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Bienal de Flamenco

María Moreno y la emoción de la soleá

  • La bailaora explora este domingo en el Central el palo que le valió el Giraldillo al Momento Mágico en 2020

María Moreno, con Chema Blanco, director de la Bienal, y Rafael R. Villalobos, director de escena de la obra.

María Moreno, con Chema Blanco, director de la Bienal, y Rafael R. Villalobos, director de escena de la obra. / Bienal de Flamenco

En la anterior Bienal, la gaditana María Moreno, para entonces ya una de las promesas más sólidas del flamenco, logró contagiar con su espectáculo More (No) More un inesperado júbilo en los espectadores y consiguió hacer olvidar con su soberbio baile, apoyado en la creatividad de otros profesionales como el director de escena Rafael R. Villalobos y el diseñador Palomo Spain, la incertidumbre y el dolor con que entonces se vivía la pandemia. Su espectáculo brindó una de las noches más emocionantes de aquella edición, pero la luz que desprendía aquella obra brilló especialmente en un pasaje, una soleá que conquistó el Giraldillo al Momento Mágico.

Moreno, y también sus compañeros de viaje en esa empresa, representaban a una generación dispuesta a tantear otros caminos, capaz de titular un montaje con un juego de palabras en inglés o de partir de la tradición sin marcarse ningún límite. La nueva propuesta, por tanto, debía ser un paso más en la trayectoria de la bailaora, que encontró la clave para continuar con su búsqueda de una manera "natural, sin forzar nada. Decidí pararme en ese palo que habían aplaudido tanto", dice sobre o../o../.o/o./o. (soleá), la obra con la que se reencuentra con el público sevillano este domingo a las 22:00 en el Teatro Central –con las entradas agotadas– y en la que vuelve a apostar por un título que se sale de la norma.

"Empecé haciendo un work in progress que ahora se lleva tanto, sin una pretensión concreta", explica Moreno sobre los orígenes del espectáculo, "y me junté con artistas dispares que me inspiran, para ver cómo enfocaba con ellos la soleá". La intérprete reclutó de nuevo a Rafael R. Villalobos y a Palomo Spain, "porque me gusta colaborar con gente de otras disciplinas", y ha formado un grupo tan afín –el contrabajista Pablo Martín Caminero en la dirección musical; Eduardo Trassierra, a la guitarra; Raúl Cantizano, que toca la zanfoña y se encarga del espacio sonoro; Ángeles Toledano en el cante, y Manu Masaedo en la percusión– que "no tengo músicos, tengo una pandilla". Los creadores de la obra hablan de "la superposición de universos sonoros paralelos", de un big bang en el que las partículas elementales de los implicados van dando forma a una única soleá, explorando "todos los colores" que tiene este palo. Una alianza por la que Moreno lleva "año y medio" poniéndose "en posiciones nuevas para mí, lo que me gusta porque me hace crecer", una larga "investigación" en la que la coreógrafa descubrió "que la soleá está muy vinculada a la mujer, a algunas artistas que me han inspirado".

Villalobos, uno de los directores más solicitados en la ópera actual, se adentra otra vez en el flamenco "con toda la humildad", fascinado con la audacia de Moreno. "Esta gaditana parece menuda, pero es enorme. Hay que ser muy valiente para hacer un espectáculo con una única soleá", afirma sobre este proyecto "coral" donde se analizan conceptos como "la dictadura del ritmo, la libertad tonal y el cromatismo", pero donde se elude la solemnidad y se busca el goce. Porque para María Moreno "la soleá es como el buen jamón, un plato que siempre apetece".

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