José Manuel Vera Borja. sociólogo, fotógrafo y ex político

"La diferencia con el Cádiz del XVIII es el talento que había"

  • Viaje en el tiempo. Puede ser el principal retratista del pasado más brillante de la ciudad con sus recreaciones. Pero más allá de la nostalgia, centra en el puerto de la Bahía la nueva oportunidad de futuro de la zona

José Manuel Vera Borja posa delante de una imagen de un castillo de San Sebastián nublado que aparece en la exposición que tiene en la verja del muelle. José Manuel Vera Borja posa delante de una imagen de un castillo de San Sebastián nublado que aparece en la exposición que tiene en la verja del muelle.

José Manuel Vera Borja posa delante de una imagen de un castillo de San Sebastián nublado que aparece en la exposición que tiene en la verja del muelle. / jesús marín'

Acaba de inaugurar hace apenas diez días en la verja del muelle una deliciosa exposición llamada 'El océano en el horizonte', que se integra dentro de la celebración de la llegada de la Casa de Contratación.

-Siempre miramos ese momento con añoranza y queremos que Cádiz vuelva a ser lo que fue. ¿No es esto en la actualidad una absoluta utopía?

-Es muy complicado que en la actualidad haya una oportunidad tan importante como la que ha tenido la Bahía de Cádiz a lo largo de los últimos siglos. Cádiz tuvo una gran oportunidad histórica y lo supo aprovechar. Ya en el siglo XVIII, con la llegada de la Casa de la Contratación culmina un proceso en el que la ciudad había crecido muy fuerte, pese a que venía del olvido prácticamente desde los romanos, y de pronto coge ese impulso. Cuando viene esa oportunidad lo importante es que sabe cogerla a tiempo porque hay un grupo social tan potente que tiene claro adonde dirigirse y qué hacer con esos recursos. Ese grupo que podíamos denominar la burguesía comercial era progresista, gente que estaba con la Ilustración, que leían a los autores que estaban prohibidos, eran liberales y luchaban por el libre comercio. Esta gente fue capaz de construir un modelo de ciudad y un modelo de vida que era un ejemplo para cualquiera. Ese impulso lo focalizamos en 1717 pero en realidad venía de antes y siguió mucho tiempo después

-Cádiz vivió mucho tiempo de esas rentas.

-Veamos la evolución. Al principio del XVIII, teníamos esto. A principios del XIX teníamos una ciudad consagrada que ya tenemos aquí y que se refleja en la maqueta de Carlos III , una ciudad que funciona con tanta potencia que se le denomina el Nueva York de la época. El mundo pasa por aquí, el meridiano se referencia en Cádiz. Cádiz es la ciudad de moda donde vienen los grandes poetas y el gran tour que hacía la gente ilustrada era aquí. La gente derrochaba piropos para Cádiz. Al principios del XIX nos encontramos con una ciudad que está en el súmum de su esplendor.

A principios del XX, se produce una gran transformación. Es verdad que se han perdido las colonias de América pero Cádiz todavía tiene una oportunidad cuando abre el frente de muralla y construye el puerto físico con sus diques y con sus muelles para poder coger el proceso de los trasatlánticos y los vapores que es un gran negocio. En aquel momento las grandes compañías del mundo se disputaban por conseguir los permisos y los monopolios de todas esas líneas y ahí es cuando surgen Pinillos y otros. Luego viene la guerra , el ostracismo y la ciudad pierde su norte.

-Y de ahí no hemos salido

-Yo creo que ahora a principios del siglo XXI tiene otra oportunidad alrededor del puerto, del puerto de la Bahía de Cádiz, es lo que le da más sentido a la ciudad metropolitana que somos, que a pesar de que las políticas municipales son mirarse el ombligo, el puerto es el que ha conformado el hábitat humano, es decir, las ciudades que bordean la Bahía lo hacen porque es el mejor enclave y el mejor puerto natural del sur de Europa. Por eso esta exposición toma sentido en ese contexto . Yo quería valorar el papel que jugaba, juega y tiene que jugar en el futuro el puerto de la Bahía de Cádiz.

-O sea, que su exposición no es nostálgica sino basada en lo bueno que tuvimos para mirar al futuro.

-Exacto. Qué ha pasado en estos tres momentos y que podía pasar en esta cuarta oportunidad. Si la hace bien puede generarle prosperidad, empleo y riqueza. Creo que es una pequeña contribución a eso.

-¿Dónde está a su juicio la gran diferencia entre entonces y ahora?

-Que había un enorme talento. Ahí estaban Tofiño, Patiño, Celestino Mutis..., la nómina era increíble. Ese cuerpo social que era una comunidad mercantil librepensadora junto con esas instituciones del conocimiento . Esa es la diferencia. También había una clara conciencia de ciudad y el protagonismo de la sociedad era tan grande que los poderes se limitaban a que se cumpliera la normativa. Era el cuerpo social el que tiraba para adelante la ciudad. Eso ahora mismo es un sueño.

-El que fue su alcalde cuando fue concejal en el PSOE, Carlos Díaz, también es un gran aficionado a la fotografía.

