Zonas urbanas vulnerables

La Barriada no acaba de creerse los 5 millones de la ITI

  • Los vecinos se muestran escépticos ante una gran inversión que no conocen y que esperan que traiga trabajo

  • Valoran los arreglos recientes, pero no son suficientes para acabar con el grave deterioro de la zona

  • Las calles Palmones y Guadiaro siguen levantadas y llenas de grietas, baches y hasta cráteres

¿Que van a invertir cinco millones de euros aquí? No sé, lo que están haciendo está bien, pero queda mucho por delante y hasta que no vea lo que dicen que van a hacer no me lo creo”, responde una vecina. “Si no tenemos para comer ¿cómo va a haber dinero para obras?”, le contesta otra. “Pero si hay obras, habrá trabajo, que es lo que más falta hace aquí, argumenta una tercera. Las frases de estas tres mujeres de la Barriada de La Paz, veteranas de la supervivencia en un territorio urbano acostumbrado a las promesas incumplidas de los políticos durante décadas resume el ánimo con el que afronta, a pie de calle, este tercer Cádiz al que se le vuelve a pedir que crea en una solución a problemas enquistados en sus calles desde su fundación hace cincuenta años.

El alcalde, José María González, firmaba el miércoles en la Delegación de la Junta de Andalucía un convenio de colaboración para la puesta en marcha de actuaciones por valor de 4,8 millones de euros en la Barriada de La Paz. Un proyecto que fue presentado al Ejecutivo andaluz dentro de la convocatoria de Barriadas Vulnerables, en el marco de la Inversión Territorial Integrada (ITI) 2014-2020 para la provincia.

“Desde el Ayuntamiento de Cádiz lo teníamos claro y presentamos la propuesta para que se actuara en una barriada humilde de la ciudad y muy importante como es la Barriada de La Paz, y con estos casi cinco millones de euros esta zona va a mejorar mucho sus condiciones. Nosotros trabajamos para toda la ciudad, y fundamentalmente para que haya avances en las zonas más vulnerables, que es donde más se necesitan este tipo de inversiones”, enfatizaba el alcalde a través de un comunicado de prensa.

El plan contempla dos líneas de actuación: Por un lado, mejorar la trama urbana de la barriada en materia de reurbanización y de accesibilidad, a lo que el Ayuntamiento destinará más de 1,2 millones de euros, que ejecutará directamente . Por otro, se persigue mejorar las condiciones de conservación en general , de accesibilidad y de eficiencia energética de algunos edificios mediante subvenciones a las comunidades de propietarios, con especial atención a las necesidades de mayores y personas con movilidad reducida, mediante la instalación de ascensores y rampas. En esto se invertirán otros 3,6 millones de euros. A estas ayudas se podrán acoger las comunidades de propietarios de los edificios de la calle Brigadier Tofiño, la Avenida de la Bahía, la Avenida de Huelva, la Avenida del Guadalquivir y la calle Fray Pablo, se especificaba en el comunicado. Y hasta ahí se supone que llegará la inversión.

Este plan no contempla ninguna medida social frente al duro diagnóstico que hizo Derechos Humanos hace dos años

Este plan no contempla, que se sepa, medidas que ayuden a aplicar ningún tratamiento que responda al duro diagnóstico social que sobre el interior de La Barriada de la Paz reveló el informe que elaboró y difundió en enero de 2017 la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía: una realidad de pérdida y envejecimiento de la población, de paro, de precariedad, de pobreza y de exclusión social arrastrada durante décadas de abandono que necesita de una intervención integral urgente. Una realidad diaria que lleva a las asociaciones de vecinos a seguir repartiendo alimentos entre las familias más necesitadas y a los más jóvenes, a mudarse a otros municipios en busca de trabajo. Cuando lo hay y en cuanto pueden.

Pero centrémonos en los casi cinco millones de la ITI anunciados por el Ayuntamiento. Un pequeño sondeo hecho a pie de calle por este periódico el pasado jueves por la mañana revela que nadie en La Barriada –salvo alguna lectora de Diario de Cádiz, todo hay que decirlo– tenía ni idea de la inversión millonaria difundida el día anterior.

Sí que es verdad que respecto a enero de 2017 se observan ciertas mejoras superficiales frente al avanzado estado de deterioro que presenta la zona desde hace décadas. Sobre todo en algunos tramos de calles –sólo algunos– que parecían levantados por un terremoto, en el cuidado de las plantas de parterres y jardines –hay quien se queja de que habría que podar algunos árboles, cuyas ramas se cuelan por las ventanas–, en la rehabilitación en curso del antiguo edificio del Centro Cívico y con diferencia, en el moderno y escamondado nuevo mercado de La Paz que tanto tardó en abrirse para sustituir a aquel zoco tercermundista que había. Pero nada más.

