Perversiones gastronómicas Los vendedores de humo

  • Ferran Adrià decepciona en Madrid Fusión. Adrià es un personaje que cambió la historia de la gastronomía española pero el interés en perpetuar su fama se convierte en actitud patética

Cartel de Madrid Fusión 2019 Cartel de Madrid Fusión 2019

Cartel de Madrid Fusión 2019

Observen la magnífica fotografía del cuerpo desnudo del ex cocinero Ferrán Adrià. Es la imagen que ha elegido el famoso congreso Madrid Fusión, celebrado esta semana en la capital de España. El lenguaje corporal nos indica que hay un señor comiendo solo y agarra un tenedor con la mano erguida. Mira desafiante las cuatro puntas afiladas del cubierto. Se trata de un gurú que simboliza un acto muy representativo: “Yo soy el que dicta las reglas”. Fíjense el aroma monárquico que destila este anuncio. Un personaje del cielo que baja a la tierra para decirnos lo que tenemos que hacer. Una leyenda viva…

Me gusta el código neoveneciano del cartel: vaporosidad, evanescencia, casi barroco. Denota el deseo adoctrinador y la necesidad de perpetuar su prestigio y su fama. Es un autorretrato. ¿Tendrá biógrafo Adriá?

España todavía vive del impacto de lo que fue el boom gastronómico, pero solo sobrevive de los rescoldos porque ya son otros tiempos. Sufrimos una grave crisis creativa en la gastronomía que pocos quieren aceptar. Los que hacen Madrid Fusión lo saben y por eso han tenido que rescatar el cadáver gastronómico de Adrià, de la misma manera que Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, cabalgó muerto a lomos de Babieca para vencer a las tropas árabes.

Este congreso es un templo de las vanidades. Los congresos gastro son, en general, una pasarela de la moda y núcleo de toda clase de intereses económicos y empresariales. El propietario de Madrid Fusión era el crítico gastronómico del periódico El País, José Carlos Capel, algo completamente lícito. Y tan lícita como sospechosamente, el pasado mes de julio de 2017 Capel vendió la empresa que organiza el congreso al grupo Vocento, competencia directa del Grupo Prisa y propietario de ABC, por 6,5 millones de euros. La guerra gastronómica hace curiosos compañeros de notaría. La mafia también se sienta a la mesa.

¿Cuántas operaciones empresariales se realizan en ellos? ¿Cuántas estrellas se negocian? ¿Cuántos sobornos culinarios? ¿Se urden tramas secretas? ¿Se acuerdan y se cobran comisiones? ¿Cuántas venganzas se ejecutan? ¿Cuánta vanidad se paga? ¿Tenemos derecho a preguntarnos todo esto?

Carlos Maribona, el temido crítico gastronómico de ABC –Grupo Vocento-, es decir, alguien que cose para la casa, definió la reaparición de Ferrán el pasado lunes como humo: “Y al final, decepción. Con todo el respeto que me merece Adrià, su brillante trabajo de tantos años que he seguido siempre con admiración, lo de ayer no fue más que humo”.

El auditorio del Palacio Municipal de Congresos de la capital enmudeció. Llegó el genio de Cala Montjoi, habló con su verbo florido - un punto frío, inexpresivo- proyectó su powerpoint, cobró y se fue. Toda esta expectación frustrada es un gran canto a la mentira, una sátira social.

Si se paran a analizar quien patrocinaba todas las ponencias pueden descubrir que numerosos organismos públicos, diputaciones provinciales, comunidades autónomas financian y sostienen, de un manera o de otra, junto a sponsors privados, esta gran farsa.

Cada vez que un solo euro de la administración se invierte en un cocinero-estrella comienza un saqueo de las arcas públicas. Siempre ha habido vendedores de humo, el problema es quien lo compra y para qué se compra. Nadie puede restarle sus méritos porque Adrià es un personaje que cambió la historia de la gastronomía española, pero el interés en perpetuar su fama se convierte en actitud patética. Lo importante es saber retirarse a tiempo o hacerlo con dignidad.

Otra cosa es hacer caja. Raphael no se retira porque quiere morir en un escenario pero Adrià está patrocinado por la Fundación Telefónica. No sabemos cuántos millones de euros se gasta en patrocinio esta entidad pero ¿hasta qué punto un cocinero por su propia obra culinaria puede ascender en la escala social y verse reconocido de esta manera tan absoluta? ¿Ha nacido un nuevo Velázquez?

El nuevo proyecto presentado por el cocinero se llamará Elbulli1846 y propone una visión desde el conocimiento. Contará con un equipo de investigación volcado en diferentes facetas gastronómicas. Adrià, de hecho, ya ha anunciado tres convocatorias para reclutar investigadores a partir del mes de febrero. Quiere ser una especie de laboratorio de creaciones gastronómicas. ¿Dónde queda la comunidad científica española? ¿Hay respeto a la ciencia, al método y a la razón?

Este chef retirado, convertido en un pequeño Newton, va a seguir dando lecciones con el apoyo de la banca, de las administraciones y de las corporaciones tecnológicas mientras nuestros creadores, nuestros científicos y profesores en el sistema público sufren la precariedad, la desmotivación y el desprecio. Este es el privilegio que tienen los vendedores de humo.

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