-El otro día estuve hablando con él y hemos quedado para que le cuente la exposición. Lo considero un gran alcalde de Cádiz y lo que más le he admirado es su honradez y el estoicismo. Es una persona que nunca se ha permitido ningún exceso en ningún sentido. Yo nunca había pisado un fast food. Carlos Díaz me llevaba a estos sitios cuando íbamos a Madrid a entrevistarnos con los ministros para conseguir dinero. Yo le decía "yo te invito pero no me hagas comer esto". Es de un austero que asusta pero es muy bueno en política. Fue incorruptible, auténtico y la ciudad notó un buen impulso pero después la jodimos bien jodida con la bronca política.

-¿Le llenó la política?

-Estuve casi una década después con problemas físicos derivados del estrés. Del esfuerzo psicológico y físico que hice y de la dureza de la vida política donde sale lo mejor y lo peor de la gente. El grupo que entramos ya teníamos una carrera profesional y eso se notó en la ciudad porque estábamos gente acostumbrada a gestionar. La ciudad cambió radicalmente porque íbamos en pendiente y con tendencia hacia la decadencia. Había especulación, se estaban construyendo alturas que eran colmenas, y de repente hubo centros de salud, otros culturales, se pudieron hacer 2.000 o 3.000 viviendas en la Barriada y se pudo empezar a rehabilitar. Esponjamos hasta que la ciudad empezó a respirar de otra forma.

-Ahora está de moda lo de la participación pero ya con el gobierno de Carlos Díaz hubo algunos procesos muy importante como el del Cádiz XXI.

-Eso fue un plan integral. Había cientos de personas de todos los sectores que tenían algo que decir y fue algo muy importante. La ciudad ha mantenido ese impulso y en general ha funcionado bien pero a los ayuntamientos no le podemos pedir milagros. Ellos tienen que poner las condiciones para que sea posible el desarrollo pero no puede sustituir a la empresa privada para crear empleo. ¿Quiénes son los actores económicos de la Bahía de Cádiz? Yo lo tengo claro. Cinco protagonistas que al menos sentaría de una manera permanente de coordinación de ideas para que todas las actuaciones estuvieran mejor organizadas y para no seguir perdiendo trenes que pasan delante de nuestras narices.

La gente mira a la otra parte de la Bahía como algo extraño y lejano. Si Airbus es tan Cádiz como Puerto Real o San Fernando, si Astilleros, si Dragados off shore, todo eso es la ciudad de la Bahía de Cádiz y esos son los actores que tienen que jugar. Un gran actor es el puerto y afortunadamente está jugando ese papel. Otro gran protagonismo debería ser la Zona Franca y por medio de todo la Universidad: he visto milagros en Europa que las ciudades se han transformado cuando la universidad se ha convertido en el motor de esas poblaciones o comarcas.

-Pero esa barrera mental del concepto Bahía está más en la política y en sus localismos que en la gente que hacemos bahía a diario sin darnos cuenta.

-Efectivamente. Por qué lo que es una realidad sociológica, económica, demográfica y somos una ciudad a efectos de nuestra vida y, sin embargo, políticamente andamos como reinos de taifas. ¿Eso es medianamente lógico? Es bastante absurdo y no sé cómo romper la dinámica, pero habría que hacerlo.

-¿Qué le parece la verja del muelle como espacio expositivo?

-Hace un año fui a hacer una fotografía a la valla y lo que hice fue coger imágenes de Interiores Robados y ponerlas en la valla con el fotoshop. Entonces cogí eso y me fui a la Autoridad Portuaria para hablar con el presidente y le gustó tanto la idea que se llevó adelante el proyecto. A mí me parece estupendo. La valla siempre ha sido el símbolo que separa algo que siempre debía haber estado unido. La ciudad y las de la Bahía y su puerto han estado siempre unidas. Sé que debe haber seguridad pero también se pueden encontrar soluciones. La valla se está convirtiendo en un punto de encuentro y eso es muy bonito. Le hemos dejado espacio para que haya transparencia y hemos conseguido ese espacio de encuentro.

-¿Cómo se definiría como fotógrafo?

-Me obsesiona la pintura. Desde hace bastantes años me inspiro mucho en la pintura. En alguna de las fotos hago pequeños homenajes a determinados cuadros o autores. Me gusta la fotografía en esa conexión con otras artes. Busco muchos paisajes sin personajes pero si asumo a estos, no son unos personajes cualquiera. Ya tienen nombres y apellidos y los trato con la delicadeza que los trataba la pintura barroca, trato que tengan la luz adecuada en la cara, el gesto, al expresión, su sitio en la foto. Normalmente no me ves haciendo fotos de calle o de fotoperiodismo, ni sé hacerlo. Soy de espacios vacíos también donde adquieren todo su significado buscando días de niebla, por ejemplo. Y cuando fotografío a la gente quiero devolverle la dignidad que tenía, individualidad que tenía en la pintura, que no sean uno más, que no sea un selfie con una sonrisa, esa es la mayor aberración del ser humano. Antes cuando la gente se hacía una fotografía, se ponía el traje que llevaba en la boda y el que iba a llevar después para el cementerio. Ese traje era con el que se fotografiaban nuestros abuelos. Era un gran día y la foto era para toda tu vida. Te dejaba ahí tu memoria, tú eres así para siempre. Quiero devolverle a la fotografía de las personas la individualidad. Ahora somos todos sonrisas y ojitos y ya nadie se acuerda de nada al poco de los segundos.

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