Historias de Cádiz Epidemias en Cádiz y voto de castidad

  • l Encomiable labor de asociaciones benéficas de nuestra ciudad para facilitar alimentos a los más necesitados  l Curiosa anécdota ocurrida en el barrio de la Viña

Calle de la Palma, en el centro del barrio de la Viña. Calle de la Palma, en el centro del barrio de la Viña.

Calle de la Palma, en el centro del barrio de la Viña. / Archivo

Higiene y buena alimentación. Estos eran los   mejores remedios existentes, hasta bien entrado el siglo XX, para combatir las enfermedades.  Por ello, cuando se declaraba una epidemia o aumentaban los casos de enfermedades transmisibles, las autoridades extremaban los consejos sobre la mejor manera de protegerse. En nuestra ciudad eran frecuentes las instrucciones dictadas para la ventilación de las casas, la limpieza de los utensilios de cocina o el encalado de fachadas, paredes y aljibes.   

Diario de Cádiz, desde su fundación en 1867, colaboraba en este sentido con la publicación de estas recomendaciones sanitarias. Debemos citar la extraordinaria labor del doctor Bartolomé Gómez Plana. Con el seudónimo de Gopla y durante muchos años aconsejaba sobre estas cuestiones y fue pionero en recomendar los beneficios del aire libre y la gimnasia para los niños. 

En cuanto a la alimentación, en  la época que tratamos, eran infinidad de familias las que, desgraciadamente, carecían de medios económicos  para adquirir buenos y nutritivos alimentos que ayudaran a superar las enfermedades. En Cádiz existían numerosas asociaciones de caridad que se encargaban de llevar, en la medida de lo posible, alimentos a los enfermos y más necesitados. 

Pero no siempre esta caritativa labor era altruista y en ocasiones venía acompañada de alguna que otra imposición al beneficiado. La entrega de alimentos o donativos imponía, en algunos casos, la obligación de asistir a determinadas escuelas o asistir a cursillos de labores para la mujer, por ejemplo.

Esta ayuda condicionada fue muy criticada en su momento y por ello fue muy celebrada la anécdota relatada en Diario de Cádiz, en julio de 1892, aunque ocultando el nombre de los protagonistas.

Vivía en el barrio de la Viña un matrimonio que era considerado modélico por todos. El varón trabajaba en la construcción naval y entregaba a su mujer el salario íntegro. Según sus vecinos, el hombre no jugaba a las cartas, ni paraba en tabernas ni otros lugares de distracción. Marchaba del trabajo a su casa. La mujer era también modelo de madre de familia. Todo el día dedicada a sus hijos y a su casa, que mantenía limpia y aseada.

La pareja tenía un hijo cada año.  Cuando llegó el séptimo hijo comenzaron algunas enfermedades y la pareja se vio obligada a recurrir a la caridad de una de las asociaciones benéficas de nuestra ciudad.

La presidenta de dicha asociación comenzó a acudir  a la casa del barrio de la Viña para socorrer a la modélica pareja.  Pero pronto descubrió que ese hombre tan formal y esa mujer tan extraordinaria, a pesar de los siete hijos,  ¡no estaban casados! 

La buena mujer   consultó  en su asociación si debía o no seguir ayudando a una pareja que ‘vivía en pecado’. El acuerdo unánime fue que había que seguir ayudando pero, al mismo tiempo,  procurar por todos los medios que la pareja se uniera en santo matrimonio. 

Pero todos los esfuerzos resultaban  inútiles.  Tanto el hombre como la mujer, con amabilidad pero con firmeza,  se resistían  a contraer matrimonio. La presidenta llevó al párroco e incluso a un concejal del Ayuntamiento a la vivienda de la pareja para presionarlos, pero tampoco resultó eficaz esa idea.

Finalmente, el hombre, cansado de presiones, buscó una respuesta tajante y definitiva.  Reunió a su mujer y a sus siete hijos y le dijo a la presidenta de la benéfica asociación:

-Mire usted señora. No sabe usted lo que le agradezco toda la ayuda que me están prestando, Pero mi mujer y yo no podemos contraer matrimonio porque cuando nos conocimos, hace ya ocho años,  hicimos voto de castidad.

 Cuenta el redactor de Diario de Cádiz que el concejal y el párroco salieron de la casa conteniendo la risa, pero que la presidenta  de la benéfica asociación preguntaba en voz alta: 

-¿ Cómo se tienen  siete hijos habiendo hecho voto de castidad?

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