Inés Bacán | Crítica Naturalidad y emoción

Inés Bacán, ayer en el teatro Lope de Vega. Inés Bacán, ayer en el teatro Lope de Vega.

Inés Bacán, ayer en el teatro Lope de Vega. / Juan Carlos Muñoz

El título de la propuesta hace referencia a la canción Aquellos trenes, uno de los estrenos de la noche, con letra de José Bacán inspirada en los campos de exterminio nazis, en concreto, en los padecimientos de los gitanos en los mismos. Es una canción melódica con estribillo. En realidad, muchas seguiriyas decimonónicas, o de principios del siglo XX, como las que cantó más tarde Inés Bacán, contienen una experiencia de la persecución, del padecimiento y de la muerte, que anticipa la dolorosa experiencia de la segunda guerra mundial. La otra canción de la noche, Nana del mar, también de José Bacán y asimismo estreno, presentó similares características.

Bacán cantó admirablemente por cantiñas del Pinini. Para los fandangos se cambió de lugar en el escenario y los ejecutó sin acompañamiento de guitarra. Volvió a su lugar para hacer la bulería por soleá, dramática, intensa, conmovedora. Lo mejor de la noche. También en la seguiriya mencionada se mostró íntima, traspasada por la pena. Más que iracundas, que también, las seguiriyas de Bacán son lloronas. Volvió Bernardo Parrilla, que la había acompañado en las canciones, para los tientos y para las bulerías. Pocos intérpretes actuales del cante flamenco pueden hacer los tientos, un cante francamente anquilosado, con la frescura y la credibilidad con las que los hace Inés Bacán, que remató por tangos.

Esta cantaora es un género en sí misma. Es un clásico de nuestro tiempo. Es única. No se parece a nadie, ni siquiera a otros miembros de su familia dedicados al cante y, pese a que el suyo es el mismo repertorio del área jonda utrero-lebrijana. Pero los mismos estilos en su garganta suenan diferentes. Nuevos, recién paridos. Formalmente se presenta como una cantaora tradicional, pero su naturalidad a la hora de decir el cante la convierte en una rara avis de lo jondo de su tiempo, que es el nuestro. Ni que decir tiene que esta facultad, esta inmediatez, es completamente desintencionada. Las mejores cosas ocurren así, sin proponérselo uno. A Inés Bacán el cante le sale así. Por carácter. Por vivencias. Porque no tiene una potencia vocal asombrosa, ni unas condiciones técnicas excepcionales. No las necesita. Con esta cantaora el flamenco vuelve a un estadio previo, planta sus pies en la tierra. No canta para asombrar, ni para sorprender, ni para demostrar. Solo para mostrarse, para abrir su corazón, por la pura necesidad de expresión, de trasmitir su estado de ánimo, su emoción.

Eugenio Iglesias llevó a cabo un acompañamiento muy rítmico, escuchando el cante y poniéndose en todo momento a su servicio.

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