Cádiz

Normas y dispensas

  • El anuncio de prontas elecciones en Las Penas rompe con todo lo que recogen las normas diocesanas

La norma está para cumplirla, refleja el dicho. Pero esta afirmación comienza a diluirse en demasiadas ocasiones cuando se hace referencia al mundo de las cofradías y la solución de los conflictos más acuciantes. Lo que traducido resulta que la norma es lo que menos suele cumplirse y que esa carencia se suple a base de dispensas, decretos y otros artilugios que a lo mejor esconden algo de incompetencia para hacer frente a los problemas, o quizás ineptitud para ocupar determinados cargos, o vaya usted a saber.

Resulta que en Las Penas anuncian ahora la inminente convocatoria de elecciones (algunos aseguran que el cabildo será el 29 de diciembre), cuando en octubre se aseguraba por activa y por pasiva que al menos hasta dentro de seis meses no se resolvería nada. "Porque así lo dice la norma, en el artículo cual del capítulo tal". O sea, que donde dije digo, digo Diego. Y donde la norma diocesana establecía el mínimo de seis meses, ya vendrá quien firme dispensa o decreto que nade a favor de la corriente.

No vamos a juzgar aquí lo que ocurre, ocurrió ni ocurrirá en la hermandad de Las Penas. Pero sí debemos recordar que la normativa a la que tantas veces se hace referencia, está precisamente para cumplirla. Y posiblemente haciendo cumplir esos artículos hubiera sido más que suficiente para que los últimos meses de incertidumbre, comisarios y cambios de decisiones nos lo hubiésemos ahorrado. O mejor dicho, se lo hubieran ahorrado los cofrades de esta hermandad.

Me explico: si la norma recoge cuáles son los mecanismos de control de la gestión de una hermandad, eso se debe llevar a la práctica y poner límites cuando la situación se sepa que no funciona correctamente; en lugar de apoyar extrañas operaciones financieras que los hermanos no respaldaban. Si determinado candidato no cumple las condiciones para estar (o seguir) en el cargo a juicio de la dirección espiritual, hay que plantar cara lo antes posible, y no esperar hasta el penúltimo día para tomar la decisión.

La sensación, una vez más, es que la situación se ha dejado que siga su curso (en caída libre, que se veía venir desde hacía meses) hasta que no ha habido más remedio que actuar. Y a la hora de hacerlo, también se echa en falta la rectitud que por escrito establece la norma que los que la tienen que aplicar han creado.

Dicho todo esto, comprendemos que la ausencia de ingresos en una hermandad con importantes cargas económicas mensuales hacen inconcebible que un comisariado esté al frente; y podemos comprender también que lo mejor ahora mismo es un grupo de hermanos que ya se ha comprometido con arreglar el entuerto en el que está envuelta. Por tanto, y a pesar de concebir todo lo realizado en los últimos meses como una auténtica chapuza, solo queda esperar que los que accedan al gobierno tengan la mejor de las suertes y saquen la situación adelante. Porque si nos fiamos de la norma...

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