El patrimonio histórico en Cádiz

Partidos y administraciones descubren la importancia del patrimonio histórico

  • Falta un plan global que implique a todas las instituciones públicas y privadas

Trabajos de limpieza en la muralla de San Carlos Trabajos de limpieza en la muralla de San Carlos

Trabajos de limpieza en la muralla de San Carlos / J. A. H.

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Al final, todos han descubierto la importancia del patrimonio histórico. Partidos políticos, administraciones públicas e instituciones privadas. Tras años, décadas, de abandono o, como mucho, escaso interés por nuestra historia, en apenas unas semanas se han solventado, o están en fase de arreglarse, problemas administrativos que impedían la reapertura de equipamientos o la continuidad de obras de restauración, a la vez que se ha iniciado una frenética campaña de limpieza y mantenimiento de murallas, monumentos y placas varias.

La ciudad está llena de ejemplos impropios de una capital con un legado histórico único. El propio suplemento de viajes del diario El País destacaba el viernes este patrimonio entre los más importantes de toda España.

Son ejemplos de la vergüenza. Todos, en mayor o menor medida, ofrecen una imagen de abandono. Y los que en su momento fueron mimados por las administraciones, llevan ya tiempo sin ser atendidos de la manera más adecuada.

Los yacimientos Gadir, Casa del Obispo, la fábrica de salazones, el propio Museo de Cádiz y su tercera fase de ampliación nunca ejecutada. El Teatro Romano, cuya recuperación se alarga en el tiempo entre la inoperancia administrativa. Todo el recinto de las fortificaciones con escaso aprovechamiento o en estado de absoluto abandono, como el frente de Puerta de Tierra o el castillo de San Sebastián. Y junto a ello, las propiedades también necesitadas de una mayor atención, como las torres miradores y parte de los templos de la ciudad.

Frente a este panorama, la desidia de los ayuntamientos de todos estos años, de la Junta y del Estado. Todo ello se une a una falta de planificación de los usos de todos estos patrimonio, de la ausencia de un consorcio que los gestione. Un ejemplo de lo que no se debe hacer lo da el Ayuntamiento, con todos sus tesoros repartidos entre varias concejalías.

Ahora, de pronto, la Junta descubre el valor de equipamientos como el convento de Santa María (que tal vez debería de tener un uso ciudadano, atendiendo a su relevancia histórica), a la vez que se acuerda del Teatro Romano, mientras que los partidos municipales apuestan por el patrimonio en sus programas electorales, que hoy se votan. El Estado, con habilidad, sigue ignorándonos, a pesar de que desde Costas se intente hacer ver a Cultura la importancia de nuestras murallas.

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