Lecturas de Verano

Batallas estivales

  • En los años dorados del play back, cuando los jóvenes seguían con pasión el programa 'Aplauso', irrumpieron en las discotecas dos grupos prefabricados· Jacques Morali y Franz Farian fueron sus verdaderos creadores

MI primer curro nada más acabar la carrera de Periodismo fue despiporrante. Me contrató un italiano que había montado en Madrid, en un piso de la calle Claudio Coello, una cadena de revistas semanales a cada cual más delirante. En mi flamante trabajo, mal pagado cuando era pagado, pasé de una revista de coches (ni sabía ni sé conducir) en las que escribía complejas críticas sobre nuevos modelos de los que no había visto ni una foto (confort, reprise bla bla bla... es muy fácil escribir de algo de lo que no se tiene ni idea) a relatar espeluznantes acontecimientos en las páginas de una publicación de sucesos inexplicables (sucesos inexplicables, entre otras cosas, porque nunca habían sucedido). Mi buen hacer en el mundo de la invención me granjeó un ascenso y me asenté en la revista estrella del grupo, una especie de Super Pop destinada a las fans. Uno de mis primeros encargos, aparte de inventarme cartas de adolescentes que no sabían cómo practicar sexo por primera vez con su novio, fue entrevistar a Milli Vanilli, un dúo compuesto por dos farloperos que atendían a los nombres de Morvan y Pilatus. No recuerdo gran cosa de la conversación, pero salí con la seguridad de que Milli Vanilli eran pura estafa. No me escandalizó, ya que yo también lo era (al fin y al cabo, de vez en cuando seguía escribiendo críticas de coches) y mi juventud resbalaba por la certeza de que no había nada que no lo fuera. Poco después Milli Vanilli ganaron un Grammy y poco más después un tipo salió en la prensa musical diciendo que Morvan y Pilatus no cantaban ni en la ducha, que él era Milli Vanilli. Fue un gran escándalo en la misma industria musical que había encumbrado sin pudor a centenares de artistas que no lo eran. En este caso, el artífice de ese éxito, el hombre que había moldeado la farsa, es uno de los protagonistas de esta semana: Franz Farian. Hablemos de los grupos de mentira en la era dorada del play back.

Porque aunque esto es un combate entre un grupo de gays disfrazados de machos (o viceversa, no sé, no soy un experto en el mundo gay y sus estereotipos) que cantaban a lo bien que se lo puede pasar un joven en una congregación de cristianos americanos (y ese 'bien' puede entenderse de muchas maneras viniendo de quien venía) y un grupo de seductoras mujeres afro que parecen dejarse someter por un hombre sacado de una caverna, en realidad es un combate entre dos candidatos al fracaso, Jacques Morali y Franz Farian, cuyas sombras se elevaron a las más altas cimas de la cultura kitsch. Porque nadie conoce a Morali y a Farian, pero todo el mundo conoce sus creaciones, Village People y Boney M.

Empecemos por el francés, Jacques Morali, que empezó su carrera en el mundo de la música vendiendo cassetes en el aeropuerto de Orly. No sabemos cómo nos lo encontramos a mediados de los 70 en una discoteca de 'ambiente' del barrio neoyorquino del Village poniendo música negra. Observa Morali desde la cabina del DJ que los homosexuales crean estrafalarios roles. De hecho, los homosexuales no van de 'pluma', sino que se acercan mucho más al 'look' de estibadores y camioneros. Entonces es cuando decide mezclarlo todo. Caractericemos a un grupo de supermachos, que abiertamente van de lo que van, y ofrezcamos temáticas religiosas y patrióticas. Los dos grandes éxitos de Village People, pura invención de Morali, son YMCA ("it's fun to stay into the Y-M-C-A) y In the Navy ("they want you, they want you as a new recruit"). Sitúense en la idea de Morali. Es como poner a un grupo de osos de Chueca invitando a los jóvenes a acudir a un campamento del Opus o a formar parte del contingente español en el Líbano. Como tal, no tiene nada de malo. Cuando la organización YMCA demandó a Village People, los jueces desestimaron la querella: son un policía, un indio, un obrero de la construcción, un motero y un vaquero animando a que la gente se apunte a un campamento cristiano. ¿Qué tiene de malo? ¿Que qué tiene de malo?, clamaban desde YMCA. ¡Que son un icono homosexual! Bueno, eso es una apreciación, dijeron los jueces. ¡No es una apreciación!, insistía YMCA. Y así fue como, gracias a Morali, el movimiento gay se tronchó de risa con una de las mayores burlas a la pacatería que se recuerdan. Y lo más gracioso era que nadie en los muy moralistas Estados Unidos podía hacer nada por evitarlo. Todos cantábamos YMCA, en las discotecas no se escuchaba otra cosa que YMCA. Jamás la organización YMCA fue tan famosa. Cuando posteriormente Village People hizo su peculiar campaña de reclutamiento para la VI Flota con In the Navy nadie hizo ningún movimiento de queja porque Morali había convertido en parte del paisaje la estética del macho que adoraba buena parte de la comunidad gay, porque un chiste privado del Village era ya universal.

Paralelamente, otro terremoto removía las pistas de baile de Alemania. Y como en el caso de Village People, era otro invento de una mente pensante. Esta historia da ternura. A mediados de los 70 Franz Farian llevaba toda una vida cantando canciones que nadie escuchaba. Su listado de fracasos soul cantados en alemán o inglés (¡soul cantado en alemán!) era interminable. Así que lo asumió hasta cierto punto, pero no renunció. Este muchacho rubio que quería cantar como un negro se buscó a tres cantantes negras, como las Supremmes, e incluyó a un antillano, también negro, Bobby Farrell. Bobby iba a ser su tapadera porque la voz de Bobby era la de Franz Farian. Y triunfó. había alcanzado su sueño, aunque nadie podía saber que era él y no Bobby quien acompañabaa esas tres chicas. La temática de sus canciones, además, no era nada convencional. Farian se movía entre Belfast y Rasputín, entre El Lute y la célebre mamá gangster de los años 20, Ma Baker. Pero su gran éixto fue Rivers of Babylone, de reminiscencias bíblicas.

La música disco se movía entre la invención de Morali y la de Farian. Y no pasaba nada porque en los 70 éramos inocentes, no había purismos que valieran. Los productores, cuando la industria musical era industria, moldeaban 'cracks' a su imagen y semejanza. El escándalo Milli Vanilly acabó con ello. La música de éxito no es mejor, pero se las da de original y creativa. Qué le vamos a hacer.

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