Tribuna Libre

La Generación del 88/18

HA acabado un año más, hay que hacer balance. Llevaba tiempo queriendo escribir esta carta, pero estos días, ya sabéis, no se termina la cena de nochevieja hasta cuando vienen sus majestades los reyes magos. También las compras, los que pueden; los partidos de futbol, la lista interminable de memes que te manda para felicitar el año, el móvil, cumplir con los compromisos familiares y sociales, los que pueden también… pero ya no podía más, por mucho que deba de estar agradecido por ciertas cosas, porque siempre hay alguien peor desgraciadamente, la rabia contenida, que me ha hecho despertarme temprano como si fuera a ir a trabajar, buscar trabajo es en sí una profesión, tenía que escribir, obviando las distracciones que nos infundan, parándome con una sensación de que nos engañan constantemente, de que todo es mentira.

El otro día escuchando el mensaje del Rey dije “mira, esto llevo pensando, parece que “empatiza” con nosotros”, una generación, generaciones, pues por desgracia las que han venido detrás de mí estamos igual, perdidas, educados en un sistema Fordiano que parece ser que seriamos la mano de obra europea. En nuestro colegios e institutos nos vendieron una película Disney, de que sería estudiar para conseguir las habilidades, herramientas y capacidades que nos permitiría desarrollarnos como personas adultas y maduras que puedan desarrollarse, aportar a esta sociedad y formar una familia sea de la condición que sea.

Pero, y aquí empiezan los peros. Las sociedades cambian y hemos sido las generaciones del futuro, hemos pasado del disquete a los pendrive y los terabytes; de la tele de tubo con el San Pancracio a la plana, que si máquina de escribir a tablet, que si conocer a alguien tomando un café, a intuir a alguien en una red social, porque ya sabemos, todo es marketing o neuro-marketing, en este caso. Siempre una generación a caballo entre el pasado y el futuro (en mi caso más todavía) y entonces dije “no”, es el mismo mensaje publicitario para calmar los ánimos, ese mismo mensaje que nos ponen campañas publicitarias que parecen concienciados con el cambio social y el progreso, por nuestro bien, pero en verdad sólo quiere vender el producto.

Entonces empieza esa cosa que te dice que hay que hacer algo, aunque ya te tachan de radical o de políticamente incorrecto solo por defender tus derechos.

Me pongo en el lugar de compañeros míos, de mi quinta y no tan quinta, esforzándose en prepararse oposiciones para ver si se apiadan un año de él o ella y ya no quedan más primos del hermano del cuñado, pero bueno ustedes deben entender que es la ley de supervivencia y quien se cae, desaparece de la sociedad.

Me pongo en lugar de conocidos de amigos, familia que tienen que irse fuera, para desarrollarse profesional/personalmente fuera de sus casas, para buscar ese Valhala que nos vendieron mientras estudiabas, y son víctimas de los propios sistemas, de recortar sus derechos, de no estar con sus seres queridos por su dignidad, y que me dejen de “rollo” de salir de la zona de confort porque yo llevo fuera, y volviendo a ella desde que acabé la carrera, y sí me dan conocimiento para escribir esta carta, tener experiencia y un montón de titulaciones para empapelar la futura habitación de los hijos que tenga, en la casa alquilada de sus abuelos…

Me da rabia pensar en esas personas necesitadas, discapacitados o familias sin recursos, que son mera moneda de cambio para entidades, no son un fin en sí mismas sino un medio para conseguir o justificar algún tipo de fondo europeo, entidades públicas o empresas, más esta última, que vulneran los derechos básicos y constitucionales para ahorrarse despidos y obligar a que el trabajador dimita o en el caso de las otras conseguir un voto, seguir en el poder.

Así que este año, no pido una camisa, no pido un playmobil, como lo hacía de pequeño. Pido que volváis a dotar de criterio, de libertad y que se respeten mis/los derechos de una generación, cada vez más desanimada, pero que no se rinde, que sigue luchando, con sus familias por sus hijos, por su dignidad. Sólo pido eso Melchor, Gaspar y Baltasar, que aunque sé desde 1998 la verdad, valoré mucho más el esfuerzo, vi realmente la magia en quien realmente eran, pero ya con 30 años, darme cuenta que el estado de bienestar y la democracia no existen, o si existen esa tradición está a punto de desaparecer, realmente te decepciona.

Pero como con vosotros sigue cada año volviendo esa magia, esa ilusión que generamos con nuestros actos, por eso os escribo, porque en el fondo de alguna manera existís y como ya dijese Antonio Machado “Tras el vivir y el soñar, esta lo que más importa: el despertar” .A sus Majestades de Oriente.

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