro Romano, que más allá de la continuidad de su recuperación, oferta un horario para sus visitas ridículo en una ciudad playera como la nuestra; ahí está el Centro de Interpretación del Constitucionalismo, que languidece tras los intentos, y eso hay que reconocerlo, del actual delegado de la Junta, Fernando López Gil, de potenciar el patrimonio ligado al Doce; ahí están yacimientos arqueológicos dependientes de la Consejería de Cultura cuya visita es imposible de realidad porque o bien siempre están cerrados o cuentan con horarios absurdos.

El Doce choca también con el control impuesto por la Iglesia respecto al uso ciudadano del Oratorio. El centro del constitucionalismo está totalmente desaprovechado tras eliminarse la proyección que puso en marcha la Junta como complemento de la visita a este conjunto.

El Ayuntamiento, por su parte, sigue sin saber cómo aprovechar las fortificaciones de la ciudad, auténticas joyas culturales y turísticas. Santa Catalina y Santa Bárbara cuentan con una programación ya asentada, aunque el castillo necesita de fuertes inversiones para mantenerlo de forma adecuado. Claro que peor está el castillo de San Sebastián que de pasar a ser el epicentro del Doce va camino de convertirse en la imagen de referencia del abandono de nuestro patrimonio, ante la dejación del actual Ayuntamiento y del Ministerio de Medio Ambiente. Ayuntamiento que tiene en sus manos una utilización más efectiva del frente de Puerta de Tierra (ahí está el abandono del foso del Pelícano), de los baluartes y de las bóvedas, auténticos tesoros en cualquier otra ciudad.

El mantenimiento de paseos espectaculares como la Alameda o el Campo del Sur, el cierre al público desde hace más de un año del yacimiento de la Casa del Obispo, la escasa promoción turística que se le da en el exterior al yacimiento fenicio (único en Europa), el olvido en las oficinas municipales de Turismo del yacimiento romano de Varela o del vecino parque arqueológico son cuestiones urgentes que tiene pendiente el actual gobierno.

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