Balance del año

2019 en Cádiz, el año de las alarmas

  • La pérdida de casi 1.000 habitantes ha sido el remate a los últimos doce meses en los que se han conocido datos tremendamente negativos para el presente y el futuro de Cádiz

  • Es hora de buscar remedios

Situación en la que se encuentra la fachada del Museo del Títere, en las Puertas de Tierra. Situación en la que se encuentra la fachada del Museo del Títere, en las Puertas de Tierra.

Situación en la que se encuentra la fachada del Museo del Títere, en las Puertas de Tierra. / Jesús Marín

Cádiz está noqueada. Como un boxeador que ha recibido varios golpes y deambula por el ring sin tener claro qué hacer para defenderse ni cómo moverse. El dato que señala que en un año ha perdido la ciudad nada menos que 952 habitantes, restando ya casi 11.000 gaditanos al censo en la última década, es el último duro golpe que recibe Cádiz en los últimos doce meses. Una ciudad que informe tras informe ve claros reflejos de los derroteros por donde se mueve y con tendencias que en la mayoría de los casos van a peor.

La pérdida de población refleja que Cádiz es una ciudad sin oportunidades, donde la gente se marcha a otras localidades bien sea por cuestiones de trabajo o por problemas de acceso a la vivienda; cuestiones ambas que también se ponen de manifiesto en los informes y estadísticas que periódicamente salen a la luz y que se han visto acrecentadas este año. El propio alcalde, José María González, analizaba estos datos poniendo el foco en los problemas de la ciudad –no nuevos, sino que arrastran varias décadas– a la hora de encontrar un empleo o una vivienda.

Efectivamente, el empleo es una losa excesivamente pesada no en Cádiz capital, sino en toda la provincia. El año terminará, previsiblemente, con alrededor de 12.500 gaditanos sin trabajo, una cifra levemente mejor a la del principio de 2019, pero ante la que hay que contrastar esa pérdida de casi mil habitantes. Lo peor de estas cifras es que en muchos casos el desempleado acumula bastantes meses o años en esa situación, lo que se une a una baja formación que dificulta la obtención de ese nuevo empleo en una ciudad que ya de por sí presenta escasas oportunidades.

Muy pocas oportunidades ofrece también la vivienda. Este año 2019 se has conocido varios datos demoledores al respecto. Como el estudio sobre el estado de la vivienda que realizó el Ayuntamiento y que concluía que en la ciudad apenas existe un centenar de viviendas disponibles para el alquiler residencial, lo que dificulta el acceso para muchas familias, encarece notablemente el precio de las disponibles y favorece esa despoblación que emigra a otras localidades cercanas donde sea posible acceder a una vivienda. 883 euros por metro cuadrado es el precio medio que ese informe municipal fija para la vivienda disponible en Cádiz.

Otro dato relativo a la vivienda que se conocía hace unos meses es que Cádiz es la capital andaluza más cara, y además donde más crece el precio (cerca de un 10% en el último año). Y la fuerte irrupción de la actividad turística no parece que vaya a ayudar, al menos a corto plazo, a paliar esta preocupante tendencia para la ciudad.

Otra alarma que se ha disparado este año ha sido la de la actividad económica, que sigue evidenciando una línea negativa que se mantiene desde hace años. Esto se hace palpable en la cuenta de ingresos del propio Ayuntamiento, que año tras año ve cómo bajan en los capítulos relativos a la actividad económica. Por ejemplo, en concepto de Impuesto sobre Actividades Económicas –que grava aquellas actividades que superan el millón de euros de importe neto de cifra de negocio– se ha ingresado en el último ejercicio un 14,3% menos que hace cuatro años, pasando de 4.947.233 euros en 2017 a los 4.502.704,21 euros de 2018 (pendientes del dato que arroje en los próximos meses la liquidación del año que hoy termina).

Y posiblemente como consecuencia de todo lo anterior, en estos meses se ha puesto el foco en un descorazonador informe que realizó el área de Servicios Sociales del Ayuntamiento y que refleja a Cádiz como una ciudad envejecida, muy asistida, con deslegitimación de la Educación, localista, muy dependiente y heterónoma, entre otras cualidades nada positivas. Ya vaticina en ese informe Asuntos Sociales, en base al desánimo generalizado de la población y la escasa formación de los jóvenes, la existencia de colectivos “que se verán abocados a los Servicios Sociales y las redes de apoyo informales como la familia para cubrir sus necesidades más básicas”.

Ese informe establece que en torno a 37.000 personas pueden estar en la ciudad en riesgo importante de exclusión social, señalando especialmente que un 24% de gaditanos no tiene estudios y otro 19,6% sólo cuenta con los conocimientos de la Enseñanza Secundaria. Y hablaba con dureza de la existencia de un “turismo de ayudas”, del gaditano “conformista en exceso, costumbrista y centrado en los eventos lúdicos”.

Todas estas cifras, datos e informes hablan por sí solos. Y este 2019 que hoy acaba lo han hecho, alto y claro, de la situación límite a la que se ha llegado y que parece seguir cuesta abajo y sin frenos por mes y año que pasa.

El futuro

Con esta cruda realidad ante los ojos, posiblemente haya llegado la hora de dar un volantazo al día a día normal de la ciudad y de sus administraciones. Hay que empezar a poner cimientos sólidos para que en medio de tanto dato negativo la noticia desde hace cuatro días en la ciudad sea una caída producida durante una carrera.

El propio alcalde ya hacía referencia el pasado viernes, tras conocerse el dato de población, a la necesidad de aunar esfuerzos y voluntades de todas las administraciones para empezar a construir un nuevo camino para la ciudad. “En esto no hay la actuación única de una administración, llámese Ayuntamiento, Junta de Andalucía o Gobierno de la nación. La solución viene por una actuación simultánea de todas las administraciones a la vez”, demandaba González, que ya vaticinaba que la ciudad seguirá perdiendo habitantes mientras no cambie la deriva actual respecto al empleo y la vivienda.

Posiblemente para impulsar ese frente común de las administraciones, un primer paso que haya que dar este 2020 sea buscar un pacto municipal por la ciudad, en el que los distintos grupos políticos se comprometan a enterrar el hacha de guerra en determinadas cuestiones, y también –en la línea de lo que demandaba hace unos días la portavoz de Ciudadanos, Lucrecia Valverde– dejar a un lado las declaraciones institucionales y las mociones a pleno para instar a terceros y centrar todo el esfuerzo y toda la atención en acordar medidas que mejoren las condiciones de vida de una ciudad que hace aguas por varios frentes.

A esta responsabilidad política también habría que unir, por qué no, la responsabilidad social de la propia ciudadanía, que debería empezar a ser más exigente con las necesidades de la ciudad y más ambiciosa respecto a proyectos y logros de futuro. En otras localidades, por ejemplo, se han formado plataformas ciudadanas cuya misión es estrictamente defender los intereses de esa localidad ante cualquier entidad y administración; una fórmula que parece dar sus frutos. En Cádiz, además, hay ejemplos puntuales como la plataforma que logró frenar el derribo de la Aduana.

La situación es crítica, y empeora por día que pasa. Cádiz concluye hoy un año demoledor en cuanto a cifras, informes y tendencias; y la sensación es que no hay mucho tiempo para empezar a poner remedio antes de caer a la lona.

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