Desescalada en Cádiz Emoción en el reencuentro de los mayores con sus familiares en la residencia Fragela de Cádiz

  • Grandes medidas de seguridad en el centro, entre ellas la instalación de mamparas que no haya contacto físico entre los visitantes y los ancianos

María Luisa Coello llora emocionada, junto al director del centro, Pablo Otero, ante la visita de su sobrina María Jesús. María Luisa Coello llora emocionada, junto al director del centro, Pablo Otero, ante la visita de su sobrina María Jesús.

María Luisa Coello llora emocionada, junto al director del centro, Pablo Otero, ante la visita de su sobrina María Jesús. / Lourdes de Vicente

Día de alegría pero también de mucho estrés en la residencia de mayores Fragela. El búnker que ha sido este espacio durante más de dos meses consiguió que el bicho no entrara en su interior y afectara a sus residentes. Este lunes se abrían las puertas para las visitas de los familiares pero no se iban a hacer de manera descontrolada, sino con unas medidas de seguridad enormes para seguir con el cero en el número de casos.

A las once menos cuarto entraron los primeros tres familiares y los empleados de esta residencia comenzaron a aplaudir, lo que provocó un momento emocionante entre los mayores y los visitantes.Por la tarde, María Jesús Muncunill Coello salía con lágrimas en los ojos de la visita. Había estado con su tía, María Luisa Coello, la decana de todos los mayores residentes, ya que cuenta con 98 años de edad. Las dos se han emocionado cuando se han visto pero no sólo el calor humano le ha alegrado la tarde, sino que le hayan llevado el chocolate que quería y una crema.

María Luisa coincidió hasta hace pocos meses con su cuñado Antonio y con su hermana María de los Ángeles en la residencia hasta que estos dos últimos fallecieron.

Su sobrina María Jesús afirma que lo que más ha echado de menos es no poderse dar un abrazo y besarse con ella pero cuando se han despedido han hecho planes de futuro. Así, su tía le ha comentado que “a ver cuándo nos vamos a ir a tomar una cervecita”.

Y es que si hay algo que le encanta a María Luisa es poder salir a la calle y su Caleta del alma. Durante este tiempo han pasado el mono de las visitas presenciales gracias a las llamadas diarias y a “los vídeos maravillosos” que hacían en la residencia y que se enviaban a los familiares para que vieran cómo iban en el día a día. De hecho, María Jesús sólo tiene palabras de agradecimiento para los empleados de este centro.

Una empleada toma la temperatura a María Jesús Muncunill al entrar en la residencia Fragela. Una empleada toma la temperatura a María Jesús Muncunill al entrar en la residencia Fragela.

Una empleada toma la temperatura a María Jesús Muncunill al entrar en la residencia Fragela. / Lourdes de Vicente

A pesar de que ha habido emoción, el día de hoy ha sido de felicidad, “ya que otras veces sí la he notado más baja por teléfono porque decía que nos echaba mucho de menos”.

Ese confinamiento ha pasado factura a Natividad Casermeiro Rosado, que también echa de menos poder salir a la calle. Han ido a visitarla su hija Rosa y su nieta Sara, aunque sólo esta última es la que ha podido estar con ella por las normas.

Sara explicaba que su abuela se ha puesto muy contenta y que, al igual que María Jesús, lo que se echaba de menos es el contacto físico y que la mampara impide la comunicación porque no se escucha del todo bien. En este caso, cree que “la visita le ha supuesto unas vitaminas porque andaba un poco apagada”.

Para poder acceder al interior hay que pasar los pies por una alfombrilla situada en el portal de la residencia. Hay que ir con mascarillas y hay que desinfectarse las manos de manera obligatoria. Además, los visitantes tienen que firmar un declaración en la que se indica que no tiene síntomas ni ha pasado por el Covid-19 y no ha estado en contacto con ninguna persona que lo haya tenido.

Desinfección de la sala de visitas. Desinfección de la sala de visitas.

Desinfección de la sala de visitas. / Lourdes de Vicente

Una vez que se ha cumplimentado, se les toma la temperatura a todos los que vienen de la calle y, acto seguido, pasan a la sala que está más cercana a la puerta, para que el recorrido sea lo mínimo posible. Dentro, entre el familiar y el mayor hay una mampara de metacrilato para evitar el contacto, algo que fue lo que más echaron de menos unos y otros. Las visitas se hacen de tres en tres con la debidas distancias de seguridad y duran un máximo de media hora. Entre unas y otras, toca desinfección.

El director de la residencia, Pablo Otero, señalaba que hay nueve visitas por la mañana y otras nueve por la tarde, de manera que cada residente recibe seis mensuales hasta que la situación vaya mejorando. Para ello, han enviado un cuadrante a cada uno de los familiares de los 78 residentes en los que se les indica el día y la hora que le toca a cada uno.

Otero señalaba que no hay fecha prevista para que se produzcan salidas de mayores a la calle, ya que de momento se podría correr un riesgo.

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