Crónica de San Juan de Dios Diagnóstico en carne viva de una ciudad

  • El informe. La solución es muy complicada cuando pasa por ser un problema estructural y arraigado

Una mujer entrega a otra alimentos en un comedor social de la ciudad. Una mujer entrega a otra alimentos en un comedor social de la ciudad.

Una mujer entrega a otra alimentos en un comedor social de la ciudad. / Fito Carreto (Cádiz)

El informe

Diagnóstico de Cádiz en carne viva. Ni más ni menos que lo que vemos a diario. Nos enorgullecemos de las bondades de la ciudad para vivir, nos miramos el ombligo una infinidad de veces con la Caleta bonita, el Falla bonito y todo muy bonito cada mes de febrero y sólo hierve la sangre cuando una horquilla suena a menos decibelios de lo que marca el manual del gadita. Es la Cádiz conformista, abúlica, la de la culpa ajena y nunca la propia, la de la paguita y la del fracaso escolar.

Hace unos meses diversas asociaciones que trabajan con personas en barriadas deprimidas, dieron la voz de alerta sobre el diabólico círculo vicioso que convertía el problema de la dependencia de los servicios sociales en un modo de vida, en un asunto estructural que se transmite de generación en generación.

Más allá de un porcentaje de analfabetismo que parecía un poco exagerado, la almendra del estudio era que una buena parte de los chicos que iban al colegio en familias donde los padres apenas tenían formación y estudios y con muchos usuarios de los servicios sociales, estaban abandonados a su suerte en cuestión del colegio, es decir, no es que no sólo no los ayudasen o tutorizasen en las tareas y se preocuparan de lo que iban haciendo, sino que incluso apenas participaban en los seguimientos y programas que se hacían desde los centros escolares.

Muchos de estos chicos acababan abocados finalmente al fracaso escolar, esto les ponía muy complicado el acceso al mercado de trabajo y, por lo tanto, a la posibilidad de tener unos ingresos con los que poder obtener una vivienda. Finalmente, todo ese proceso les llevaba a los servicios sociales y vuelta a empezar con el salto de una generación por medio.

No es cuestión de demonizar a los que están en esa situación, ni muchísimo menos, pero lo cierto es que se ha creado un sistema con dos caras. La buena es que asiste a las personas que más lo necesitan para que puedan tener cubiertas las necesidades más básicas.

La mala es que pese a que se supone que deberían ser medidas para ser usadas de manera circunstancial, se han convertido en el medio de vida para un buen porcentaje de los que tienen que acudir a servicios sociales.

El tema de los servicios sociales ha evolucionado hacia una especie de subasta política donde a ver quién da más. Desde todos los partidos se ha tenido un pánico tremendo a que se las líen en los plenos municipales, o se pongan en la puerta de los ayuntamientos. Al final gente que ha ido a las bravas han conseguido durante muchos años antes las cosas que los que son más callados y se han quedado en segunda fila. El que no llora, no mama.

Por ello, se produce la conciencia de los derechos por encima de los deberes. Abandonamos los estudios y lo dejamos todo pero después reclamamos la vivienda, el puesto de trabajo o lo que sea. Gente que se conforma con esa manera de vivir y que termina inculcándolo a las generaciones que vienen por detrás.

El futuro

El diagnóstico lo tenemos claro. Pero, ¿ahora qué? El equipo de Gobierno de Podemos plantea cambiar el sistema de los servicios sociales hacia un aspecto menos asistencialista.

Las nuevas generaciones que están más formadas van saliendo de la ciudad y emigran para no volver, ya que aquí no van a encontrar nunca lo que desean ante un mercado laboral tan reducido.

La solución no es fácil. Hay quien cree que las ayudas que se entregan deberían tener después un retorno a las sociedad, bien a través de servicios a la comunidad o lo que sea.

Pero lo principal es un trabajo a largo plazo para ir cambiando ese modo de vida arraigado, donde se piense que el estudio sí sirve para algo y que, por lo tanto, aunque haya que luchar y tener la pizca de suerte necesaria, también sabes que vas a tener más posibilidades par salvarte de la quema.

Escepticismo

El diagnóstico que se ha hecho es certero y debería sacudir la conciencia de mucha gente, pero mucho me temo que eso no va a ser así. Volveremos en poco más de un mes a presentar una fachada de autocomplacencia mientras que el alma está lleno de desconchones.

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