“Necesitamos que nos cuiden; nos sentimos abandonados respecto a los vecinos del centro”

Las calles Palmones y Guadiaro, por ejemplo, siguen levantadas y llenas de grietas, baches y hasta cráteres provocados por las raíces de los árboles –Ojo, que nadie pide que los talen– Y en otra contigua sólo hace poco han conseguido mantener a raya a las ratas, que anidaban en algunos troncos huecos, según relata una vecina. En unos bancos cercanos al Centro Cívico, jóvenes sin oficio ni beneficio, al menos en este momento, alguno con niños a su cargo, planean volver a los Servicios Sociales en busca de ayuda mientras consumen la mañana al sol en compañía de una litrona y un cigarrito de liar. En cualquier caso, La Barriada no es lo que era hace quince años y muchos de sus vecinos presumen de vivir muy tranquilos. Al menos en algunas zonas... “Aunque todavía hay mucha droga”, comenta una vecina.

“No tengo ni idea de esa inversión”, confiesa Francisco Javier, un vecino casi treintañero que pasea a su galgo en su día libre y que tiene la suerte de estar trabajando por horas como auxiliar de enfermería en una residencia de ancianos de El Puerto. “La Barriada está muy mal para los niños, para los jóvenes, pero sobre todo, para los mayores. Las calles están muy deterioradas y más de uno se ha tropezado ya con el andador y hasta se ha caído”, se queja. ¿Y por dónde empezaría a emplear esa inversión? “Necesitamos que nos cuiden más en general. Porque nos sentimos abandonados desde hace mucho tiempo, desde que gobernaba Teófila, e incluso antes, mientras que en el casco antiguo no para de haber mejoras como el carril-bici, las peatonalizaciones... que me parecen muy bien, pero que aquí somos igual de ciudadanos que allí. [...] Yo vivo en el callejón de la calle Barbate desde hace casi 30 años y aquella zona, la del 3 y el 5 duplicados, la limpian –decir que la limpian es mucho decir– o la baldean una o dos veces al año”.

Todo lo que sea invertir en La Barriada está bien. Y si hay obras de mejora entiendo que también habrá trabajo para la gente de Cádiz, que es lo que más falta nos hace”, comenta Ana María delante del quiosco-estanco de la calle Alcalde Blázquez, punto de encuentro vecinal de esta parte de La Barriada, quizá la más deprimida de la zona.

Antonio, de 30 años, y Manuel, de 50, coinciden en que lo primero es arreglar el pavimento de las calles Palmones, Sancti Petri y Barrosa, “que están fatal”. Viven y trabajan en La Barriada, en una de las pescaderías del mercado, y por eso se sienten privilegiados. “Aquí hay poco comercio y muchos locales cerrados. Menos mal que el nuevo mercado le ha dado mucha vida a esto”, comenta Antonio, hijo del propietario del establecimiento. “El trabajo es fundamental, para los jóvenes, pero también para los mayores de 50 años, que lo tienen más complicado...”, añade mirando a su compañero. “Y ahora todavía más, con el coronavirus, que ha dejado a muchísima gente sin trabajo... hay muchas familias que llevan dos meses sin cobrar y la reapertura de los bares se está haciendo con la mitad del personal”, apunta Manuel.

"No entiendo por qué siguen vacíos los locales de uso social del Ayuntamiento"

En la farmacia de la misma calle, Lourdes y Pilar Alba continúan atendiendo las necesidades medicamentosas del vecindario, después de un intenso y tenso periodo de confinamiento durante el que algunos creyeron que la tarjeta sanitaria era un falso salvoconducto para saltárselo. En 2017, Lourdes ya planteó a este periódico una idea que entiende que revitalizaría esta zona limítrofe con el Cerro del Moro, tan deprimida: montar un coworking en los locales municipales que tienen justo arriba. “Que yo sepa, son dos plantas de uso social y siguen vacíos. Es una pena. Ahí vendría muy bien también una consulta de enfermería, que es un servicio muy demandado por los vecinos porque no hay nadie cerca que ponga inyecciones o haga una cura. Y también un podólogo, porque nos preguntan mucho por uno. Tampoco hay ningún dentista en el barrio... y no estarían mal un supermercado, una cefetería y un gimnasio”, propone Lourdes.

Respecto al empleo, la farmacéutica se muestra más escéptica: “Yo no tengo la percepción de que en este barrio se busque trabajo... Mientras haya pagas, eso es complicado... Entiendo que las ayudas deben de ser siempre de fomento del empleo... Este barrio, con un poquito de vida, sería una maravilla... Cuando vengo por la Avenida de la Bahía, siempre pienso que esta barriada no tiene nada que envidiarle a Bahía Blanca... con estas vistas... Activando el trabajo y los servicios a la comunidad sería otra cosa”.

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