Bicentenario

La espada de Argüelles

  • El Supremo Consejo de los masones escoge Cádiz para un encuentro en el que revisan el papel de las logias en la inspiración de la Constitución del Doce

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¿Fue la Constitución de Cádiz masona? La literatura antimasónica del siglo XIX así lo dice. Por eso, con desprecio, la llamaban La Pepa. El Supremo Consejo Masónico de España escogió ayer un salón de la entreplanta del hotel Barceló de Cádiz, en la víspera de la celebración del Bicentenario, para revisar el papel de sus ancestros en este hecho. Y su veredicto fue: no tanto.

Situemos a los masones. Enrique Tierno Pérez-Relaño, hijo de Enrique Tierno Galván, que inició ayer su intervención en el Supremo Consejo leyendo el prólogo de la Constitución del 78, escrito por su padre y que él calificó como un texto "protomasónico, al menos", dató la primera logia española en los años 20 del siglo XVIII. Durante tres siglos los masones fueron lo que hoy llamaríamos un lobby, es decir, un grupo de influencia.

Y los masones se alinearon con la Ilustración. En la primera ponencia, un mano a mano del catedrático de Historia de la Educación de la Universidad de Comillas, Pedro Álvarez, y el soberano gran comendador del Consejo Supremo Masónico, el catedrático Joan Francesc Pont Clemente, se había situado el pensamiento masónico de la época. Este era cambiar, reformar, mejorar. Los diez millones de españoles de finales del XIX vivían en un estado "desastroso", como lo calificó Tierno, que puso como ejemplo el motín de Esquilache, instrumentalizado por los que querían que nada cambiara, pero que en su origen era "un motín de hambre, como tantos hubo".

Así se explica el estado de cosas, guerra aparte, en el que muchos años después llegan a Cádiz los delegados de unas juntas formadas por las clases acomodadas de las pocas ciudades grandes que hay en el territorio. Pero los masones no están. Los hay, pero no muchos. Santiago Castellá, profesor de la Universidad Rovira i Virgili, los reivindica: "Lo mejor de la Constitución de Cádiz es lo que tiene de la carta otorgada de Bayona". Porque es allí donde están los masones, que ven en Francia la posibilidad de avance de un país esclerótico, en manos de una monarquía enfrascada en las luchas intestinas de "Carlos, que no se enteraba; Fernandito, un conspirador; y Godoy, que sólo miraba por sus intereses", como los definió Tierno.

Bayona, siendo una carta otorgada, está emparentada con Cádiz. Adelantó la libertad de imprenta y la supresión del tormento. "En Cádiz -indica Castellá- se perdía tiempo en lo peregrino, se discutía si España era el pueblo elegido por Dios..." Y los masones, la mayor parte afrancesados, estaban en el otro bando de esta guerra civil. Pedro Álvarez reúne a masones y liberales en las logias del sur de Francia años después, cuando ambos exiliados, los unos por afrancesados y los otros por "el felón" Fernando VII, hallan caminos que concluirán en un constitucionalismo mucho más cercano a lo que entendemos por un estado moderno, "como los textos de 1869 y 1931".

No quiere decir que no hubiera masones en el Cádiz de las Cortes. Agustín Argüelles, el doceañista más célebre, lo era, y ayer, en el Consejo Supremo, uno de los asistentes desveló que está localizada su espada, un símbolo de gran potencia de un miembro de una logia. Está en manos de un anticuario y los masones quisieron recuperarla. Pero la espada cuesta 30.000 euros y, aunque nadie lo dijo, se percibió que las arcas masónicas no están, en tiempos de crisis, para gastarse un dineral en fetiches.

03153017

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