Cádiz| La crisis del coronavirus "Por fin nos sentimos a gusto, protegidas y cerca de la gente a la que queremos"

  • Elena y María Luisa, las amigas jubiladas a las que la pandemia les cogió en Nueva Zelanda, han podido regresar a Cádiz después de casi un mes de incertidumbre y confinamiento en la otra punta del mundo

Elena y María Luisa en la T4 tras aterrizar en Madrid.

Elena y María Luisa en la T4 tras aterrizar en Madrid.

Tuvieron que interrumpir su ruta en autocaravana por Nueva Zelanda debido a la pandemia de coronavirus y han estado confinadas tres semana en un piso que tuvieron que alquilar en aquel país hasta que han podido volver a Cádiz. Tras mucha angustia e incertidumbre, y un largo viaje, por fin, Elena López Torres y María Luisa Martínez Lafuente están en casa.

Estas dos amigas jubiladas vieron cómo este virus que tiene en jaque a todo el planeta truncaba el que iba a ser el viaje de sus vidas y las dejó atrapadas en la otra punta del mundo, sin saber cuándo iban a poder volver, ya que les cancelaban todos los vuelos de vuelta que iban adquiriendo. La situación se complicó cuando se prohibieron los vuelos internos en Nueva Zelanda, ya que ellas se encontraban en Christchurch, en la Isla Sur, y el avión de vuelta tenían que cogerlo en Auckland, en la Isla Norte.

A finales de marzo consiguieron billete para el 16 de abril: un vuelo Auckland-Frankfurt (con Qatar Airways) y luego Frankfurt-Madrid (con Lufthansa), sin saber si podrían cogerlo, pues la única manera de llegar a la Isla Norte era en avión.

Elena cuenta que cuando Nueva Zelanda levantó la prohibición de los vuelos domésticos, su "carrusel emocional" se serenó un poco. "Ya teníamos los billetes y sólo era cuestión de esperar a que pasaran los días. Pero el torbellino anterior de cancelaciones de vuelos y cierres de fronteras nos había convencido de que no había nada seguro, y hubo muchas noches de insomnio y dolores de cabeza mientras esperábamos que llegara la fecha del regreso", reconoce.

Afirma que en esas jornadas de espera, solían consultar las webs de las aerolíneas implicadas (Air New Zealand para el vuelo de Christchurch a Auckland, y Qatar Airways para el viaje a España) dos veces al día, por la mañana y por la noche, para comprobar que no había habido cambios o cancelaciones. "Manteníamos el contacto diario con la embajada, leíamos los informes del Ministerio de Sanidad neozelandés sobre la evolución del Covid-19 en el país, y las noticias españolas e internacionales, e intentábamos establecer ciertas rutinas en nuestro confinamiento, algo impensable hasta entonces. Y, por supuesto, manteníamos conversaciones con familiares y amigos en los márgenes que permitía la diferencia horaria entre España y Nueva Zelanda", relata Elena.

Tanto ella como María Luisa quieren resaltar que, a raíz de la aparición de su historia en este periódico, "recibimos muchos apoyos y mensajes de ánimo de gente conocida, que agradecimos sinceramente y que contribuyeron a hacer menos penosa la espera".

Por fin el día 15 de abril volaron de Christchurch a Auckland y el 16 embarcaron en el vuelo de Qatar Airways, que era uno de los últimos aviones que iban a salir de Nueva Zelanda. "Eran 18 horas de vuelo hasta Doha, primera escala. El avión estaba a rebosar, con todos los asientos ocupados. Nosotras llevábamos mascarillas, y no nos las quitamos en todo el viaje. Tras la escala y la espera en Doha, volamos a Frankfurt. Nueva espera, y de allí ya a Madrid. Hicimos noche, y al día siguiente llegamos en tren a Cádiz", cuenta Elena.

"El mundo había cambiado mucho desde que habíamos salido de España a primeros de marzo. Los aeropuertos estaban vacíos, la gente se protegía con mascarillas y guantes, las ciudades (Christchurch, Madrid, Cádiz) estaban desiertas. Pero estábamos en casa. Después de tanto tiempo, por fin nos sentimos a gusto, protegidas y cerca de la gente a la que queremos. Aún no podemos abrazarlos, pero todo llegará", concluye.

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