Cádiz

Mi escapada Manuel Barea Grazalema. Sierra de Cádiz

Filólogo y antropólogo, Manuel Barea es profesor de la UNED en Cádiz. Montañero, ha recorrido más de diez Caminos diferentes a Santiago. Su elección va para la localidad de Grazalema, que reúne las virtudes del "silencio, la frescura, la tradición y la vitalidad -explica-. Su paz y sosiego; el clima seco y fresco en verano la convierten en un tesoro, además de las costumbres serranas heredadas y mantenidas en su rico presente etnológico. Sus plazas y terrazas están llenas de vida al anochecer, cuando apetece a veces una manga larga".

Alternativa Grazalema, cuenta, es un destino que descubrió hace ahora cuarenta años, "macuto a la espalda" y en compañía de "unos amigos haciendo un recorrido a pie por El Bosque, Benamahoma, Grazalema y Ubrique. Creo que es una magnífica alternativa al turismo de costa a poco más de una hora de carretera".

"Cádiz el chico" Manuel Barea destaca el dolmen de la Giganta -un sepulcro de corredor de 12 metros orientado hacia el sol naciente-, "que atestigua la antigüedad de sus primeros pobladores". La localidad tuvo asentamientos celtas y romanos. De la época bereber y nazarí "son su topónimo actual y su caprichoso trazado urbano adaptándose a la escarpada ladera de la Sierra del Endrinal. Sus siglos de oro fueron -prosigue- fueron el XVIII y parte del XIX, cuando llegó a contar con casi 10.000 habitantes y fue conocida como 'Cádiz el Chico'. Un personaje importante fue José Sánchez Rosas, activo anarquista luego entregado a labores docentes para hijos de obreros, que tiene busto en la Plaza de la Asamblea (adecuado y bello nombre para recordarlo)".

pasear grazalema La mejor hora del día para disfrutarla, afirma Manuel Barea, es al amanecer o al anochecer, cuando las farolas iluminan sus calles solitarias y, "a poco que nos alejemos del pueblo, podemos contemplar cielos limpios cuajados de estrellas. Plaza de España -inigualable mirador hacia el Endrinal-, los Asomaderos -donde el horizonte se ensancha con el valle del curso alto del Guadalete-, la Fuente abajo -con sus ocho caras vomitando agua recién nacida- o la calzada medieval por donde entraba el camino de Ronda. El paisaje en sí, cualquier calle o rincón son una postal, con picachos y arboledas de fondo. Tejas, ventanas con bellas rejas centenarias de forja, bellos portalones de madera claveteada, zaguanes impolutos, brillantes, y sobre todo cal, blancura refulgente, con fachadas que se enjalbegan cada verano".

fiestas "Tres fiestas la definen, entre su rico calendario festivo: el Lunes del Toro de Cuerda, las Fiestas Mayores de agosto, y la recreación histórica sobre la figura del bandolero José Mª el Tempranillo, en otoño -enumera-. Son la ocasión para degustar su rica y tradicional gastronomía serrana, donde no pueden faltar el queso o la miel autóctonos".

naturaleza "Además -continúa Barea-, Grazalema es un excelente punto de inicio de excursiones a los alrededores: el Pinsapar -recomendable a finales de enero, cuando son más probables las nevadas-, la Garganta Verde -en la cercana Zahara de la Sierra-, la Manga de Villaluenga -soberbio valle por el que transita una calzada romana que baja hasta Ubrique, la Ocvri romana-, o acercarnos a la inigualable Cueva de la Pileta (Benaoján) donde podemos observar excepcionales pinturas del paleolítico".

Para los senderistas, Manuel Barea aconseja "perderse por la Sierra del Endrinal y aparecer por Villaluenga o Benaocaz; toda una aventura llena de sensaciones visuales, olfativas y espirituales".

lecturas "Para acompañar las tardes una buena lectura siempre es bienvenida -indica-Tal vez un poco de poesía: el Cancionero andalusí del cordobés Ibn Quzman; si queremos conocer más en profundidad Grazalema, podemos bucear en la monografía de Pitt-Rivers: Un pueblo de la Sierra: Grazalema; y si queremos mapear la zona desde el punto de vista senderista, cualquier libro de rutas y un buen mapa nos acercarán a la toponimia y orografía de la comarca".

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